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Año de la Universalización de la Salud
DOMINGO 26

de enero de 2020

Señales de culto

Como director de una propuesta que analiza la figura de Judas Iscariote, Haysen Percovich conversa sobre la pasión dentro de los juicios sociales y la falta de fe.

6/12/2019


Variedades - Suplemento cultural


Texto y fotos Luis M. Santa Cruz

Haysen Percovich es un personaje que existe en un círculo que pocos comparten, en un punto medio que podría considerarse como un equilibrio difícil de ostentar. En el teatro, alcanzó notoriedad dentro de una generación rebelde e independiente, del sentimiento hazlo-tú-mismo, como actor y director. En la televisión ocupó la tribuna de esa parrilla guerrillera que durante un periodo lanzó programas que hoy son observados con la etiqueta de “productos de culto”.

Su “Conde” de La Gran Sangre, por citar un ejemplo,es uno de esos villanos de sentimiento comiquero que ha crecido con el tiempo,gracias a una generación que ha eternizado el debate de su existencia en las redes sociales y los memes. Es, también, uno de esos fantasmas que todo artista busca evitar, aunque en este caso no hay un malestar generalizado. No hay un tormento, no hay arrepentimiento, porque sabe que ese, entre otros roles, lo ha acercado al grupo etario que ahora acoge como sus alumnos en Ensad. Chicos y chicas que hoy forman parte del elenco de Los últimos días de Judas Iscariote. 

–¿Es muy diferente esta generación a la que te toca enseñarle en comparación con la tuya, más allá de los temas más evidentes como la obsesión con el smartphone?

–Hay cosas que he visto, no en mis alumnos,pero sí en general. Hay mucho desinterés, ya no la viven y no tienen interés por luchar para ganarse algo. Pasan el momento demasiado relajados porque todo es cool,todo es fresh.



–¿Con qué referentes actorales llegan tus alumnos?

–Todo lo que ven en Netflix, básicamente.Uno que otro tiene en mente a los grupos teatrales de su comunidad, de su barrio, pero hay mucho más apego por lo comercial, por así decirlo.

–Con esto en mente, me llama la atención cómo es que ellos y tú representan a alguien tan complejo como Judas en esta propuesta teatral, alguien que podría definirse como el traidor definitivo. ¿Qué es la traición para ustedes?

–Puede ser lo peor del ser humano, aunque nuestro discurso es que todo es relativo. A través de un juicio, que cuenta con personalidades como la Madre Teresa de Calcuta, Satanás o Sigmund Freud, se intenta determinar si realmente hemos mirado de forma correcta a Judas. Se llega a cuestionar incluso a la figura de Jesús, para llegar a entender que nada es tan simple como parece.

–Pinta como un texto importante en una época en la que todos somos jueces gracias a las redes sociales.

Es fácil ser juez por internet, es cotidiano destruir la imagen de alguien y emitir comentarios sin comprobar los datos que tenemos. Luego, la rectificación, de existir, no limpia tu imagen.

–¿Alguna vez fuiste demasiado emocional al momento de juzgar a los demás?

–Sí, pero la vida te enseña a no serlo. El teatro y el arte te enseñan a no serlo, sobre todo. He sido radical criticando,impulsivo y destructivo. Pero he aprendido, estoy más tranquilo conmigo mismo.

–Si bien la mirada que propone Los últimos días de Judas Iscariote se enfoca en lo social, es inevitable pensar en la religión.¿Eres una persona espiritual?

–Es interesante hablar de eso. He sido católico-apostólico-romano como casi todos los peruanos. Creyente de misa y comunión, pero la universidad te hace dejar de creer en todo. Ahora, no creo que haya algo, nos morimos y ya fue. Respeto las creencias ajenas si te ayudan a enrumbar la vida, pero no apoyo ningún dogma que genere violencia.

–¿Te ves más en el cielo o en el infierno?Suponiendo que estamos equivocados y sí hay algo más.

–Yo me voy al infierno, de todas maneras.

–¿Este fatalismo tuyo, que comparto, se refleja en tu forma de trabajar el arte?

–Sí, cada trabajo es una búsqueda de crear algo propio, un desahogo de todas las cosas negativas que llevo conmigo.

–Pecando de optimista y asumiendo que los cincuenta años son literalmente la mitad de la vida… ¿Dónde crees que te encuentras profesionalmente?

–Me siento en una mitad de mi carrera. He hecho cosas entretenidas, pero ya siento la madurez necesaria para lanzar cosas más grandes.

–Entre esas cosas entretenidas están series como Misterio y La Gran Sangre. ¿Qué te recuerden con tanto cariño por esos personajes es bueno o te obliga a replantearte ideas?

–Disfruto mucho de ese aprecio por mis personajes y seguí el culto que generaron por un tiempo, pero también sé que si me etiquetan solo como una cosa es responsabilidad mía. Luego de esa etapa he hecho más cosas y cosas mejores porque yo también crecí como profesional, pero no logré que tuvieran el mismo impacto. Es una deuda pendiente, un reto.



–¿Imaginaste el impacto de proyectos como Lobos de Mar, Golpe a Golpe o la ya mencionada La Gran Sangre? ¿Se puede predecir que algo se volverá de culto?

–No, nosotros no lo imaginamos, aunque sí sabíamos que teníamos algo especial.Teníamos que decir, tanto los que dirigían, escribían y actuaban. Viéndolo a la distancia sigue siendo algo bonito, porque a mí me gustan las cosas de culto y ser parte de una obra de ese corte es un honor.

–Ya nadie produce programas de ese tipo, ¿no?

–Lo que pasa es que la situación va cambiando. Algún directivo en esa época se animó y dijo “a ver qué tal” porque casi nadie quería hacer series de ese tipo. Pero vimos que había una necesidad de nuevos lenguajes visuales y obviamente verbales. La televisión de ahora,también, está en otra cosa.

–Haciendo la conexión con los juicios de opinión anticipados que propones en la obra, muchos no dudaron en destruir esas series porque la moralidad de sus protagonistas, como Misterio, era cuestionable.

–Lo peor era que criticaban sin ver la serie, acusándonos de hacer una apología. Nosotros decíamos “Mira cómo vivió, mira cómo acabó”. No buscamos santificar ni pontificar.

–Además, se adelantaron a la tendencia global de tener “héroes” poco probables como “Breaking Bad”, “Mad Meno Dexter”. ¿La maldad y los errores son ricos, narrativamente?

–Todos los conflictos de la gente mala hacen que tus personajes sean más identificables. Todos tenemos ideas así, pero nadie se anima a ejecutarlas en la vida real. Por eso disfrutamos tanto la ficción como género.

Vamos al teatro

Los últimos días de Judas Iscariote se presenta hasta el 14 de diciembre en la Sala Petit Thouars (Petit Thouars 195 Cercado de Lima). Ingreso libre.