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ENFOQUE

Reduflación vs. sinceramiento comercial

Existe una práctica en el sector comercio que podría considerarse dolosa, y que afecta a los consumidores de productos para el hogar. De un tiempo a esta parte, en el Perú y otros países de la región se ha establecido como costumbre reducir los gramajes de determinados artículos de la canasta familiar, sin avisar a los usuarios, para mantener el precio de mercado, y en algunos casos para elevarlo en unos céntimos aduciendo que el costo de vida se ha incrementado.

3/6/2018


Javier Alejandro Ramos

Periodista

Los casos más notorios, por ser productos de consumo permanente, son los de aceite vegetal y la leche evaporada. En el primer rubro existen ya muy pocas que contienen el tradicional litro, y un 95% de ellas tiene una presentación de 900 mililitros; y en cuanto al segundo, fueron bajando de 480 gramos a 420, y en la actualidad la mayoría de ellas contienen 400 gramos.

Ocurre igual con otros artículos, como las gelatinas en polvo, las barras de chocolate, las conservas de pescado, las bolsas de avena instantánea, los paquetes de galletas, los limpiadores de vajilla y sanitarios, los champús y jabones, los insecticidas, y el tradicional panetón navideño, que antes pesaba un kilogramo aun sin el empaque de caja, y desde hace unos años tiene un peso aproximado de 900 gramos, y se presenta en bolsa con zipper, menos costosa y que tiene un peso menor.

¿Estamos hablando de una estafa o de una estrategia de las empresas para reducir costos y seguir brindando sus productos aparentando que no hay ningún cambio? Si no se publicita, o se hace de un modo demasiado subliminal para que nadie se entere, estamos ante un hecho que debería investigarse y ser sancionado por las autoridades encargadas de velar por la defensa del consumidor.

Queda claro que no hablamos de la calidad o el porcentaje anunciado de ingredientes, que es ya otro problema. Denuncias de consumidores han permitido detectar que en muchos productos no se usan los insumos que se publicitan o que estos son de menor calidad sanitaria y en proporciones menores a lo que el empaque dice. En este caso se trataría de publicidad engañosa que en algunos países está tipificada como delito contra la fe pública.

En Argentina –donde esta práctica es llamada “reduflación”– el Instituto de Estudios de Consumo Masivo evidenció que el 80% de las compañías engaña visualmente a los compradores, aumentando el tamaño del envase, pero reduciendo el contenido. Muchas quejas similares han llegado al Indecopi. Tanto en uno como en otro caso, las empresas tienen listas sus respuestas: un marquetero comunicado lleno de excusas en los que se explica que bajaron los porcentajes para reducir calorías o grasas, o componentes que pueden producir alergias y otros trastornos de salud. Mucho ojo.