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Año de la Universalización de la Salud
MARTES 2

de junio de 2020

Postales de nocturnidad (Lima en cuarentena)

Imágenes de la capital en pleno aislamiento social obligatorio. Fotos: Renato Pajuelo.

28/4/2020



Jirón de la Unión 
La señora trabaja silente, protegida por su mascarilla y guantes; va acompañada de música del recuerdo, cumbias, resúmenes de noticias de lo que ya sabe -cifras de contagios, de muertos… la cotidianidad del país y el mundo en cuarentena-. Así, evita que el eco de sus pasos la perturben de soledad mientras mueve la escoba y el recogedor, y arrastra consigo el tacho de basura entre calles y jirones.

En esta ciudad de 10 millones de habitantes, donde el jirón de la Unión era la sístole y la diástole de la limeñidad (de eso hablaba hace poco más de un siglo el sibarita Abraham Valdelomar), los hombres y mujeres de la limpieza pública son las únicas sombras constantes de la noche capitalina. 

Los portales y el general
Los portales de la plaza San Martín, que desde 1924 solo sabían del descanso de los nocharniegos los séptimos días, hoy recuerdan la sed y la opinión de sus bohemios que resolvían los problemas del país con un “salud”; la sonrisa y la sensualidad de dianas y minervas; las guitarras distorsionadas del rock achorao y los borceguíes de los panqueques. 

“Ya volverán”, parece decir el granito. 

Y el general de la plaza epónima, eterno en su escultura ecuestre, extraña las preocupaciones a megáfono y las vindicaciones sociales embanderadas que venían a compartir a sus pies grupos diversos, amparados en la democracia, el civismo y los derechos humanos.

El juguete que aguarda
Parece abandonado. Parece sonreír y mirar a alguien. De repente, observa al niño que lo olvidó y no vendrá por él en estos tiempos de aislamiento social obligatorio. El niño debe de recordar acongojado a su muñeco de peluche. La figura de fantasía se ha quedado en medio de la calle, sobre la cama de asfalto. Y parece esperar un mañana. Si hubiera automóviles circulando, si Lima fuera la metrópoli de bocinazos que fue hasta mediados de marzo, el muñeco sería únicamente un recuerdo.

El túnel y los puentes

En cambio, el túnel sin gentes es terrorífico. Parece el escenario extraído de una película con guión de Stephen King. No hay hombres y mujeres que en horas punta cruzan raudos camino a casa, a los estudios después del trabajo o dirigiéndose a una segunda chamba para seguir sobreviviendo. El ojo negro de la perspectiva clama de humanos. 

Cielos y perspectivas
El cielo se ha transparentado y en los puentes peatonales de la Vía Expresa, de la Vía de Evitamiento y de cualquier punto de la capital, no hay el apuro de los transeúntes. Se pueden contemplar el cielo y las vías despejadas.  

Decían que la neblina, que el cielo plúmbeo o “panza de burro”, que la falta de sol, eran lo natural en Lima, y había que resignarse a ella. Pero bastaron los días de cuarentena para saber que no era un juicio absoluto.

Los vecinos acabamos de descubrir que más allá del verano, el sol y el cielo azulado son una persistencia en la ciudad. Y de noche, no se necesita de poetas para hablar y ver a la luna redonda y majestuosa y los guiños de Venus. 

Las estaciones del Metropolitano cierran temprano sus ingresos, en cualquier cruce de avenidas una patrulla avanza, verifica que la ciudad cumpla la cuarentena. 

Lima, resiste. 

(José Vadillo Vila)