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DE DESAMPARADOS A HUANCAYO

Tren de altura

Hace 110 años se realizó el primer viaje Lima-Huancayo del Ferrocarril Central. Las obras empezaron en 1869. El tren llegó en 1893 a La Oroya y en 1908 a la estación en Huancayo.

2/12/2018


José Vadillo Vila

jvadillo@editoraperu.com.pe

Desamparados es la estación de trenes más culta del planeta. Queda a espaldas de Palacio de Gobierno de Lima, en el Perú, país con índices de carreta en comprensión de lectura. Sus muros cobijan desde el 2009 a la Casa de la Literatura Peruana (Caslit), ergo, es gran vitrina para las Letras de hoy y de ayer. 

Un par de veces al mes –entre abril y noviembre–, la Caslit vuelve a ser escenario de tránsito de viajeros; petacas y personal del Ferrocarril Central Andino (FCCA) corren por sus pasillos. Ahora son los turistas –nacionales o con pasaporte– los que hacen la ruta Lima-Huancayo-Lima.

Esta historia empezó el 12 de octubre de 1912, cuando la estación Desamparados, el primer edificio de material noble del Perú, abrió sus puertas.

Fue inaugurada por Augusto B. Leguía. Sus columnas jónicas y dóricas fueron idea del arquitecto Rafael Marquina (el mismo del hospital Arzobispo Loayza).

El sueño de Malinowski

Los autores José Ignacio Soria e Isaac Cazorla recuerdan que el ingeniero polaco Ernest Malinowski fue el primero en presentar un proyecto del ferrocarril trasandino: en 1859 tocó las puertas de Palacio, pero don Ramón Castilla desestimó el proyecto.

Empero, Jauja ya sonaba en el constructo de nuestra República empañalada. Soria y Cazorla precisan que en 1860 Manuel Pardo –futuro mandatario– publicó un estudio sobre la provincia de Jauja. Tres años después, se imprimió la resolución suprema que autorizaba el tramo preliminar del ferrocarril de Lima a Jauja.

El empresario ferroviario Enrique Meiggs sabía del trabajo de Malinowski y le encargó el trazo preliminar del futuro ferrocarril. En 1869, Meiggs se comprometió a construir el tren que tejería la ruta Callao-Lima-La Oroya “con sujeción al plano y trazos hechos por el ingeniero en jefe, don Ernesto Malinoswki”, dicen los citados autores.

En febrero de 1870 comenzaron las obras en las que trabajarían más de 10,000 obreros, el 50% de ellos de nacionalidad China, junto con peruanos, bolivianos y chilenos (otras fuentes calculan que el total de trabajadores sumaría los 25,000). Doce meses después empezó a funcionar la primera sección, hasta la estación de San Bartolomé, en Huarochirí.

El proyecto ferroviario se retomaría tras el largo paréntesis de la Guerra con Chile. En 1892 se inauguró un segundo tramo, hasta Casapalca. Ahora llevaba la batuta el empresario Miguel P. Grace. En 1893, el Ferrocarril Central llegó a La Oroya.

La Incontrastable a la vista

El 24 de setiembre de 1908 recién un tren partiría de Lima y llegaría, tras atravesar 58 puentes, 6 zigzags, 69 túneles y 346 kilómetros, a la ciudad de Huancayo.

El viaje inaugural se desarrolló de noche y la protagonista fue una locomotora estadounidense modelo Roger, a la que bautizaron “Yauli”, homónima a la provincia de Junín.

Uno ve llegar hogaño a la locomotora del FCCA y la pregunta cae como la manzana de Newton: ¿por qué no se le da la misma vida que a los trenes del primer mundo?, ¿por qué no se prefiere este medio de transporte seguro a otros?

Lo curioso es que esa misma interrogante nos la hacíamos una década atrás, celebrando el centenario viaje por tren Lima-Huancayo. Entonces, ya la carretera Central sufría de colapso vehicular crónico; hoy, el panorama es más sombrío.

El ferrocarril, que contamina 25% menos, y cuyas vías duran un promedio de 200 años, tiene listos sus vagones a 20 kilómetros/hora. Chu-chú.