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Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
DOMINGO 22

de setiembre de 2019

Prevenir antes que lamentar

“Los constantes simulacros nos ayudarán a consolidar una cultura cívica y reforzar la institucionalidad necesaria, a fin de enfrentar mejor un desastre natural”.

16/8/2019


La población peruana respondió con responsabilidad y compromiso al simulacro nacional de sismo de magnitud  8.5, tsunami en el litoral y otros peligros naturales. En estos ensayos se tomó nota de la capacidad de reacción, tanto de autoridades como de la población, con el fin de identificar las debilidades y reforzar el trabajo para disminuir los riesgos, de acuerdo con el Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci).

Debemos tomar conciencia de que la intensidad del movimiento telúrico no es la que mata, sino la falta de preparación para enfrentar estos fenómenos naturales. Por ello, los múltiples simulacros que convocan las autoridades tienen como propósito impulsar una cultura de la prevención.

Asimismo, hay que tener en cuenta las características particulares del lugar geográfico en que vivimos. En nuestra capital, por ejemplo, el último terremoto se produjo en 1974, cuando el 73% de la actual población limeña aún no había nacido. Aunque los capitalinos sintieron el fuerte sismo de Pisco en el 2007, no hay que olvidar que la costa peruana comprende el denominado Cinturón de Fuego del Pacífico. En este lugar, las placas tectónicas están en constante fricción, lo que genera movimientos sísmicos de diferente magnitud.

Este cinturón de 40,000 kilómetros en el océano Pacífico registra el 85% de los movimientos telúricos del mundo. Los especialistas aseguran que mientras más se acumula energía, más probabilidades hay de que el próximo terremoto sea muy intenso.

Además, el cambio climático influye directamente en el comportamiento de la naturaleza. El Perú, con ocho pisos ecológicos y una diversidad de climas y microclimas, es altamente vulnerable al aumento de la temperatura mundial. Las inundaciones en la zona costeña, la desaparición de los glaciares de los Andes centrales en los últimos 30 años, el incremento del número de huaicos y sequías por la intensidad del Fenómeno El Niño son algunas de sus manifestaciones.

Si queremos, como lo planteó el presidente Martín Vizcarra, lograr la meta de que cada peruano llegue al bicentenario con una cultura de prevención ante los embates de los desastres naturales, debemos reforzar nuestra respuesta institucional en los ámbitos de la familia, la escuela, la organización barrial, asociación de padres de familia, municipios, clubes de madres, etcétera.

Derrumbemos los mitos de que los desastres son un “asesino aleatorio”, que a cualquiera le puede ocurrir. La realidad nos ha demostrado que los daños personales pueden atenuarse con una correcta prevención. La población más vulnerable, como niños, mujeres, adultos mayores, es la más propensa a ser víctima. Además, la familia, el vecindario y la escuela constituyen un mejor entorno para enfrentar un desastre y, pese al impacto emocional, las personas pueden recuperarse para asumir nuevos retos.

Los constantes simulacros nos ayudarán a consolidar una cultura de prevención y reforzar la institucionalidad necesaria, a fin de enfrentar mejor un desastre natural.