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Año de la Universalización de la Salud
MARTES 7

de julio de 2020

ALEJANDRA GUERRA. DIRECTORA

“Soy una actriz que dirige”

Reconocida por su aporte formativo en las nuevas generaciones de la escena nacional, Alejandra ve con esperanza la entrega y disciplina en los jóvenes actores.

16/2/2020


Cecilia FernándezSivori

mfernandez@editoraperu.com.pe

La escena teatral peruana se renueva cada día con el talento de jóvenes peruanos que muestran que las artes escénicas están en buenas manos. La actriz y directora Alejandra Guerra puede dar fe de ello con la puesta ‘Ex, que revienten los actores’, protagonizada justamente por alumnos del octavo ciclo de la especialidad de teatro de la facultad de Artes Escénicas de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

En ellos, la actriz puede ver la esencia de estos jóvenes peruanos que se presentan al público en una puesta escrita por Gabriel Calderón , dramaturgo uruguayo que se basa en un fragmento del discurso del expresidente de Uruguay José Mujica.

Alejandra conversó sobre su experiencia en el mundo de las tablas y de cómo evalúa esta pasión en la escena actual en lo que es la formativa actoral que hasta la fecha le ha traído grandes satisfacciones.

–Alejandra, ¿dónde te formaste como actriz y directora?

–Me formé como actriz en la Universidad de Carnegie Mellon, en Pittsburgh, Estados Unidos, dentro del programa de conservatorio de cuatro años y también en la escuela de Jaques Lecoq en París. No tengo formación como directora, pero es algo que he ido haciendo periódicamente; siempre vinculado al trabajo con alumnos.

–¿Y cuál fue la primera obra que dirigiste?

–Fue ‘Pequeños exilios’, una puesta producto de un trabajo de exploración de un año con alumnos de la facultad de Artes Escénicas de la Universidad Católica.

–¿Consideras que es mejor pasar por la experiencia de actuar para dirigir una obra de teatro?

–No me considero una directora, creo que soy una actriz que dirige. Lo que he aprendido como actriz lo aplico a mi trabajo de dirección y lo que más me gusta es dirigir el trabajo actoral.

–Tuviste que superar el miedo a actuar, ¿cómo fue?

–Sí, tuve que superar el miedo. Mis padres vienen del teatro también y yo tenía mucha preocupación de no tener suficiente talento y de ser comparada con ellos. La primera obra que hice en Lima (he vivido fuera prácticamente los primeros 30 años de mi vida) fue muy retadora porque era la primera vez que me veían actuar... estaba aterrada.

–Te has entregado a la enseñanza, ¿convertirte en docente fue un reto?

–Al principio sí lo fue. Cuando llegué al Perú no pensé en ningún momento en entrar en el campo de la docencia. Pero tuve el llamado por parte de la Católica y así empecé. Al principio me costó, pero ahora es algo que disfruto enormemente.

–¿Cuál es la principal debilidad y la principal virtud que observan en los talentos jóvenes?

–Creo que una de las principales debilidades en los jóvenes hoy es ser producto de una sociedad de consumo rápido. Todo desaparece antes de consolidarse, eso hace que no tengan la capacidad de tener una mirada más profunda sobre la vida. Una de las fortalezas es que hay en muchos –hablando específicamente de lo que veo en mis alumnos– una gran entrega y disciplina para el trabajo. Ellos saben que si están en esto se tienen que sacar la mugre y la mayoría lo hace.

–Eres actriz, ¿qué personaje te gustaría interpretar?

–Me gustaría interpretar algún personaje de la dramaturgia griega porque nunca lo he hecho; sería muy gratificante.

–¿Y el más difícil?

–Hasta ahora el más difícil ha sido el último que he hecho en ‘La terapeuta’. Es un monólogo de 70 minutos, un verdadero tour de forcé.

–Justamente, en esta obra con la que estás en temporada hay una máquina del tiempo, ¿te gustaría volver a alguna época?

–Me hubiese gustado vivir la época de los sesenta tardíos y los setenta en Latinoamérica. Los jóvenes leían, se reunían para discutir ideas, militaban por lo que creían. Había un sueño común, si bien idealizado de cambiar el mundo, y un sentido de identidad forjado desde lo colectivo.

–De acuerdo con la temática de la puesta, entonces, ¿crees que es necesario recordar el dolor en ocasiones?

–Creo que más que recordar solo el dolor, es importante ejercitar, mediante dispositivos escénicos u otros, la memoria. Recordar es mantener el pasado vivo y esa vigencia mediante la asimilación de lo ocurrido en nuestras sociedades nos ayuda a no repetir los errores de la historia.