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Año del diálogo y la reconciliación nacional
MARTES 14

de agosto de 2018

APROXIMACIONES

Revaloremos al trabajador penitenciario

Desde un torreón del penal de Challapalca, a 4,800 m. s. n. m., o en un patio dirigiendo una terapia psicológica con 50 reclusos, o tal vez en un taller capacitando a jóvenes en la confección de ropa, un trabajador penitenciario lucha por alcanzar su más grande anhelo: reconciliar a los internos con la sociedad.

10/2/2018


Claudett Delgado Llanos

Tercer Miembro del Consejo Nacional Penitenciario

El 12 de febrero celebramos el Día del Trabajador Penitenciario, ocasión merecida para destacar su muchas veces incomprendida pero importante labor como peruanos.

Queremos realzar el noble servicio que realizan los 10,001 trabajadores penitenciarios a escala nacional, hombres y mujeres que sirven en las áreas de seguridad, tratamiento y administración.

Ellos se deben a la sociedad, la cual les ha encomendado tutelar a dos grupos de personas: los albergados en las cárceles y quienes reciben tratamiento (más de 85,000); y los que cumplen sentencia en libertad a través del medio libre, participando en sus programas de rehabilitación (17,700).

La tarea del trabajador penitenciario es muy clara: reinsertar seres humanos en la comunidad sin importar su condición, edad, sexo o delito. En nuestros centros penitenciarios tenemos una máxima que repetimos siempre: “El delito queda afuera en la calle luego que los internos traspasan las puertas del penal”.

De inmediato, estas personas quedan en las manos de un personal multidisciplinario compuesto por psicólogos, abogados, educadores, trabajadoras sociales, personal de salud, agentes de seguridad, que con su compromiso y sacrificio han sabido ganar su derecho de piso y, por ende, el principio de autoridad, a fin de alcanzar el paradigma de la resocialización.

¿Qué enfoque nuevo es este? Es un compromiso que asumen todos en el Instituto Nacional Penitenciario (Inpe), ya que velan por la reinserción del interno por medio de un cambio de mentalidad y la formación de una nueva perspectiva de la vida.

Años atrás, se consideraba que trabajar en una cárcel era una de las últimas opciones, pues en ella habitan personas de difícil conducta. Sin embargo, son los mismos trabajadores penitenciarios los que han sabido cambiar la sesgada imagen de ‘carceleros’ que se les atribuía por otra más positiva, ello gracias a su profesionalismo y esfuerzo. Hoy, la sociedad demuestra gran interés por el trabajo en las prisiones y desea colaborar desde su propia orilla.

¿Cómo celebrar el Día del Trabajador Penitenciario? Pues respetándolo como profesional, valorando su trabajo y persistente entrega en la rehabilitación del interno sin escatimar tiempo y energía.

Ciertamente, no cualquiera tiene la plena convicción de que el cambio del prójimo es posible, tal como lo exaltan los trabajadores del Inpe al entonar su himno institucional, el cual nos deja un mensaje del todo alentador: “Humanizar y dignificar para resocializar”.