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Año del diálogo y la reconciliación nacional
LUNES 16

de julio de 2018

ARTISTA PERUANO UNIVERSAL

Quintanilla creador de mundos

Pintor y escultor cusqueño inaugura una antología de sus trabajos en Miraflores. Este año, Alberto Quintanilla presentará una exposición en la ciudad del Cusco y un nuevo poemario. Dice sentirse muy vital a sus 85 años.

5/1/2018


José Vadillo Vila

jvadillo@editoraperu.com.pe

“Yo soy un creador que ha tratado siempre de salir de la fórmula”. Alberto Quintanilla (Cusco, 1934) coge el mango del bastón con el mismo ímpetu y energía de sus 85 años. Con las mismas manos que, desde niño, empezaron a forjar esculturas. Y luego se animaron por el dibujo, el grabado, la guitarra, el canto, la poesía… No se ha limitado a fórmulas o definiciones. ¿Qué es Quintanilla? Un hombre del Renacimiento. 

Huye de las etiquetas y de los lugares comunes, de las comparaciones, como quien escapa de las aguas turbias de un huaico. El maestro cusqueño dice que su obra no es surrealista, tal como lo conceptualizan los cánones de la pintura europea, porque el surrealismo ya estaba en el universo andino hace dos mil años; un mundo sobre o bajo la realidad que exploraba en su poética y visión del mundo el hombre precolombino.

Producción permanente

Quintanilla no piensa en la muerte porque se siente muy vital. Tiene que venir su esposa, Helene, y decirle que pare, porque él trabaja todo el tiempo. A diario. Para Quintanilla la creatividad surge cuando está trabajando, en actividad pierde la noción del tiempo y es un hombre feliz en su taller mientras produce pinturas, esculturas, juguetes.

Cuando se cansa de lienzos o el metal, toma las corontas del maíz y las pepas de la palta, hojas, las corta, las pega, las pinta, con la candidez que no ha perdido del niño que fue, y les da formas humanoides, de animales. Son “ensayos” que él llama “juguetes” de peso ligero.

Al maestro le gusta las líneas que escribió el poeta horazeriano Jorge Pimentel, donde resume su temple. Recuerda algunos pasajes con alborozo en el rostro.

Pequeña antología

Como un ser afiebrado, el artista cusqueño no deja de producir arte, decíamos. Por eso le gusta el nombre de la muestra en Miraflores, Allinta Yachay, frase que en runasimi significa “Aprende bien” o “Aprende lo bueno”. Porque el artista quiere que vengan, sobre todo los jóvenes estudiantes de la Escuela Nacional de Bellas Artes, para que vean de lo que es capaz de hacer un hombre mayor. Y retarlos.

Mas no que le gusta el cintillo de “exposición retrospectiva”. “¿Retrospectiva? ¡Ni que estuviera muerto! Esta es una pequeña antológica. Porque tengo para llenar cuatro salas de estas con mis trabajos”, dice.

Allinta Yachay toma desde ayer la galería Germán Krüger Espantoso del Icpna de Miraflores (Av. Angamos Oeste 120). Engloba óleos en grandes y medianos formatos; dibujos en tinta china y pinturas negras vinil, esculturas en fierro, litografías y juguetes. Hay obras de principios de los años ochenta y otras muy recientes.

“Si tuviera que definir a Quintanilla, diría que es un imaginero del mundo de lo cotidiano, que alcanza la ternura pintando las cosas con las que ha logrado un místico contacto. Pero además es un investigador de la materia plástica, un estudioso de las posibilidades del hacer dentro de una técnica elaborada. El artista conjuga simultáneamente la figuración y la abstracción, convirtiendo lo insólito en cotidiano”, escribe Jorge Bernuy, curador de Allinta Yachay.

Mis fantasmas

Los perros salen a ladrar a los visitantes o gozan cuando alguien rasguea una guitarra. Tienen rabia y sonríen en los ojos de Quintanilla. Los sapos son colosales y esperan igual que los perros y los supas de metal. Las mujeres posan con torsos desnudos; y hay otros personajes del mundo rural.

Algunos tienen la capacidad –intentando rebelarse a la naturaleza bidimensional del óleo– de mirar a dos lados a la vez, casi como bicéfalos. Casi. Incluso, los perros son seres extraños, monstruosos. Salvo la muerte. “No son monstruos, son mis fantasmas”, define. “Un monstruo es una cosa muy diferente a un fantasma”. Hay equívocos que le incomodan al maestro cusqueño. Por ejemplo, que confundan el quechua “supay” con diablo, cuando “supay” se refiere a lo “extraordinario”. “Saqra, en cambio, sí es demonio”.

Aunque no exprese sus opiniones políticas, Quintanilla “habla” de la realidad peruana todo el tiempo, lo adjetiviza mediante sus obras: sus fantasmas tienen una razón de ser.

El año que se fue partieron varios pintores. Es categórico: le incomodan las vacas sagradas y no llora sus ausencias. Esos nombres que siempre estaban en las bienales de pintura del mundo, siempre crearon nubarrones y lo dejaron de lado porque era “cholito”. Quintanilla está convencido de que la envidia mora entre los artistas.

“Soy la medalla de oro de mi promoción de 1959, en Bellas Artes, con Tilsa (Tsuchiya), (Milner) Cajahuaringa, Gerardo Chávez, Alfredo Gonzáles Basurco, pero nunca me nombran. Y soy el único pintor peruano que ha triunfado en Europa”, brama como un toro.

Empezó a exponer en Cusco en 1958. En 1959 ganó la beca del Gobierno francés para estudiar en París, en el taller de restauración del Museo del Louvre. Los reconocimientos se sumaron solos. En 1961, fueron un grupo de artistas jóvenes peruanos, como Cajahuaringa, Quintanilla y otros, los que dieron que hablar. Luego serían sus individuales en las bienales de pintura de Italia, de Alemania. La crítica aplaudió su trabajo.

Hoy en día, Quintanilla pasa más tiempo en el Perú que en Francia. “Tres, cuatro veces que he venido”. Y participa de charlas, conferencias y exposiciones en distintas partes del país. En el Cusco lo quieren mucho, porque se topan con él sus paisanos y comienzan a hablar en quechua. “Hay una necesidad que yo venga para ver lo que está pasando y me sensibilizó, porque el artista es un testigo de su tiempo. Yo no vivo de abstracciones”, se define.

Tiene tres hijos, los tres sabían dibujar; aprendieron solo de verlo trabajar. Y tiene igual número de nietos. Este año, habrá una exposición suya en el Cusco y una editorial limeña publicará un libro con sus poemas, el título se le escapa de la memoria.

El dato

130 de sus pinturas y esculturas integran la exposición en el Icpna.