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Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
MIÉRCOLES 16

de octubre de 2019

HISTORIA AEROESPACIAL

Noticias desde la Luna

Se conmemoran los 50 años de la llegada del hombre a la Luna. el módulo lunar del Apolo XI alunizó y el comandante Neil Amstrong dio el primer paso del hombre en la Luna. El resto es historia.

14/7/2019


La foto, por entonces, se llamaba radiofoto, y mas parecía una ecografía 2D. Esa mancha informe urgía de un pie de página para que el lector supiera que ora la cápsula del Apolo XI dejaba el cohete Saturno 5, ora el hombre pisaba suelo lunar, ora el Homo sapiens completaba airoso “el viaje más grande de la Humanidad”. 

El miércoles 16 de julio de 1969, el mundo se detuvo. No importó la invasión de tropas salvadoreñas sobre territorio hondureño. Y el papa Paulo VI, desde el palacio de Castel Gandolfo, en Italia, decía que este viaje al satélite natural terráqueo obligaba al hombre a contemplar “la inmensa y enorme realidad de la creación divina”.

Un millón de peruanos se estrenaron en la actividad hoy cotidiana de vivir un evento “en directo”, gracias a la televisión (otros cinco millones seguirían atentos los hechos de ese día, a través de la radio). Nacían, realmente, los hechos “mundiales”. La “caja boba”, aunque en blanco y negro, penetró en los hogares para transformarnos la vida. El Homo videns (dixit Giovanni Sartori) daba su primer berrido.



Estreno de televidentes

Se dijo que 1,200 millones de personas alrededor del mundo (después se aclararía que llegaron a 500 millones) fueron testigos de la hazaña transmitida vía satélite, en directo, a las 8:32 minutos del miércoles 16 de julio (hora local).

Paradojas de los contextos históricos-sociales, en el caso de América Latina solo los habitantes –con televisor– del Perú y Venezuela vieron en directo el despegue del Saturno 5 desde la torre 39-A de Cabo Cañaveral (Florida, EE. UU.). Los mexicanos lo hicieron vía microondas. Y el resto de los habitantes del sur del río Grande se jalaron de los pelos, solo vieron despegues previos de cohetes, maquillados por narraciones ingeniosas.

Aduciendo “medidas de seguridad”, los estadounidenses, por medio de Comsat y la NASA, prefirieron transmitir el evento a Canadá, Estados Unidos y Europa. Sobre la marcha, decidieron no transmitir el evento mediante el satélite Intersat 11 sino por el ATS 1, lo que generó una crisis en la mayoría de televisoras del hemisferio sur.



Dos días antes del evento, el lunes 14 de julio, los japoneses habían puesto operativa en Lurín la estación terrena de comunicación vía satélite (Intersat), coronada por una gran antena parabólica.

Los días previos al viaje de Amstrong, Aldrin y Collins a la Luna, el Perú vivía los primeros meses del gobierno militar del general Juan Velasco Alvarado. Por las calles de Lima, el cotilleo era el inminente viaje de los astronautas gringos a la superficie lunar y las tiendas vendían televisores como pan caliente. A la plebe no le importaba que el ministro de Economía, Francisco Morales-Bermúdez, urgiera de hacer una gira por Inglaterra, Japón, Francia, Italia y España para solicitarles un refinanciamiento de las deudas del Perú.



El día sin noche

Todos esperaban el miércoles 16, como hoy aguardamos los viernes. Fue un día atípico ese miércoles 16: los bares, las casas comerciales y todo aquel lugar en Lima con “un receptor de TV” abrió las puertas a las 7 de la mañana –los bares, templos de las esperas prolongadas, en realidad, no habían cerrado sus puertas–. Las radios eran prolijas en pormenores interestelares. Algunas estaciones, como La Crónica, habían firmado contratos con medios en Florida. A ese centro de operaciones de la NASA habían llegado 4,000 hombres de prensa, entre ellos 700 periodistas extranjeros, amén de embajadores y ministros de ciencia del planeta. Orgulloso, el ingeniero alemán Werhner von Braun, creador de los cohetes estadounidenses, observaba el evento desde un zona VIP.

El hombre salió rumbo a la Luna el miércoles 16 y llegaría a destino sin gravedad 4 días después, el 20. Los periódicos multiplicaron sus ediciones. A la gente solo le interesaba lo que sucedía en el espacio, una aventura en la que Estados Unidos había invertido la astronómica cifra de 12,000 millones de dólares.

Los diarios recordaron que el comandante del Apolo XI y encargado de dar el primer paso del hombre en suelo lunar, Neil Amstrong, había visitado Lima solo dos años y medio antes del sensual año 69. Cuando nos visitó, en medio de la “gira de buena voluntad”, junto con el cosmonauta R. Gordon. Ahí, frente al pelotón de periodistas peruanos les juró por la santísima que “antes de 1970, Estados Unidos colocará un hombre en la Luna. Llegaremos antes que los soviéticos. De esto no cabe la menor duda”. La Guerra Fría entre Estados Unidos y la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) tenía a la conquista del espacio como campo de batalla.



El 20 de julio, vía satélite, Neil Amstrong, con voz de ambulante con megáfono, pronuncia la primera frase que escucharían en simultáneo millones de personas: “Es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad”. 

José Vadillo Vila