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EDITORIAL

Por un sistema financiero inclusivo

El mayor acceso de la población al sistema financiero, principalmente en los sectores rurales, ayudará a combatir la pobreza y construir un país más integrado e inclusivo.

7/8/2019


El Gobierno peruano publicó la Política Nacional de Inclusión Financiera (PNIF) con el fin de promover y facilitar el proceso de incorporar a los sectores que aún se encuentran marginados de estas prestaciones, y mejorar la competitividad y productividad del país. 

Pese a la crisis económica mundial y la incertidumbre que genera, el Perú ha demostrado un buen desempeño económico en la última década. La economía creció un promedio de 4.82% anual, la inversión privada alcanzó una tasa anual de 6.57% y la inflación anual fue de 2.88%.

En el sistema financiero, como porcentaje del producto bruto interno (PBI), los créditos aumentaron de 24.0% a 40.6%, mientras que los depósitos pasaron de 29% a 38.6% del 2008 al 2018.

Sin embargo, como indica nuestro historiador Jorge Basadre, todavía subsiste en nuestro país la división entre el “Perú oficial” y el “Perú profundo”, pese a la mayor extensión de nuestro sistema financiero en los últimos años.

Entre el 2015 y el 2018, los adultos que contaban con al menos un producto financiero pasaron de 29% a 38%, mientras que los poseedores de una cuenta de crédito aumentaron de 30% a 33%.

En otras palabras, alrededor de dos tercios de los peruanos aún no tienen acceso al sistema financiero y quedan relegados de los potenciales beneficios que podrían obtener o sus negocios.

Por ejemplo, si cuentan con una micro o mediana empresa, no tienen la posibilidad de contar con un crédito más barato ni de movilizar rápidamente sus fondos, pierden tiempo en transferencias bancarias y no pueden participar en la cadena productiva como proveedores de grandes empresas. Se requiere que estos sectores más vulnerables participen en el sistema financiero.

En nuestro país todavía hay un sector significativo de peruanos de escasos recursos que viven en la informalidad y que necesitan ser integrados en forma inclusiva a los mecanismos financieros para mejorar su productividad y competitividad.

Sin embargo, en la actualidad encontramos que la demanda de estas prestaciones es limitada porque la población no posee las competencias ni capacidades para acceder a ellas. Además, hay desconocimiento y falta de promoción, su oferta es limitada e inadecuada, y las infraestructura de telecomunicaciones y digitales son insuficientes para llegar a la población.

La nueva PNIF sostiene que la inclusión financiera contiene tres dimensiones: el fácil acceso de la población al beneficio, el uso entendido como la utilización continúa y frecuente de la prestación y, por último, la calidad del servicio en un contexto de transparencia y respeto a la cultura de la población.

El PNIF se ha fijado como meta generar en todos los segmentos de la población mayor confianza en el sistema financiero. Además, se busca aumentar la oferta de estos beneficios, desarrollar la infraestructura de telecomunicaciones y extender el uso de más plataformas digitales, entre otras metas.

El mayor acceso de la población al sistema financiero, principalmente en los sectores rurales, ayudará a combatir la pobreza y construir un país más integrado e inclusivo.