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MIÉRCOLES 21

de octubre de 2020

Samichay, el toro

12/10/2020


Samichay narra las vicisitudes de un hombre de campo, el buen actor Amiel Cayo, a cargo de su suegra y de su hija, por salir adelante con el único capital de unas pobres tierras y un toro. Está filmada en blanco y negro, lo que le da un aire de atemporalidad.

La hija quiere emigrar a la ciudad y la suegra está llena de achaques. En esta coyuntura, parece que quien le acompañará más tiempo es su toro Samichay. Un reto que enfrenta la película es la sombra que sobre ella proyecta Wiñaypacha, que abordó antes un tema parecido pero de mejor forma.

Algunas diferencias son algunos juegos de cámara, como los paneos circulares, en los que termina habiendo un elemento nuevo al final. Sin embargo, conforme el filme avanza, la película, rodada en quechua, se vuelve monótona. Se recalca el lazo del animal con su dueño. El toro es más que su tabla de salvación a la pobreza.

El constante choque del campesino con la modernidad y el comercio da una idea de lo desarraigado que está. La cercana carretera, invitación o amenaza a la fuga a la modernidad, es también una marca.

Un error, a mi entender, es salir de esa atemporalidad del inicio y ubicarnos en la actualidad. Más aún, cuando se quiere forzar una relación entre la situación del protagonista y la reforma agraria, la cual él ignora a pesar de los 50 años de sucedida. No es una película mala, pero le ha faltado redondear algunos aspectos.