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MARTES 15

de octubre de 2019

REMEMBRANZAS

Será Fina

Serafina está en el top 5 de los autores criollos de todos los tiempos. Su producción es como su seudónimo: fina.

22/9/2019


Sergio Salas

Abogado, músico criollo

Existió en el Perú una mujer cuyo talento para las letras fue insuperable. Su picardía criolla y su temple para decir las cosas en las que tenía convicción mediante sus composiciones, sin temor al qué dirán, hicieron que se ganara un lugar privilegiado no solo en la canción criolla, sino también en las letras peruanas. Su nombre fue Esmeralda Gonzales Castro, pero el mundo la conoció como Serafina Quinteras.

Para mí, Serafina está en el top 5 de los autores criollos de todos los tiempos. Su producción es como su seudónimo: fina. Y es que sin duda alguna, sus versos son poesía con una perfecta construcción semántica y a la vez jocosa, con enjundia, sabor y salero. Como dice un refrán: “De raza le viene al galgo tener las orejas largas”, y es que Serafina fue hija de doña Delia Castro, personaje de la Lima antigua que incluso llegó a ser la responsable de hacer los libretos para Teresita Arce, conocida como la Chola Purificación. Con su chispa hilarante, doña Delia fue respetada en esa Lima de apenas 500,000 habitantes. Contaba Gonzalo Toledo (a manera de anécdota), en una grabación que guardo en mi archivo personal, que una vez Delia había dejado un violín Stradivarius en una casa de empeño. A los días, el propietario del negocio le dijo: “Doña Delia, usted me dijo que era un violín Stradivarius y en verdad es uno corriente”; a lo que ella replicó: “Usted me entendió mal. Yo le dije que era un violín extra de varius”. Luego de escuchar esa anécdota, entendí de dónde heredó esa genialidad su hija Esmeralda.

En una entrevista, Noemí Polo contaba que en su juventud Esmeralda y su prima Emma habían decidido emular a los escritores Serafín y Joaquín Álvarez Quinteros, y fue en honor a ellos que usaron los seudónimos de Serafina y Joaquina Quinteras. ¡Y vaya que acertaron! Tal vez su canción más conocida es ‘Muñeca rota’, pero en su haber tiene muchísimas más de gran factura como ‘Caramelo’, ‘Hasta cuándo San Blando’, ‘Parlamanías’, ‘Hermana’, ‘Te vi una vez’, ‘Todo y nada’, ‘Lima de siempre’ y muchas más. Como otras veces he dicho, no todo autor (letra) es buen compositor (música). Muchos pecan creyendo que si son buenos en uno también lo son en lo otro y no siempre es así. Ella sabía que era buena en letra, pero la música de sus canciones la ponía, valga la redundancia, algún músico. Si pueden, queridos lectores, les recomiendo conseguir sus libros Así hablaba Zarapastro y De la misma laya. Si gustan de las crónicas humorísticas de una Lima ya lejana, estos títulos les encantarán. Por mi parte, no puedo terminar estas líneas sin compartir algo de su genialidad con ustedes. En la última página del antiguo libro La Lima Criolla de 1900, escrito por Eudocio Carrera Vergara y publicado en 1954, se incluyó unos versos escritos por Serafina dedicados a su autor, quien, siendo criollo de pura cepa, había ganado el premio de literatura Ricardo Palma por su obra La docena del fraile, que también se conoció como Los trece cuentos de mi abuela. Los dejo con la picardía de esta dama limeña que tanta nos hace falta y a quien admiraremos por siempre. ¡Viva Serafina!

“Mi querido Eudocio Carrera Vergara: era de justicia que al fin te ligara el Ricardo Palma de Literatura, porque con Los trece cuentos de mi abuela (la tuya) rompiste lanzas por la escuela de las tradiciones y de la lisura.

Estoy muy contenta, amigo y maestro: este triunfo tuyo es un triunfo nuestro; las letras criollas sienten su emoción. Para los sencillos, para los bohemios, que por no ser doctos no alcanzaron premios, es como a manera de reparación.

No está mal que premien a los eruditos, a los vanguardistas, a los exquisitos, cuanti mas si escriben cosas del Perú; pero no hay derecho que en todo certamen mamen ellos solos, sin dejar que mamen los que valen tanto como vales tú.

Si antes trece gallos pasaron la raya por fundar estirpe de su misma laya: de pluma, de canto, pico y espolón, tus trece demuestran, ganando este fallo, que no hay quiquiriquís, ni pinta otro gallo ante un ajiseco de nuestro galpón.

Reciba su sioma mi abrazo de hermana; y como supongo que estás de jarana desde que cobraste los cinco de a mil, con los catedráticos de la Guardia Vieja, con la muchachada que se le asemeja y unos materiales de consondolí, no te quito el tiempo, maestro y amigo, pero emocionada te abrazo y obligo con un guasudermis a decir ¡salud!:

¡Por Los trece cuentos! ¡Y que siga el baile! Que con tu laureada La docena del fraile revives el alma del viejo Perú”.