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Año de la Universalización de la Salud
MARTES 7

de julio de 2020

HÉCTOR MANRIQUE. ACTOR

“Todo arte tiene una función en la sociedad”

Primer actor venezolano nos habla sobre el proceso creativo que enfrenta el actor y cómo aún hay mucho trabajo por hacer.

15/3/2020


Cecilia FernándezSivori

mfernandez@editoraperu.com.pe

Considerado uno de los primeros actores de América Latina, Héctor Manrique aguarda presentar en el país la puesta Sangre en el diván, un monólogo en el que podremos ver toda su capacidad artística sosteniéndose en una historia perturbadora, pero a la vez muy aleccionadora. Conversamos En Confianza con él sobre su entrega al arte, que le ha valido ser considerado una primera figura.

–Usted ha formado a generaciones de actores, ¿su visión del futuro del arte es optimista?

–Hay mucho trabajo por hacer… Estamos hablando del punto de vista de realizaciones humanas y de cómo se encuentra el hombre en este momento de su historia. El trabajo que tenemos que hacer, en todos los ámbitos, es grande, enorme, profundo; por supuesto, el arte no escapa de ello.

–¿Qué cualidades debe reforzar un profesional de la actuación?

–La cualidad fundamental que debe tener un actor es la curiosidad sobre el mundo que lo rodea, lo que significa, sin duda, la indagación de las enormes posibilidades de este oficio. Siempre debe haber una actitud de aprendizaje y búsqueda. Entender que el oficio del actor es como aquel que se lanza de un décimo piso y no sabe cómo va a caer parado; eso pasa cada vez que asume un rol o un proyecto. Como dice el título de la novela de Fernando Fernán Gómez sobre la vida de los actores, este es un viaje hacia ninguna parte.

–¿Teatro, cine o televisión?, ¿en cuál prefiere actuar más?

–En las tres. La que me parezca más riesgosa, más excitante… la actuación en teatro es la más estimulante porque sucede frente al espectador. Tienes, además, una respuesta inmediata de tu trabajo, muchas veces en el cine puede pasar un año, o incluso dos, para que veas la película. Aunque el teatro también tiene esa otra característica que es entender que apenas termina la función, lo que hiciste solo existirá en la memoria del espectador.

–Cuéntenos sobre su experiencia en Venevisión.

–Tuve dos experiencias, una desde el punto de vista pedagógico, donde dicté clases en la academia de actuación de Venevisión durante cuatro o cinco años. Fue muy interesante porque, históricamente, el profesor de creación y los actores eran compañeros muy cortos, de dos o tres meses, o dos clases a la semana. Cuando me llamaron, la única condición que puse fue que sean clases desde las 7 de la mañana hasta las 12 del día, de lunes a viernes, y durante un año. Es decir, los lunes, miércoles y viernes había clases de actuación; y los martes y jueves de voz, dicción y expresión corporal.

–Muy integral…

–Era un taller muy completo; la experiencia pedagógica fue muy buena. Como actor participé en telenovelas, siempre hechas por amigos míos. Eran personajes que me divertía hacerlos porque no tenían una presencia constante en pantalla, lo cual me daba mucho tiempo para seguir haciendo mis cosas.

–¿Cómo elige la obra teatral que dirigirá?

–Para elegir una obra suceden varias cosas. Una es que la obra te interese, te guste, te estimule. La otra es que puedas tener un equipo humano para hacerla; es decir, actores, creativos, escenógrafos, músicos, vestuaristas, producción. Procuro siempre emprender procesos realizables, no estrellarme contra la pared.

–¿Cómo llegó a sus manos Sangre en el diván?

–Sangre en el diván es un libro de investigación y denuncia de la periodista Ibéyise Pacheco sobre el caso del doctor Edmundo Chirinos. Fui al lanzamiento del libro y cuando llegué a un capítulo que se llama ‘El delirio’, que es una larguísima entrevista de la periodista al doctor Chirinos, que quita todas las preguntas y la deja como un largo monólogo, fue que me dije: aquí hay material para hacer un espectáculo. Fueron varios años con ese capítulo en mi cabeza, viendo de qué forma le podía dar una catadura escénica. Hasta que llegué a la conclusión de que podía hacer un monólogo, utilizando las mismas palabras podía ser muy poderoso y el público entendería que eso que estaba diciendo el actor era lo que dijo la persona.

–Fue el punto de partida.

–Me parecía absolutamente increíble que una persona tuviera ese grado de delirio. Alguien que consideraba que el mundo giraba alrededor de él… y lo que más me impactaba es cómo nosotros, como sociedad, nos dejamos engatusar, manipular por estos delirantes.

–¿Cree que el teatro tiene una función que cumplir con la sociedad?

–Todo arte tiene una función en la sociedad; que es hablarle, procurar servir de revelación a esa sociedad, interpretarla, incluso darle un pellizco en las nalgas. De cualquier modo, no veo en el arte, y tampoco por supuesto en el teatro, esa función medianamente religiosa, en el sentido de estar dándole consejos a la gente. Lo veo más como un hecho de revelación, de generador de preguntas, de confrontación. Ese creo que es el rol del arte en la sociedad, llamándonos la atención a partir de una comedia, de una tragedia, de una tragicomedia o de un vodevil; acerca de lo que son las oscuridades de una sociedad.