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Año del diálogo y la reconciliación nacional
JUEVES 16

de agosto de 2018

CUIDANDO EL RECURSO ‘VERDE’

Tierra de gigantes

En Ancón, Serpar tiene un ‘refugio’ al que llegan los viejos árboles arrancados por el crecimiento de la ciudad y las obras de cemento. De paso, se crea un enorme pulmón verde al norte de la ciudad.

9/2/2018


José Vadillo Vila

jvadillo@editoraperu.com.pe

Antes les quedaba solo ser un tronco seco. O morir arrancados de sus raíces por una sierra –de esas que utilizaba Jason, ese personaje de la serie cinematográfica Viernes 13–. O esperar a los pájaros en un parque donde los trasplantaban y les dejaban a su libre albedrío, como si pudieran pedir un poco más de agua. O humus. O sustratos. A ellos los salvaron de una muerte segura.

“Zona de refugio y recuperación de árboles”, dice el letrero que se levanta entre viento, arena, calor y bocinazos de coasters, micros y camiones que cruzan raudos el kilómetro 42 de la Panamericana Norte, frente a Ancón.

Lima crece, el cemento vertical reemplaza los viejos solares. Y la ciudad exige ampliaciones de obras. Y los árboles parecían estorbar a esta vertiente del “desarrollo”.

Y aquí, desde las siete de la mañana se pueden ver camiones que ingresan a esta área administrada por el Servicios de Parques de Lima (Serpar), un pulmón de Lima Norte que cuenta con más de 10 hectáreas de verdor. Son 116 hectáreas por arborizar, que al llenarse de verdor sirven también para alejar a los traficantes de tierra que abundan en la zona.

Normativa para el verdor

Antes era una incertidumbre el destino de los árboles o la mayoría eran talados sin contemplación. Pero en diciembre del 2014 se promulgó la ordenanza municipal número 1852, Ordenanza para la Conservación y Gestión de Áreas Verdes en la Provincia de Lima, que prohíbe las talas y obliga a las empresas constructoras a buscar un espacio a donde trasladar los árboles y así cuidar las pocas áreas verdes que tiene la ciudad.

Los camiones ingresan cargando árboles desde los cuatro puntos cardinales de la capital. Aquí, en este “albergue” las plantas leñosas podrán echar sus raíces por segunda vez.

Las constructoras traen retroexcavadora y operarios para resembrar los árboles. Los que han llegado esta tarde, por ejemplo, son casuarinas con más de 15 años. Son parte de los 190 árboles que serán trasladados desde Surco, donde se realiza la ampliación para las obras del nuevo intercambio a desnivel de El Derby.

“No es un fin altruista. Las firmas cumplen con la ordenanza. En sus contratos, ellas incluyen el costo del traslado y el sembrado de los árboles”, comenta la ingeniera Milagros Ortiz Loayza, jefa de Servicios Externos de la Gerencia de Áreas Verdes de Serpar.

Desde que empezó en el 2015 hasta la fecha, el refugio ha recibido 350 árboles, con los que ya se cubren dos hectáreas. Como se trata de árboles desarrollados, su presencia ayuda a crear un microclima agradable.

Antes de irse, los operarios le dan el primer regado a la planta. Luego, los profesionales expertos en arborización (trabajadores, supervisor, capataces) de Serpar se encargan de regarlo con intensidad durante el mes y medio siguiente y así evitar cualquier efecto de las sales. El manejo incluye dosis de buenos nutrientes. Todo ello requiere para que “pegue” la planta en su segundo hogar.

Molles costeños, ficus, poncianas son las especies que más abundan. También hay tecomas, tipas, melias, papelillos, palmeras, grevileas, casuarinas y otras. En estos días recibirán unas palmeras que miden más de 15 metros de altura. A estas plantas no se les puede podar la copa; de lo contrario, morirían. Así que será un espectáculo su traslado.

Ortiz cuenta que el 90% de los árboles sobrevive (los ficus son los que se han adaptado mejor y son también la especie más abundante en la capital). Acaricia una ponciana adulta, que no obstante tener más de 20 años, se ha adaptado y prendido.

Ella cree que se debe al agua, a la tierra arenosa, que permite echar raíces más rápido que en los suelos arcillosos. Amén del compost.

Buena vecindad

Los árboles del refugio conviven con las áreas de plantación, de especies, en especial el molle costeño, que han crecido en los viveros de Serpar y serán trasladados a las nuevas áreas verdes de Lima.

La ingeniera Ortiz comenta que proyectan hacer “un centro educativo ambiental”. Los primeros invitados serán los alumnos de los colegios de la zona de Lima Norte, tendrá un circuito para hablar del cuidado ambiental. Para ello, desarrollarán la infraestructura necesaria.

Serpar elaborará un inventario detallado de los tipos de árboles que llegan a este refugio. También proyecta aprovechar el espacio para hacer producir “champas de grass”, que actualmente la institución compra de terceros. Y los árboles trasplantados darán sus sombras para dormir o leer una historia con final feliz.

El procedimiento

Para trasladar un árbol, la Gerencia de Gestión Ambiental de la Municipalidad de Lima debe dar la autorización. Luego, se procede a la poda de la copa con una “podadora de altura”, con ello se disminuirá la demanda de agua que necesita la planta leñosa. Luego se realiza el “anillado”, es decir, excavar una zanja alrededor del tronco, lo que permite cortar las raíces laterales. La raíz principal es envuelta con el “pan de tierra” del árbol, mediante una tela de yute.

En el lugar de la plantación se cava un hoyo de 1.5 veces mayor que el volumen del “pan de tierra”.