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LUNES 30

de marzo de 2020

IMÁGENES EN EL TIEMPO

Pinceladas victorianas

La “rica Vicky”, el distrito de La Victoria, se calza en su primer centenario. Fue el primer barrio popular e industrial que tuvo la ciudad.

16/2/2020


Para algunos, Manco Cápac señala el porvenir desde el cuadrado formado por las avenidas 28 de Julio, Bausate y Meza, Iquitos y la avenida epónima, amén de la bendición de la iglesia Nuestra Señora de las Victorias. Su índice derecho apunta al cerro San Cristóbal, hacia la otra orilla del río Rímac. Así lo pensó la colonia japonesa cuando en el centenario de la independencia obsequió al país el monumento. 

En un primer momento (1926-1933), el famoso monumento de granito no ocupó el espacio que todos conocemos, sino el cruce de las nacientes avenidas Grau y Abancay, espacio limítrofe antes ocupado por las viejas murallas de Lima.



Y Manco Cápac llega en 1933 a la entonces plaza Leguía (en honor al presidente de la República que dio el soplo de vida como distrito a este barrio, el 2 de febrero de 1920, separándolo del entonces enorme distrito de Miraflores) y se rebautiza como la plaza con nombre del primer inca.

De huacas y haciendas

La Victoria, como las demás zonas de la ciudad, tiene una herencia precolombina, que hasta hoy se puede rastrear en las huacas de Balconcillo y Santa Catalina, que eran parte de este gran centro ceremonial llamado Limatambo.

Luego, durante el virreinato, se convertiría en zona agrícola por antonomasia de la capital –no olvidemos que estamos en la zona central del valle del Rímac–.

Un canal hídrico importante para alimentar estas tierras cultivables fue el canal de Huatica, un brazo de agua que salía del río Rímac y que entre los años veinte y cuarenta del siglo XX alcanzaría fama entre los varones. En el actual jirón Renovación, las prostitutas nacionales y extranjeras levantarían sus lenocinios. Sí, Lima tuvo su barrio rojo.



Cuando a la ciudad la contenían las murallas virreinales, la futura La Victoria se ubicaba en los extramuros. Surgirían en el período colonial diversas haciendas como la de Juan Cabezas, que luego daría pie a la hacienda de La Victoria, en honor a su propietaria, Victoria Tristán de Echenique, en la primera mitad del XIX. He ahí el origen del nombre y la jurisdicción (la casa-hacienda se ubicaba en las inmediaciones de lo que hoy es la plaza Manco Cápac). El hecho más emblemático en dicha hacienda se dio alrededor de 1851, con una gran fiesta de la alta sociedad limeña, sobre la que, por muchos años, el cotilleo limeño seguiría hablando mucho.



Obrera y grone

Desde inicios del siglo pasado, La Victoria se identificó como hogar de la creciente clase obrera limeña y los artesanos. Tuvo un proyecto de casas-tiendas, de la época de Henry Meiggs, en el siglo XIX, que concretó dos docenas de estas viviendas; y fue la primera zona industrial impulsada de la ciudad (aquí se inicia también su historia textil y de industria alimentaria). Por ello también, no resulta extraño que se haya fundado en sus linderos el politécnico José Pardo, dedicado a la formación de mano de obra.

Su máxima expresión arquitectónica para la vivienda del proletario aún permanece incólume, aunque pintarrajeado: la Unidad Vecinal de Matute, construida en los años cincuenta. Y aquí se forjó el nosocomio para esta clase socioeconómica: el hospital Obrero de Lima (hoy, Guillermo Almenara).

La otra identificación de La Victoria fue como “el barrio de los negros o morenos”, donde cuentan los cronistas se practicaba hasta el siglo XX la danza “el son de los diablos”. Aquí, el club Alianza Lima se convertiría en la camiseta identificada por las clases populares, y Alejandro ‘Manguera’ Villanueva trasmutaría en ídolo de multitudes.

Un pelotazo nos permite hablar del Mundialito de El Porvenir, que cumplirá 70 años de vigencia: fútbol callejero, peloteo de recios, cita inapelable del balompié más rudo y es victoriano.

Tierra de migrantes

Antes del boom textil que encabezarían inmigrantes extranjeros y andinos, el primer corazón de La Victoria fue, por antonomasia, el mercado mayorista de La Parada, a donde llegaban los comerciantes de los productos que calmarían las necesidades proteicas y calóricas de los limeños. Y los cerros colindantes empezaron a llenarse de miles de migrantes llegados en camiones vía la Carretera Central.

Fue así que el 24 de setiembre de 1946 se fundó el primer asentamiento humano forjado en el Perú (y algunos dicen que en el mundo): el AA. HH. del cerro San Cosme. La lucha, cuenta la historia, fue campal y terrible entre la policía y los invasores –encabezados por dirigentes como ‘Poncho Negro’– que reclamaban como suyas las laderas y faldas de los entonces cerros pelados (hoy son más de 20,000 vecinos).



Y, como decimos, en este mismo espacio se desarrollaría la industria textil que daría pie al actual emporio de Gamarra.

Artes victorianas

Hay diferentes “ricas Vickys” que conviven y no siempre en armonía. Porque La Victoria también ha tenido su pintor –inmigrante para más señas-, el puneño Víctor Humareda, quien instalado en el hotel Lima (hoy una galería) dio con su pincel los colores que el cielo color panza de burro negaba a la ciudad con Marilyns, arlequines, putas y edificios.

La Victoria también creó su propia música: heredera del mejor criollismo (aquí nació Valentina Barrionuevo, reina y señora de la peña La Valentina, promotora de las tradiciones culturales limeñas), no se satisfizo y el siglo pasado su población de inmigrantes creó su propio sonido urbano-marginal: la chicha, en las faldas de sus cerros ya transformados por la mano del migrante en espacios de convivencia y mixtura. Aquí se forjaría la fama de Lorenzo Palacios, Chacalón.

Historia sabrosa la de este distrito, que se ha opacado por las sucesivas malas administraciones, que lo llevaron a ser estigmatizado por problemas cíclicos como la basura, la violencia, la inseguridad. Los sociólogos sostienen que estos problemas nacen de la tugurización de los barrios victorianos, a lo que se sumó la corrupción de distintas gestiones ediles. El reto de sus vecinos es vivir con su herencia y construir un barrio mejor. Te lo mereces, centenaria Vicky. (José Vadillo Vila)