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Año del diálogo y la reconciliación nacional
VIERNES 17

de agosto de 2018

INICIATIVAS CIUDADANAS

Te regalo un cuento

El voluntariado Cuéntame un Cuento Perú visita colegios para relatarles historias a los alumnos. Les dejan ejemplares para incentivarles la lectura y para que armen bibliotecas en sus colegios. Desde 2017, ha beneficiado a niños de escuelas públicas de costa, sierra y selva.

5/6/2018


José VadilloVila

jvadillo@editoraperu.com.pe

Había una vez un grupo de  soñadores que decidió llevar la magia de los cuentos a los niños de los colegios estatales del Perú. Y, así, promover el amor por los libros en los lugares más alejados del país.


Desde octubre pasado, el colectivo Cuéntame Un Cuento Perú ha donado más de 2,500 libros en beneficio de 1,700 estudiantes de inicial, primaria y secundaria de los colegios de la costa, sierra y selva.

Desde la cancha

La iniciativa partió de la economista Patricia Mejía. “El año pasado se dio una prolongada huelga de docentes, había una ola de críticas al Gobierno y me dije: ¿por qué, en vez de criticar, no hago algo por la educación del país? Voy a contribuir, me dije. Decidí bajarme a la cancha y jugarme el partido por la educación, por el Perú y la lectura”, afirma Mejía, quien ha leído tantos libros de Economía, pero siempre vuelve a El Principito, y tienen lugar preferencial en su biblioteca personal.

Recuerda que quien no sabe leer no entenderá matemáticas, lo que convertirá a una persona “en un ser anulado para la sociedad”.

Mejía heredó el amor por la lectura de su madre, Elena Hidalgo, una profesora de Lengua y Literatura, que siempre tuvo una biblioteca en casa. Ahora, para los hijos de Mejía, la lectura es casi como respirar porque fueron criados en ese ambiente. Sin embargo, la economista reconoce que son la excepción.

“El amor por los libros debería de empezar en casa, pero el común denominador en hogares de extrema pobreza es que los padres no tienen dinero para comprar libros y tampoco tiempo para leerles, porque llegan muy cansados de sus largas jornadas. O son padres quechuahablantes y el único espacio donde sus hijos pueden leer en castellano es en las aulas. Es la realidad del país. Por ello, nuestra preocupación es leer en los colegios y brindarles libros, sobre todo a aquellos que carecen de recursos económicos”, sostiene.

El primer grupo

La data del Ministerio de Educación arroja 106,576 instituciones de educación básica regular en el país, donde estudian 7,731,939 alumnos. De ellas, 82,018 son escuelas públicas y 50,709 se ubican en zonas rurales.

El primer equipo de esta iniciativa ciudadana Mejía lo formó junto a sus dos hijos, su esposo, una profesora de educación inicial y otra de un instituto superior. Se sumaron otros profesionales y dos estudiantes universitarios.

Mediante las redes sociales, ellos lanzaron una primera campaña que les permitió reunir más de 1,500 libros en mes y medio. Con el equipaje de 500 kilogramos llegaron hasta Picota, una localidad de la región San Martín, donde donaron libros a una institución educativa inicial de 300 niños y a un colegio secundario, de 900 alumnos.

Para la segunda convocatoria, mediante Facebook y Whatsapp, se sumaron más voluntarios (en su mayoría estudiantes universitarios) de todos los distritos de Lima. Llegaron hasta Macachacra, en la provincia ayacuchana de Huanta, una zona muy golpeada por el terrorismo.

“Era un pueblo tan pobre, que los niños esperaban que les regalemos ropa”, recuerda Mejía. Hace dos semanas, sumaron 102 voluntarios que se movilizaron hasta la institución educativa Santa Teresita del Divino Niño, al costado del Estadio Nacional, para leerles a niños de 13 salones.

Dinámica participativa

En todos los colegios la dinámica es similar: primero, los voluntarios van a los salones y relatan cuentos a grupos de dos o más niños. Van intercambiando cuentos con otros voluntarios. Luego, regalan a cada niño un cuento y a las profesoras un compilatorio de cuentos. Dejan para cada salón un número de libros para su biblioteca y al director de la escuela, unas cajas de libros para su biblioteca. De tiempo en tiempo, monitorean para ver que los libros sean utilizados.

Lo que viene…

Mejía cuenta que empresas de publicidad y universidades se han unido a la iniciativa. “Queremos sensibilizar a los padres de familia y a los directores de los colegios privados para este año poder llevar nuestras ánforas y que los chicos pongan sus libros. No pedimos dinero. Lo principal es ir a donde están los niños que lo necesitan y contarles un cuento”, manifiesta.

Hay sed de libros. Les han solicitado su visita colegios de Huaycán, Villa El Salvador, Huachipa, Barrios Altos y Pucusana. Ellos buscan también colegios de sierra y selva. Llevar cultura y crear una nueva sociedad no es un cuento. Es una historia que puede ser realidad.