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Año de la Universalización de la Salud
VIERNES 3

de julio de 2020

Por un comercio ordenado

La pandemia del covid-19 representa un duro golpe para todas las naciones, pero en particular para los países en vías de desarrollo como el Perú, donde el confinamiento social y la paralización de la actividad económica han ocasionado el resurgimiento de una problemática que se creía superada, que en esta oportunidad irrumpe de forma peligrosa porque acarrea aglomeración de personas. Hablamos del comercio ambulatorio, actividad informal que en las décadas pasadas concentró un gran esfuerzo de las autoridades locales para su erradicación.

13/6/2020


Es cierto que todos los peruanos tienen derecho a trabajar a fin de obtener el sustento diario. Sin embargo, el comercio callejero genera consecuencias negativas por su carácter informal, como la alta evasión tributaria, la precariedad del trabajo autosostenido, la falta de beneficios sociales, la rampante delincuencia alrededor de los ambulantes, entre otros. En circunstancias como las actuales, el tumulto causado por los vendedores y sus eventuales compradores es un problema mayor por la altísima probabilidad de contagio del coronavirus.

Los peruanos recordamos –especialmente los limeños– cómo el alcalde de Lima Eduardo Orrego dispuso en 1981 el campo ferial Polvos Azules para reubicar a los comerciantes en uno de los primeros intentos oficiales de poner orden en la ciudad; luego, todos tenemos aún presentes las imágenes del burgomaestre capitalino Alberto Andrade, cuando en 1997 encabezó personalmente con agentes del serenazgo el desalojo de los llamados cachineros del Cercado, que se reordenaron en el centro comercial Las Malvinas.

Hoy, ese esfuerzo está en manos del Ministerio de Defensa, en coordinación con la Municipalidad Metropolitana de Lima y el Municipio Distrital de La Victoria, para que los centenares de ambulantes que han tomado las calles ofrezcan temporalmente sus productos en los diversos espacios que las autoridades locales han dispuesto. Se trata de una labor compleja por su alto componente social: no olvidemos que son personas sin un empleo ni ingreso económico fijo que requieren sobrevivir en medio de la crisis sanitaria que atravesamos.

Producto de esa labor consensuada, el concejo limeño ya trasladó a los comerciantes ambulantes que ocupaban la avenida Grau y zonas aledañas, en el distrito de La Victoria, a un espacio habilitado en el parque alameda Las Malvinas, donde podrán vender sus productos de manera ordenada y respetando las normas de bioseguridad que impidan la propagación de la cepa viral.

El trabajo no acaba allí. Las autoridades continúan evaluando posibles áreas para reubicar a los vendedores callejeros, como la explanada del Estadio de Matute, la denominada Tierra Prometida, de 51 hectáreas, en el distrito de Santa Anita o alguno de los 10 parques zonales que administra la Municipalidad Metropolitana. Queda claro que el Estado no quiere abandonar a su suerte a los ambulantes, pero también es evidente que la reubicación será temporal porque la solución definitiva pasa por soluciones más estructurales.