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Año de la Universalización de la Salud
DOMINGO 5

de abril de 2020

UNA ACCIÓN RÁPIDA PUEDE AYUDAR A LIMITAR LOS DAÑOS

Prevención ante impacto económico

En las próximas semanas, todos los países deberán tomar medidas de políticas concretas para proteger a sus poblaciones.

16/3/2020


El brote del nuevo coronavirus (covid-19) causó ya un alto costo en vidas humanas y se reconoce por lo que es, una emergencia sanitaria mundial. A medida que el virus se propaga por el planeta, la pregunta es ahora si se pueden proteger las vidas de las personas y detener los daños económicos.

A partir de experiencias pasadas, sabemos que una acción firme, coordinada y rápida marca la diferencia cuando la economía mundial enfrenta una amenaza común. Eso está empezando a ocurrir, asegura la vicepresidenta de crecimiento equitativo, finanzas e instituciones (EFI), Grupo Banco Mundial, Ceyla Pazarbasioglu.

Diversos países anunciaron programas de estímulos, varios redujeron las tasas de interés, y tanto el Grupo Banco Mundial como el Fondo Monetario Internacional (FMI) dieron a conocer grandes paquetes de asistencia financiera para ayudar a los países a afrontar la crisis sanitaria y limitar los perjuicios económicos.



Decisiones

Sin embargo, lo que viene será crucial: en las próximas semanas, todos los países –incluso aquellos que no tienen ningún paciente con la enfermedad por coronavirus– deberán tomar medidas de políticas concretas para proteger a sus poblaciones y reducir los daños a sus economías.

Nadie puede predecir de manera fiable el impacto económico total. Depende demasiado de cosas que son imposibles de saber: la duración del brote, la cantidad exacta de países afectados y la magnitud de la movilización y la mantención de una respuesta normativa rápida, coordinada y concertada.

Pero sí sabemos que el brote se manifestó en un momento en que la economía mundial estaba débil, cuando el crecimiento global empezaba a recuperarse de su tasa más baja desde la crisis financiera del 2009.

En opinión de Pazarbasioglu, esto tiene consecuencias preocupantes para los países en desarrollo: condiciones más estrictas de los créditos, un crecimiento más débil y el desvío de recursos públicos para combatir el brote podría disminuir los fondos disponibles para prioridades de desarrollo fundamentales.



Una recesión económica podría afectar también la lucha contra la pobreza extrema. Por lo tanto, es imprescindible que los responsables de formular las políticas en todas partes reconozcan de qué manera los daños económicos se pueden traspasar de un país a otro, y actúen rápidamente para prevenir que se propaguen.

Es probable que ese traspaso se produzca mediante diversas vías. La primera es el comercio: las cadenas de valor mundiales, que representan alrededor de la mitad del comercio global, se ven interrumpidas por cierres de fábricas y retrasos en la reanudación de las operaciones.

Flujos

La segunda son los flujos financieros externos, que se podrían retirar de los países afectados por esta enfermedad. La tercera es el capital nacional, tanto humano como financiero, que está empezando a ser desaprovechado a medida que las fábricas están inactivas y las personas permanecen en sus hogares.

La cuarta es el transporte y el turismo, una importante fuente de ingresos para numerosos países en desarrollo, que está disminuyendo con la baja de la demanda y el aumento de las restricciones para viajar. Por último, las bruscas caídas de los precios de los productos básicos perjudicarán a los países en desarrollo que dependen de ellos para obtener ingresos que tanto necesitan.

Para hacer frente a estos desafíos, asegura Pazarbasioglu, será necesaria la cooperación mundial. Los gobiernos deben evitar las políticas proteccionistas, que podrían empeorar las alteraciones en las cadenas de valor mundiales y aumentar los ya elevados niveles de incertidumbre. Pero más importante aún, los gobiernos deben evitar la restricción de las exportaciones de alimentos y productos médicos necesarios y, en cambio, trabajar juntos para apoyar una mayor producción y asegurar que los recursos lleguen a los lugares donde más se requieren.

En el mediano plazo, y a medida que las condiciones económicas mejoren, la recomendación para los responsables de las políticas es no mirar introspectivamente, sino incentivar a las empresas a mantener altos niveles de inventarios y a diversificar a sus proveedores para gestionar mejor los riesgos.

Además de la cooperación, será necesaria la asistencia internacional, particularmente para los países africanos al sur del Sahara que carecen de la infraestructura sanitaria.

Recursos de apoyo

El Grupo Banco Mundial desempeña una función clave para ayudar a los países en desarrollo a adoptar las medidas necesarias en estas esferas.

“Con nuestro paquete inicial acelerado por un monto de 12,000 millones dólares proporcionaremos apoyo inmediato para los esfuerzos de los países en desarrollo dirigidos a fortalecer los sistemas sanitarios y minimizar los daños a las personas y las economías”, detalla Pazarbasioglu.

Dependiendo de la duración y la gravedad de la pandemia, estaremos preparados para poner en marcha una segunda fase de asistencia, con un mayor énfasis en los impactos sociales y económicos.

Con el paquete se moviliza un conjunto completo de nuestras capacidades, provenientes del Banco, la Asociación Internacional de Fomento (AIF) y la Corporación Financiera Internacional (IFC), para limitar los daños tan pronto como sea posible.

El IFC, por ejemplo, trabaja con los bancos comerciales a fin de aumentar el financiamiento del comercio y el capital de trabajo para las empresas.

También apoyará a sus clientes corporativos.

Pese a las turbulencias en los mercados financieros, los encargados de las políticas deben mantener la calma.