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Año del diálogo y la reconciliación nacional
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CRISIS SUPERA LOS 100 DÍAS ENTREVISTA. JUAN VELIT GRANDA

Nicaragua bajo riesgo de guerra civil

El gobierno de Daniel Ortega ha decidido apelar a todas las fuerzas militares y paramilitares para someter a la creciente oposición para imponer su poder en Nicaragua. Al ignorar los llamados de la Iglesia y la comunidad internacional, el país podría ingresar en una etapa de violencia sin retorno.

Es necesario admitirlo, la revolución nicaragüense sedujo a los jóvenes de fines de la década de 1970 e inicios de 1980. La lucha contra la dictadura de la familia Somoza, que contaba con el apoyo de Estados Unidos, fue el tema que dividió la política de América Latina.

1/8/2018


Fabian Vallas

fvallas@editoraperu.com.pe

Mientras que las dictaduras de países como Argentina, Uruguay y Chile apoyaban a cualquier tipo de gobierno, incluso una dictadura, con tal que combatiera a la izquierda legal o armada, la mayor parte de la región sintió el deber moral de apoyar al pueblo sandinista que luchaba contra una Guardia Nacional armada por Estados Unidos.

Inclusive, la Iglesia católica, influenciada por la Teología de la Liberación, respaldó en forma indirecta la lucha contra la dictadura somocista. La mayor parte de los sandinistas luchaban por un régimen democrático, división de poderes, libertades civiles y políticas, aunque otro grupo tenía en mente convertir Nicaragua en una réplica de Cuba.

Otra dictadura

Lamentablemente, Daniel Ortega, ese héroe de la lucha contra la dictadura somocista se inclinó por consolidar un gobierno autoritario en las dos oportunidades que ocupó el palacio de gobierno. Es cierto que en el primer período (1979-1990), el régimen sandinista tuvo que vivir bajo emergencia nacional debido a las constantes amenazas del presidente Roland Reagan, quien buscaba derrocarlo o, al menos, que el sandinismo no se convirtiera en un modelo exitoso para la región.

Al volver al poder en el 2007, y ahora, sin la presión de EE. UU., Ortega se dedicó a “entornillarse” en el cargo, a concentrar la mayor cantidad de poder en sus manos junto con su esposa Rosario Murillo, quien es hoy vicepresidenta de la República.

Ortega se ha mantenido en el poder usando las mismas armas políticas de las dictaduras: una alianza con el sector empresarial que se benefició de las obras públicas, el dominio del aparato electoral, la politización de las fuerzas armadas, la división de la oposición y el apoyo económico de Venezuela. Se estima que recibió del gobierno chavista 4,800 millones de dólares que se manejaron sin ninguna fiscalización pública, además del apoyo de los organismos multilaterales internacionales.

El mecanismo de consolidación de su poder comenzó con el dominio del Congreso al obtener 62 de las 93 curules de diputados y formar alianza con grupos menores. El dominio parlamentario lo consiguió en gran medida por la incapacidad de la oposición para unirse.

El dominio parlamentario le permitió nombrar al polémico Roberto Rivas al Consejo Supremo Electoral (CSE). Rivas tenía acusaciones de manipulación de comicios. En una de sus polémicas decisiones, el CSE y el Poder Judicial no permitieron la inscripción del Partido Liberal Independiente, el principal bloque opositor y, de esta manera, el FSLN solo competía con los grupos políticos menores.

Además, el Congreso dominado por el sandinismo alargó la vida institucional de los militares de 30 a 35 años para construir lealtades indiscutibles en los altos mandos. Muchos ellos acusados de corrupción.

Sin salida

Lamentablemente, Ortega, para mantenerse en el poder, no dudó en cometer actos contra los derechos humanos por parte de sus grupos paramilitares para enfrentar a la creciente oposición que estalló hace algo más de 100 días.

Si los obispos y la oposición son descalificados como interlocutores por ser “financiados por Estados Unidos”, entonces, ¿Quién podrá encarar la crisis? Es hora que la OEA intervenga en forma decisiva.

Los diversos grupos de Derechos Humanos aseguran que en estos últimos años, la concentración de poder en la cúpula que rodea a Ortega caminó con el mismo sentido.

Juan Velit: “Ortega odió tanto a Somoza que terminó pareciéndose a él”

Debido a que la misma Iglesia ha sido incapaz de establecer un diálogo, ¿la OEA es el camino para resolver la crisis?

–La solicitud de la Iglesia ha sido desoída, institución que fue aliada para luchar contra Somoza. Pero también no ha hecho caso a la OEA. No tiene ningún sustento decir que el pedido de convocar a elecciones justas y transparentes llevaría caos al país.

–¿Qué más puede hacer la comunidad internacional? ¿No se parece al caso de Venezuela?

–Desgraciadamente, el caso de Nicaragua se parece a la situación de Venezuela, país que ha ignorado los pedidos de la OEA. Pero lo más lamentable es que parece que Estados Unidos está consultando sobre la posibilidad de una intervención militar. Esto sería también inadmisible. América Latina debe rechazar esta posibilidad. Washington no es la policía del mundo. Ellos deben buscar por sus propios medios una salida democrática.

–Usted que ha estado tan cerca en la lucha para derrocar a la dictadura de Somoza, ¿valió la pena la revolución sandinista?

–Creo que sí porque era necesario derribar a la dictadura para levantar un gobierno democrático, no para este sistema instalado. Aquellos que colocamos un grano de arena en construir esta alternativa, nos queda una sensación de frustración porque los 45,000 muertos, entonces murieron en vano.

–¿Cree que Daniel Ortega se alejó del sandinismo originario?

–Creo que Ortega se alejó de la esencia del sandinismo y que se alejó de un verdadero espíritu revolucionario para terminar un gobierno dictatorial. El mandatario nicaragüense odió tanto a Somoza, que terminó pareciéndose a él.

295

muertos ocasiona al menos la ola de protestas de la oposición en nicaragua.