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Oswaldo Guayasamín: El artista del pueblo

Hoy se conmemoran 20 años de la desaparición del pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín, ícono de América Latina.

10/3/2019


“Desde hace muchos años pienso en la unidad de América Latina; debemos borrar fronteras, olvidarnos de estos signos caducos de banderas, de himnos, y crear un solo país uno que tenga grandes privilegios: con más de diez mil años de cultura, un solo idioma y con fronteras jóvenes... ¿Por qué no unirnos y hacer un país desde México hasta la Patagonia?”, Lima 1997.

Palabras que describen a Oswaldo Guayasamín, el pintor del pueblo, de la unión latinoamericana, de la paz.

Pablo Guayasamín, hijo mayor del famoso pintor ecuatoriano, manifestó hace unos años que el sueño de su padre fue una América Latina unida.

Tras su fallecimiento, el 10 de marzo de 1999, hace 20 años exactamente, ese sueño está más lejano, pues nadie como él para clamarla y desearla.

“Mi pintura es para herir, para arañar y golpear en el corazón de la gente. Para mostrar lo que el hombre hace en contra del hombre”.

Nacido en Ecuador el 6 de julio de 1916, Guayasamín se convirtió en un ícono de América Latina con sus obras, que expresaban la voz de los desposeídos, el sufrimiento y la opresión de su pueblo, así como ternura, como las pinturas dedicadas a su madre.

Guayasamín viaja por América del Sur, visita Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay, Brasil y como resultado pinta la serie Huacayñán (palabra quechua que significa “Camino del llanto”), compuesta de 103 cuadros realizados de 1946 a 1952.

Es una visión de los pueblos mestizos, indios y negros, con sus culturas y expresiones de alegría, tristeza, tradición, identidad, religión, sobre todo de los países andinos.

Amigo del Perú

“Toda mi pintura, que está dentro del campo expresionista, nace no de la tradición europea, sino de Sechín, ese pueblo del norte peruano que visité hacia 1944 o 1945, cuando vine por primera vez al Perú, y que alberga siglos de historia y cultura. Allí trabajé en una cantera”, contó el artista cuando visitó nuestro país en 1997 para presentar su exposición De la ira a la ternura en el Museo de la Nación.

Esta puesta se trataba de una retrospectiva del pintor que abarcaba distintas etapas en su proceso creativo, con más de 150 cuadros, entre ellos algunos de sus colecciones privadas.

Víctor Delfín, amigo entrañable de Guayasamín, se refirió alguna vez a la ciudadanía implícita que su amigo llevaba consigo. “Cuando iba a visitarlo a Quito, siempre ponía un disco de música andina peruana, y cuando solicité su ayuda para varios proyectos de exhibición en favor de una buena causa, nunca dudó en dármela”, narró.

El pintor ecuatoriano había confesado que pintaba escuchando al cantante vernáculo peruano Manuel ‘Pichincucha’ Silva.

Sus cenizas descansan, dentro de una vasija de barro, bajo el ‘Árbol de la vida’, un pino plantado por el mismo Guayasamín.