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DE CAZUELA

Todos somos hurones

La última aventura de los hermanos Coen es un homenaje al western por medio de seis viñetas con clásicas historias ambientadas en el llamado Lejano Oeste. Buscadores de tesoros, pistoleros rápidos, caravanas de pioneros y demás son retratados con ese humor negro tan característico de esta dupla.

10/3/2019


Ernesto Carlín Gereda

Editor de Culturales

Sin embargo, hay un detalle que no se puede dejar pasar. Las peripecias que vemos son todas de hombres y mujeres blancos. No se aprecian personajes afroamericanos, por ejemplo. Tampoco a otro grupo muy presente en gran cantidad de películas ambientadas en esas latitudes: los mexicanos.

Solo hay un par de apariciones de tribus indias, presentadas como salvajes.

En estos tiempos de lo políticamente correcto, los Coen apuestan por una memoria blanca de la conquista del Oeste. Más allá de los reparos o no que pueda generar esta apuesta, se trata de un filme ágil, con situaciones que combinan bien el drama con la comedia más ácida.

Incluso algunas de las estampas se pueden interpretar como una crítica a la llegada del ser humano a parajes vírgenes. El ejemplo más claro es el episodio del buscador de oro, que cegado por su ambición va alterando un paraíso.

Es un filme que fue pensado por los hermanos durante buen tiempo. Se nota ello por lo bien ensambladas que están las historias. Incluso tiene un inicio y final musical, como si se cerrara de forma similar a como se empezó.

Otro punto a favor en el que se nota la dedicación es que se ha utilizado una estética distinta en cada una de las postales, desde la claridad de la primera historia hasta el lúgubre cuento último.