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Cuando las personas con alguna discapacidad física o intelectual eran consideradas, en el Perú, enfermos irrecuperables, cuyo destino era ser mantenidos de por vida por sus familiares o dedicarse a la mendicidad callejera, se abrió en Lima el Instituto Nacional de Rehabilitación (INR), a cargo de una joven doctora cuyo objetivo era tratarlos como lo que eran: personas comunes y corrientes con deseos de superar sus minusvalías, incorporarse a la vida diaria y ganar su sustento.

24/6/2018


Celinda Barreto

Periodista

Eso ocurría por 1962 y la doctora era Adriana Rebaza Flores, cuya labor en el campo de la rehabilitación ha sido tan fecunda y tan reconocida que el nuevo local de esa institución ahora lleva su nombre y trabaja para mejorar la vida de peruanos que padecen de alguna discapacidad física, mental o sensorial en el Perú y que, según recientes estadísticas, son más de 2.4 millones de personas. Y es que la gran mayoría de médicos especialistas, enfermeras o terapistas que prestan servicios en clínicas, hospitales o centros de salud se han formado con las enseñanzas de especialistas que trabajaron en el INR o que siguen sus lineamientos.

Rehabilitación quiere decir recuperación progresiva de la actividad de una persona después de una enfermedad, accidente o herida. Y aunque en el INR gran cantidad de los casos que se atienden son de personas que han nacido con deficiencias física o intelectuales, el objetivo es el mismo: lograr que cientos de miles de personas con algún tipo de minusvalía encuentren su lugar en el mundo.

El INR no es solo un lugar de tratamiento médico porque quienes acuden a esa institución también necesitan insertarse en el ambiente que los rodea, tener horas de esparcimiento, practicar deportes de acuerdo con sus posibilidades. Y en eso también puso énfasis la doctora Rebaza, organizando campeonatos de basquetbol, lucha libre y tenis de mesa para los pacientes de la institución.

Lo más importante para ser productivos, ganarse la vida y ser independientes es valerse por sí mismos y contar con las prótesis adecuadas, cuyo costo comercial es casi siempre inaccesible para un gran número de personas. Por eso, desde sus inicios, en el INR funciona el Departamento de Biomecánica, en el que, luego de previa preparación, trabajan muchas personas que son o han sido pacientes de la institución, para confeccionar prótesis de miembros superiores e inferiores, además de collarines, corsés, soportes metálicos y calzado ortopédico. Eso genera ingresos para la institución y ofrece la certeza de que cada paciente tiene el elemento adecuado para su rehabilitación e inserción en el mundo exterior.

Personas como la doctora Rebaza se cuentan por miles en el Perú y por eso sería justo recordarlos con frecuencia, para levantar nuestra estima, para tomarlos como ejemplo y para pensar, con esperanza, en nuestro futuro como país.