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MIÉRCOLES 12

de agosto de 2020

UN SIGLO DE HISTORIA

Telón arriba: Del Forero al Municipal

El Teatro Municipal de Lima nació como iniciativa de un abogado tacneño melómano y patriota, el 28 de julio de 1920.

2/8/2020


José VadilloVila

jvadillo@editoraperu.com.pe

El inmueble nació sin fachada (la construirían 18 años después), pero emitía un “do de pecho” en arte y patria, que retumbaba desde el foyer hasta el escenario y los camerinos.  

Jirón Ica número 380, Centro de Lima, búsquelo en el Google maps. A las 21:30 horas del miércoles 28 de julio de 1920, la platea, los palcos y las galerías estaban llenos para la primera gala esperando la tercera llamada y que se descorran las cortinas.

El Teatro Forero se inauguró con el estreno de Aida, de Giuseppe Verdi, obra con la que la Gran Compañía de Opera Italiana de Adolfo Bracale recorría Sudamérica cuando Lima ya no era el Perú –el año anterior había fallecido Abraham Valdelomar–, con un elenco encabezado por dos grandes del bel canto de entonces: el tenor Ricardo Stracciari y la mesosoprano Gabriella Besanzoni.

A la gala asistió el presidente Augusto B. Leguía. Desde entonces, hasta medidos de 1970, los espectáculos en el Forero, luego denominado Teatro Municipal de Lima (TML), fueron parte inamovible de la agenda oficial por Fiestas Patrias.



Aunque hombre de leyes, el tacneño Manuel María Forero (1864-1937) era un apasionado de la ópera y del buen arte. Luisa Gubbins, su nieta, recuerda las colecciones de discos de los grandes maestros de la música que atesoraba el abuelo melómano. “Él tenía ansias por hacer un teatro para poder escuchar en Lima a los sopranos y tenores de todas las épocas”.

M.M. Forero se basó en los planos de teatros europeos y coordinó con los ingenieros para construir el suyo propio. “El teatro se inauguró a pesar de tener muchos problemas; por ejemplo, desde los palcos no se veía el escenario y tuvieron que botarlos para volver a construirlos. Aunque no le dejó quebrado, la construcción del teatro fue un golpe para la fortuna de mi abuelo”, recuerda Gubbins.

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El sociólogo Santiago Alfaro se encargó de la curaduría y la investigación de la muestra virtual “Cuadros de costumbres, 100 años del Teatro Municipal de Lima”, inaugurada el martes 28. Comenta que, en la historia de los teatros municipales de América Latina, el de Lima es un proyecto singular: no fue parte de una política pública sino una iniciativa individual.

Dice Alfaro: “El teatro principal de la ciudad siempre fue el que hoy ocupa el Teatro Segura, que fue adquirido por el municipio, y fue denominado Teatro Municipal hacia 1909”. Pero se mandaba ya “un escenario de mayores dimensiones”, acorde con el crecimiento de la metrópoli y la calidad de capital de una República. Por cierto, el general José de San Martín había proyectado tanto el Museo Nacional como el Teatro Nacional. Este último, recién se construyó en el siglo XXI.

La urgencia de Forero de demoler el viejo teatro Olimpo, propiedad de su padre, y edificar un teatro donde se pueda interpretar ópera, opina Alfaro, tiene que ver con las aspiraciones de las jóvenes repúblicas: todo país ilustrado debía de contar con un primer escenario donde se pueda interpretar ópera, la música culta de origen europeo. Y Forero se encargó de construir un teatro no solo grande, sino de mucho lujo, con materiales de primer nivel.



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El Teatro Segura, otra propiedad de la comuna limeña, había sido reconstruido la primera década de 1900, pero parece que no satisfacía las exigencias del respetable. Si bien grandes personalidades, como la bailarina Anna Pávlovna o el tenor Hipólito Lázaro habían actuado en el teatro del jirón Huancavelica, se necesitaba un mejor escenario.

El abogado tenía también otra razón: su relación con la patria. Él y su padre habían vivido en carne propia la lucha por la Perú, en pleno proceso de la chilenización de Tacna y Arica. Forero fue cónsul ad honorem del Perú en Iquique y participó en la delegación plebiscitaria que definió el futuro de Tacna y Arica (1925-1926). Fue primo del historiador Jorge Basadre.

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Desde 1921, el teatro enviaba tras bambalinas la escenografía y descolgaba un écran para pasar las películas de moda. Las funciones de cine en el teatro eran algo común en aquellos años. Una hipótesis de por qué vendió en 1929 el teatro a la Municipalidad de Lima, es la falta de ingresos: ni ayer ni hoy, el teatro no es un negocio comercial exitoso.

Santiago Alfaro recuerda que cualquier gestión de teatro “es normalmente un ejercicio hacia la pérdida”, tal como en 1976 ya lo demostró el primer estudio de “economía de la cultura” sobre los espectáculos en la famosa calle de los musicales, Broadway, elaborado por Baumol y Bowen. Refiere que todos los teatros del mundo sufren de la enfermedad de los costos, del déficit, y necesitan de la inversión pública o el patrocinio de los privados.



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La exposición virtual “Cuadros de costumbres, 100 años del Teatro Municipal de Lima” es posible, entre otras cosas, porque el ayacuchano Adolfo Escobar (1885-1968) se encargó, por iniciativa propia, entre 1920 y 1966, mientras trabajaba como conserje, de coleccionar todos los programas del TML. Día por día.

Gino Flores, uno de sus 23 nietos, recuerda tiempos cuando era requisito para los niños vestir terno para ingresar al TML. Por entonces, muchos de los muebles, inclusive la cajonería en el sótano, era de mármol. En el TML trabajaron también sus cuatro tíos hasta antes del incendio de 1998, que marcó un largo paréntesis de 13 años del teatro, hasta que retomó sus funciones.

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En su escenario, hizo piruetas vocales la garganta prodigiosa de Yma Súmac. Y Alicia Alonso dirigió enérgica al Ballet Nacional de Cuba. Se escuchó el delicado timbre de Libertad Lamarque, al poeta José Santos Chocano disertar sobre el plebiscito; los dedos de Igor Stravinsky tomaron la batuta y Andrés Segovia afinó el clavijero de su guitarra para hacer palidecer al silencio.

Con la pandemia del coronavirus, al TML le sucederá lo que a muchos teatros en el mundo: tendrá que mirar una programación mixta conjugando lo virtual con lo presencial. Acaba de dar el primer paso.