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PERIODISTA DE SU TIEMPO

Testigo apasionado

Domingo Tamariz Lúcar celebra 90 años y casi 70 dedicados al periodismo. Fue el primer hombre de prensa peruano en llegar al paralelo 38, el primero en utilizar la grabadora y sufrió el paso de las máquinas de escribir a las computadoras.

15/5/2018


José VadilloVila

jvadillo@editoraperu.com.pe

El día que cumplió 90 años, Domingo Tamariz Lúcar reunió a igual número de amigos y familiares. Con ellos celebró un almuerzo en un chifa y leyó un discurso en el que resumía su larga vida dedicada al periodismo. 


Los boxeadores exhiben pómulos rotos y narices achatadas, como galones de un general; los periodistas acumulamos redacciones transitadas, informes, columnas, entrevistados notables.

Domingo Tamariz llegó al periodismo por casualidad. Le “bocharon” y no pudo ingresar a Medicina en San Fernando, tal como deseaba su padre. Un amigo le habló de la escuela de periodismo de la Católica, donde solo bastaba pagar la mensualidad.

“Era lo mejor a estar pateando latas”, recuerda. Aceptó también porque desde el colegio había sobresalido en Historia. “Y me gustó, tanto que saqué el primer premio de redacción”.

Al par de años ya era promovido para trabajar en El Pregón, un semanario político. Ahí empezó como periodista el 29 de octubre de 1949, justamente al año que Manuel A. Odría se levantó en Arequipa y empezara el ochenio.

A propósito de Odría, fue Tamariz quien sumergiéndose en la documentación descubrió que la famosa ‘A.’ del nombre del dictador tarmeño no ocultaba ningún Apolinario, sino a un Arturo. Esta historia la recuerda en su libro La ronda del General.

***

Aquella noche, recordó que trabajó en cinco diarios “y una veintena de revistas”. Son célebres sus 37 años en el semanario Caretas.

Fue jefe de redacción del semanario El Mundo, Última Hora y La Tercera. “Tengo el orgullo de decir que he hecho un vespertino [La Tercera] sin publicidad y sin deportes; prácticamente, he llegado a vender 240,000 ejemplares”.

Y como director de la revista femenina Íntima, en el pacato Perú de los sesentas, empezó a hablar de la educación sexual. También fue el primero que puso en la carátula de una revista a dos chicas guapas usando ponchos por la calle. Lo que se volvió una moda entre las jóvenes.

***

“¡He cumplido 90 años y yo mismo me asombro!”, dice Tamariz, limeño hijo de ancashinos. Tiene una biblioteca repartida en los tres pisos de su casa, pero hoy ya relee poco, porque toma un libro y se olvida dónde lo dejó. El olvido se ha hecho su compañero en esta etapa de la vida, pero lo combate recurriendo a una grabadora para recordar la idea que lo trajo animoso cinco minutos antes y batalla así con sus artículos, su vida.

Aunque dice que el XX fue su siglo, está atento a lo que se publica. Ha leído las últimas de Renato Cisneros y Hugo Coya, y avanza la novela del cubano Leonardo Padura. Le ha bajado un poco la audición, pero es melómano.

A diario, se encierra en su oficina a escribir. Desde una pared alumbra una línea de Javier Heraud: Porque mi patria es hermosa / yo hablo y la defiendo con mi vida. Es un póster que lleva los 40 años que vive en Pueblo Libre. Aquí crecieron sus tres hijos, ninguno es periodista.

“Lo malo es que ahora escribo muy lento. Antes escribía tres o cuatro artículos en un día; era muy chambeador: trabajaba hasta la madrugada en casa y me iba a la redacción; dormía muy poco. Ahora demoro un día para escribir un artículo y me entra inseguridad”.

Setenta años y sigue en el oficio periodístico. Quedan pocos robles como él, aunque fue bohemio, gustó del buen ron para sus largas noches lechuceras de cierre y fumaba tres cajetillas diarias.

Pese a ese ritmo endemoniado, llegó a caminar –y “bastante”– por todo el Perú, Europa, Asia y la mayoría de los países de América Latina. Fue el primer periodista peruano que llegó al paralelo 38, que divide las dos Coreas. También el primero en utilizar una grabadora. Y en 1993, dejó una vida con las máquinas de escribir para ingresar a las computadoras.

Ha escrito tanto. Solo en Caretas tiene más de 1,500 notas. “Si Dios me da vida, los sacaré en un libro. Escribir un libro me permite ampliar todos mis conocimientos, experiencias y todo lo leído”.

Le preocupa que las columnas casi han desaparecido de los diarios. Ya no hay Manueles D’Ornellas, Alfonsos Tealdo o Federicos More (“el mejor periodista del siglo”). “El nivel cultural del periodista ha bajado”, se pesa.

Para Tamariz la edad de oro del periodismo nacional fue la década de 1920, con José Carlos Mariátegui, Leonidas Yerovi, Abraham Valdelomar…

¿Qué más puedo decirles? Que me duele el Perú, mi país, que tanto amo. Esta es una pena que me asalta en esta hora que estoy en el andén del adiós definitivo. Toca a los nuevos peruanos luchar por ese ideal mientras el mundo siga andando.

Cifra

24 diplomas y condecoraciones ha recibido de universidades y la ciudad de Lima.