Tipo de cambio:

Compra: 3.590

Venta: 3.592


Año de la Universalización de la Salud
DOMINGO 27

de setiembre de 2020

HISTORIAS DE MUJERES EN LA NAVAL

Pasión para servir

Para la capitana de corbeta y oncóloga Giannilú Sotomayor, cada vez que un paciente vence al covid-19 significa un triunfo para todo el equipo de la sanidad naval. La joven Greta Ruiz, de Ica, se ha convertido en la primera mujer que asume el puesto de cadete comandante en la Escuela Naval del Perú

30/8/2020


José Vadillo Vila

jvadillo@editoraperu.com.pe

UNO

Desde el día que empezó la emergencia sanitaria nacional por el coronavirus (16 de marzo), la oncóloga y capitana de corbeta Giannilú Sotomayor Woolcott solo se comunica con sus padres por videollamadas, en los ratos libres que le dejan sus labores en la primera línea versus el covid.

Sotomayor, considerada una de las mejores médicos de la Marina de Guerra del Perú (MGP), vive desde entonces en el Centro Médico Naval. Lo hace tanto por salvaguardar la salud de sus padres, quienes son bastante mayores, como por su vocación de servicio.

“Hay tanta necesidad de apoyo en el hospital y todo es un trabajo en equipo”, explica la médico, quien asume tanto labores asistenciales como administrativas. Me advierte que no es la única. La teniente primero tiene compañeras que son casadas e hijos, y todas han sacrificado su vida familiar para atender a los pacientes.



El Centro Médico Naval del Callao se ha convertido en su casa, y su casa, en un lugar de visita. La doctora Sotomayor tiene a su cargo a pacientes oncológicos, los más vulnerables ante el covid-19. Se ha optado por que ellos solo vayan al nosocomio a recibir el tratamiento que se puede manejar por emergencias.

“Todo el personal médico, indiferentemente de las especialidades, cirujanos, cardiólogos, oftalmólogos, pediatras, ginecólogos, oncólogos, estamos trabajando a diario atendiendo a pacientes covid”. Desde marzo, el flujo para la labor asistencial se ha multiplicado.

En el primer frente se vela tanto por los pacientes covid confirmados como por aquellos que están a la espera de resultados para descartar la presencia del virus y los hospitalizados. A todos se les debe de dar atención médica, paliarles los síntomas, apoyarlos e informar diariamente su evolución a los familiares.



***

Hace una década que la oncóloga viste el uniforme de la Marina. “Es gratificante, uno logra metas porque tiene gente que la ayuda a desarrollarse en su trabajo. El producto final es por el gran trabajo en equipo que hacemos en la sanidad naval”.

¿Qué ha significado la pandemia, acaso un reto mayor? La oncóloga considera que, para los oficiales de la sanidad naval, el coronavirus ha permitido ver nuestras debilidades y fortalezas. “No es solo un tema profesional, sino también debes desarrollar un grupo humano adecuado. Hemos priorizado eso. Ahora todos hemos formado una familia, y eso nos ha permitido tener buenos resultados con los pacientes”.

A los integrantes de la sanidad naval hoy les toca vestir el equipo de protección personal (EPP) para enfrentar al covid-19. Con traje camuflado laboran en el Vraem, donde en carpas de triaje hacen el descarte de la enfermedad entre el personal que trabaja en aquella zona difícil del país. “La gente tiene temor de ir al hospital. No nos creemos Dios, pero cuando sale un paciente adelante y deja atrás el coronavirus es un gran logro para nosotros”.



Sotomayor estudió Medicina en la Universidad de San Martín de Porres e hizo el posgrado en San Marcos. Le tocó hacer el Servicio Rural y Urbano Marginal (Serums) en la Fuerza Aérea, y cuando se enteró de la convocatoria para médicos de su especialidad no dudó en postular a la MGP.

¿Qué le permite a un profesional asimilarse a la Marina? La doctora Giannilú considera que mientras la universidad da a un profesional los lineamientos de la parte funcional, la vida militar le otorga una disciplina a rajatabla.

“Yo me asimilé por un deseo de superación profesionalmente. Aparte, me sentí identificada con los valores representados por el Almirante Miguel Grau. En la Marina están presentes la disciplina, la solidaridad, la identificación con la realidad nacional. Todo ello permite que te desarrolles como profesional para trabajar por la patria. Se trata de una vocación de servicio”, explica.



***

Su labor en la MGP le ha permitido recorrer todo el país participando en diversas jornadas. También, debido a su alto perfil profesional, fue uno de los dos marineros peruanos que a bordo del USNS Mercy, de la Marina de Estados Unidos, realizó servicios médicos, dentro y fuera de la embarcación, en Vietnam y Camboya, como parte de una labor humanitaria.

“He tenido la oportunidad de dar entrevistas y conferencias a jóvenes profesionales para incentivarlos a que se asimilen. Les digo que es un estilo de vida que uno tiene que vivir para poder disfrutarlo. Además, es una gran oportunidad que permite a un profesional conocer un poco más de lo que es una institución armada. A un profesional, la Marina le permite desarrollarse en su especialidad. Puedes abrir tus alas, no hay limitaciones. Y entre hombres y mujeres tenemos las mismas oportunidades. No he sufrido discriminación; por el contrario, hay mucha empatía”, dice la doctora Sotomayor, quien en diversos cursos con otros oficiales asimilados de las Fuerzas Armadas ha quedado primera, sin distingo de sexo o antigüedad, subraya.

DOS

Con solo 21 años, la iqueña Greta Ruiz Laos ha pasado a la historia naval: debido a su alto rendimiento durante los años de estudio, la Dirección de la Escuela Naval del Perú la ha nombrado cadete comandante del Batallón Angamos. Es la primera mujer distinguida con ese cargo desde que hace 22 años las mujeres pueden postular a dicha institución.

“Me siento orgullosa por lo que he logrado hasta ahora. Pero el cargo significa también mucha responsabilidad. No es fácil. Hay mucho trabajo, constancia y esfuerzo”, dice la cadete comandante, quien cursa el último ciclo de su promoción, del cual forman parte 25 mujeres aspirantes a vestir el uniforme naval.

La cadete comandante es la primer puesto de la promoción. Ha ido escalando posiciones en la lista de los mejores alumnos a base de esfuerzo. En el promedio del año pasado ocupó el primer lugar de su promoción, y en el acumulado de los cuatro años, el segundo.

Desde que hace unas semanas la distinguieron con el cargo, se ha compartido la noticia en medios de comunicación y las redes sociales. Sobre todo en Ica, la ciudad donde nació. Allá, en la tierra de las buenas uvas, los periodistas la han llamado “orgullo iqueño”. Incluso la directora del colegio donde estudió la entrevistó por teleconferencia para que las escolares la tomen como ejemplo.

Greta Ruiz Laos no viene de una familia militar. Es más, sus cuatro hermanos son médicos, ingenieros y abogados (uno de ellos, que falleció, era veterinario).

Cuando ya estudiaba en la Escuela Naval del Perú, se enteró de que su papá había postulado a la MGP, pero no alcanzó vacante. Recuerda Greta que cuando estaba en tercero de secundaria fue su padre quien la llevó a una expouniversitaria en el Jockey Club.

***

A Greta le gustaban mucho los números y buscaba universidades que brindaran carreras de ingeniería. Su papá fue el de la iniciativa de acercarse al estand de la Marina a preguntar. Sabía que su hija, además de amante de las matemáticas, era muy buena en los deportes: practicaba natación, tenis, básquet, vóley y ciclismo. Los oficiales a cargo le explicaron los diversos puntos donde le permitirían desarrollarse si es que abrazaba la carrera militar. Así, cuando terminó el quinto de secundaria, no lo dudó: se preparó y postuló a la naval. A la primera, ingresó.

Cuando se inició la pandemia, en marzo, a la cadete y a todos los de su año les tocó trabajar en la parte administrativa de la Escuela Naval mientras los alumnos de los otros años se unían a los cuerpos de patrullaje de la MGP. Los de cuarto debían verificar la comida, el cuadro de las guardias, hasta que retornaron a lo académico ahora con clases virtuales, y corriendo contra el tiempo con trabajos y exámenes. Desde el inicio de la cuarentena, Greta ha vivido en la Escuela Naval, en el distrito chalaco de La Punta. Hace un mes, su papá la visitó, la ayudó en algunos trámites y regresó a Ica. Ahora, cuando se gradúe, Greta piensa especializarse en la rama de aviación naval.