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EDITORIAL

Perú, país de propietarios

La legalización del predio ayudará al propietario a insertarse en el terreno de la formalidad, que trae beneficios sociales y económicos; además, le permitirá convertirse en elegible para las políticas públicas.

8/8/2019


El presidente Martín Vizcarra anunció la entrega de un millón de títulos de propiedad durante los próximos cinco años en una ceremonia en la que se  adjudicó este importante documento legal a 4,640 nuevos propietarios de predios en la región Ayacucho.

El Mandatario destacó que el Estado entregará 2,000 títulos al año en los lugares más lejanos del país para convertir al Perú en “un país de propietarios” con el trabajo articulado del Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento y del Organismo de Formalización de la Propiedad Informal (Cofopri).

El Perú tiene un enorme déficit en la formalización de las propiedades, tanto en los sectores urbanos como en los rurales. Uno de sus graves problemas para enfrentar esta carencia en las ciudades es el histórico centralismo que sufre nuestro país y, en forma especial, Lima.

La migración del campo a la ciudad es uno de los fenómenos sociales más trascendentales en nuestra república, pero la movilización interna de la población se hizo en forma desordenada y sin mayor planificación. Debido al incipiente proceso de industrialización, la llegada de migrantes a la capital se intensificó en la década de 1950 y también en la de 1970. A partir de 1980, la violencia política obligó a cientos de miles de peruanos a instalarse en Lima.

Todos estos fenómenos sociales, incluido el crecimiento de la población, originaron el “desborde popular”, como lo llamó José Matos Mar. Las invasiones ilegales en terrenos del Estado y las adquisiciones informales dieron paso a la construcción de precarias viviendas, no solo alrededor de Lima, sino también en diferentes urbes del país. En sectores rurales, por la falta de la cobertura estatal, este problema es tan serio como en las ciudades.

La situación de marginalidad de la propiedad es dañina tanto para el mismo poseedor como para el Estado. Como indica el presidente Vizcarra: “Un título de propiedad es mucho más que un documento, representa la seguridad jurídica, es la confirmación de parte del Estado del terreno, de la propiedad que ya está asegurada y verificada”. De esta manera, el dueño se libra de presiones de los traficantes de tierras o lotes que pululan en condiciones de informalidad.

El que posee una propiedad legal puede acercarse a una entidad financiera, con el fin de obtener un crédito para motivos particulares. También estimula otros negocios al generar nuevas inversiones en mejoras de acabados, mueblería, etcétera. De la misma forma, trae mayor tranquilidad al acabar los conflictos entre los lotes de los pobladores y, en la familia, al regularizar la situación de herencia.

El Estado podrá planificar asimismo los servicios básicos, como agua, luz y desagüe, y los programas sociales sobre viviendas o terrenos rurales ya reconocidos.

La legalización del predio ayudará al propietario a insertarse en el terreno de la formalidad, que trae beneficios sociales y económicos; además, le permitirá convertirse en elegible para las políticas públicas del Estado peruano.