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APROXIMACIONES

Sostener la Amazonía

Debido a la naturaleza de mi trabajo y a mi interés como ciudadano, en las últimas semanas he explorado una serie de proyectos que quieren montarse sobre nuestro ecosistema amazónico. El menú es variado: una ley para que se abran carreteras en la región Ucayali, una línea de transmisión (eléctrica) que iría de Moyobamba a Iquitos, una hidrovía que, supuestamente, facilitaría el transporte en la selva peruana.

26/2/2018


Ramíro Escobar

Docente de Periodismo y Relaciones Internacionales de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya

La idea –vieja cómo no– se basa en cómo conquistar la Amazonía, o atravesarla, algo que ya estaba en el delirio de los conquistadores españoles. Ese impulso nunca se apaga; es como un silbido persistente en medio de la floresta, que asusta con motivo a sus habitantes animales y humanos.

Que nuestra selva tropical viva intocada es algo que, en rigor, no merece discusión. Es obvio que tiene que ser aprovechada, que sus recursos son preciosos, que tiene, por ejemplo, un ingente depósito de biodiversidad. Pero aprovechar no significa aplastar o exprimir. Circula todavía un pésimo enfoque que, en sus extremos más alucinados, hasta propone ‘modernizar’ a los indígenas en aislamiento voluntario.

La ley 30723, que autoriza la construcción de carreteras en Ucayali, por citar el caso más reciente, podría abrir la puerta para que se destrocen ecosistemas y hasta se afecten dos áreas protegidas: el Parque Nacional Alto Purús y la Reserva Comunal Purús. La presunta intención de sus promotores es que la población de la zona necesita conectarse y es cierto. Solo que el costo, al fin de cuentas no solo económico, es altísimo.

Como esta norma es imprecisa (parte de la idea de que es “de interés nacional” hacer carreteras en la zona) puede implicar trochas carrozables, carreteras, vías de todo tipo. En suma, es casi una invitación a madereros o mineros ilegales, a grupos fuera de ley de diverso tipo. Tan es así que el Ministerio de Cultura y el Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernanp) se han mostrado en contra de su apresurada aprobación.

Por desgracia, en el ámbito político la palabra ‘sostenible’ no tiene mucho espacio. Parece aún algo exótico, propio de ambientalistas “fanáticos”, como ha sugerido más de una vez algún dirigente político o empresarial. Lo fanático, en realidad –o lo absurdo–, es no entender que el desarrollo será sostenible o no será. No hay posibilidad de que se aproveche la Amazonía si sus recursos no se sostienen prolongadamente en el tiempo.

Porque sostenible significa eso: desarrollar políticas públicas que no agoten sino conserven, que sean útiles pero no a costa de la extinción. En la Amazonía, o en cualquier otro ecosistema, no hay forma de hacer las cosas de otro modo. Meterle cables eléctricos o carreteras, o desviar ríos, de cualquier forma, es un riesgo. No solo para quienes viven en sus ciudades. Es todo el país el que pierde su sostenibilidad con eso.