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Año de la Universalización de la Salud
VIERNES 7

de agosto de 2020

REFLEXIONES

Todos, de nuevo, en el punto de partida

26/7/2020


Sergio Salas

Abogado, Músico criollo

El domingo 15 de marzo del 2020 salió mi columna de opinión en este diario: “La salud es primero”. En esa columna dejaba entrever que muchos artistas teníamos que optar por salvaguardar la salud de nuestro público y cancelar los conciertos ante el avance de un virus llamado covid-19. Pero ¿quién iba a imaginar lo que sucedería ese mismo día más tarde?

Ese domingo por la noche, el presidente Martín Vizcarra salía en señal abierta y a escala nacional a decretar la cuarentena o aislamiento social obligatorio con la finalidad de frenar el avance del coronavirus entre la población y también con la intención de ganar tiempo para abastecerse de suficientes camas UCI y respiradores artificiales. Nadie podría haber imaginado que vendrían cuatro meses como los que hemos vivido.

Durante los primeros días, muchos hemos tratado de mantener los ánimos siempre arriba. Algunos artistas (de todas las disciplinas) que estamos familiarizados con la producción de videos para redes sociales nos volcamos a producir contenido con afán de entretener al público. Otros menos familiarizados con la tecnología tuvieron que aprender a la fuerza porque luego de la primera prórroga del estado de emergencia se dieron cuenta de que la situación iba a ser larga.

Sin embargo, el panorama empeoraba cada vez más. Las noticias eran malas, muy malas, y rápidamente gente que conocemos comenzaba a fallecer. Todos tenemos a algún conocido que ha fallecido producto del covid-19 en estos meses. Pero más allá de eso, el temor de contagiarse, sumado a la paralización de las actividades económicas, ha sumido a muchísimas personas en una severa depresión.

Aquí, formales e informales, han sufrido por igual. Ha habido una satanización de las empresas que optaron por acogerse a la suspensión perfecta de labores. Pero confieso que mi profesión de abogado me ha llevado a ser testigo de empresas que se acogían a esta figura legal no porque quisieran, sino porque no tenían ya dinero para cumplir con las remuneraciones.

Traslademos todo ello a mi campo: la música criolla. Durante años se ha venido argumentando que la música criolla no tiene ventanas, que los anunciantes no apuestan por ella, etcétera. En este espacio he sido crítico con esas posturas pesimistas que muestran al criollismo como una víctima. Por el contrario, he propuesto en más de una oportunidad diversas fórmulas para hacer que el género criollo se produzca y distribuya de una forma acorde con el tiempo que vivimos.

Si hay algo que trajo la pandemia para los géneros musicales es que nos puso a todos nuevamente en el punto inicial de una carrera. Así es. Hoy no hay más conciertos. Como todos sabemos, los conciertos eran la verdadera fuente de ingreso de los músicos. Había artistas y grupos musicales que llenaban espacios con 10,000 personas, algo que parecía muy lejano para la canción criolla. Hoy, esos grupos están como nosotros, sin poder realizar conciertos. Entonces, ¿cómo hacen para comunicarse con su público? Ahí está el detalle.

De todas maneras, usarán las redes sociales. Pero ¿qué van a presentar? Aquí es donde entra el maravilloso mundo de la producción. Durante esta pandemia he visto producciones muy buenas y que merecen ser comentadas (lo haré en las siguientes columnas) y también he visto otras desastrosas. Artistas que cuidan desde su vestuario y maquillaje y otros que, lamentablemente, aparecen de cualquier manera. Están los que cuidan la imagen y el sonido y los que utilizan el micrófono y el lente del celular. Los que preparan un guion y los que improvisan sin ser improvisadores. Quien decide ser artista debe “creérsela” por respeto a sí mismo y a su público.

Si estamos en el punto de partida de una carrera no podemos cometer errores infantiles. Si decidimos entrar al mundo de la música a competir debemos invertir, pero en serio. Nadie corre una final de 100 metros planos en las olimpiadas con zapatillas de lona. Claro, siempre existirán los que digan que la música criolla es mística y guarda ese aura cultural y popular que no está hecha para ser comercial. Yo no pienso igual. La música criolla en algún momento fue comercial y lo puede volver a ser, siempre y cuando se moldee como producto acorde con las necesidades y gustos populares. Es difícil, pero no imposible. La carrera ha empezado, y esta vez hay un grupo de criollos que queremos tomar la delantera, y si por alguna razón salimos rezagados, aplicaré el dicho que siempre digo: Qué importa quién va adelante si el que viene atrás corre bien.




El Diario Oficial El Peruano no se solidariza necesariamente con las opiniones vertidas en esta sección. Los artículos firmados son responsabilidad de sus autores.