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MARTES 15

de octubre de 2019

PROYECTO MEJORA CALIDAD DE VIDA DE AGRICULTORES

Un invernadero en el desierto

La cooperación española y aliados estratégicos han construido el primer invernadero en la región Piura. La iniciativa busca sembrar con cultivos alternativos el desierto de Sechura y la exportación de esta producción.

3/10/2019


Asus 57 años, Marco Tume Martínez suma más de cuatro décadas dedicado a la siembra tradicional de arroz, algodón y maíz, cultivos que, valgan verdades, nunca le resultaron rentables. Hasta que tomó la decisión de reemplazarlos por cultivos alternativos.

Tume es natural del distrito piurano de Rinconada Llicuar. Jura que jamás se imaginó que hubiera podido construir, con su propio esfuerzo, un invernadero en pleno desierto de Sechura, y menos que este le resulte más rentable que los cultivos tradicionales, con los que, paradójicamente, nunca vio “el fruto” de su sudor.



“Sembrábamos arroz, maíz y algodón, pero fracasamos debido a la falta de agua. Además, la inversión era muy alta, los fertilizantes muy caros y la producción muy barata. Fue entonces que me decidí por cultivar maracuyá, papaya, tomate y hortalizas, donde el consumo es diario y nos rinde más. Para ello construí un invernadero rústico”, cuenta sonriente. La fruta cultivada es comercializada por su madre en su propia casa.

Cultivos alternativos

Tume ha sido uno de los primeros agricultores en reproducir el proyecto impulsado por Agrisech, que junto con la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), la Fundación para las Tecnologías Auxiliares de la Agricultura (CT Tecnova), la Universidad de Almería (España) y la Fundación Comunal San Martín de Sechura, ha construido el primer invernadero en la región Piura.

Aquí se cultiva el pimiento amarillo y rojo, además de tomate cherry, que próximamente se exportarán al exigente mercado europeo.

“El proyecto se inició hace tres años. Tiene como objetivo capacitar a productores, técnicos y estudiantes para motivarlos al cambio hacia los cultivos alternativos. La inversión proviene de apoyo internacional mediante Tecnova y el aporte de la Fundación Comunal de San Martín de Sechura”, señala el ingeniero Víctor Zapata Solís, responsable del manejo técnico del invernadero.



Se busca que los agricultores se organicen en asociaciones o empresas para aumentar el área de estos cultivos de exportación, pues existe un buen mercado. Las autoridades de Rinconada Llicuar apoyarán en la implementación de un centro de acopio para que la producción sea procesada y vendida a los mercados nacional e internacional. Además, se tramita ante Senasa las certificaciones y se contratará a una empresa que certifique que el producto es orgánico.

Este invernadero ha sido posible gracias a un convenio con la institución educativa Baltazar Ramos Juárez, la cual ha cedido parte de sus instalaciones por 10 años, ya que los alumnos de los últimos grados de secundaria reciben capacitación y participan activamente en su funcionamiento.

Adiestramiento

Cada tarde, Jhon Carlos Jiménez, estudiante del quinto de secundaria, llega al invernadero para recibir adiestramiento en cuanto a su funcionamiento.

“Desde que se inició este proyecto nos interesamos. Nos quedamos impactados por los beneficios que trae para la comunidad. En las clases, los técnicos nos explican cómo se hace el tratamiento con las plantas y el riego tecnificado, es un proyecto que nos brinda beneficios y podemos elevar nuestra calidad de vida, pero aún necesitamos mayor inversión pública y privada en la provincia. Cuando termine el colegio, una de mis opciones es estudiar ingeniería agrónoma”, señala.

Por su parte, el presidente de la comunidad San Martín de Sechura, Hernán Espinoza Ayala, busca que este proyecto se expanda a todos los comuneros y sea sostenible en el distrito Rinconada Llicuar.

“La prioridad es que este proyecto se reproduzca en favor de toda la comunidad, que nuestros comuneros exporten sus productos y así sea la población la que se beneficie tanto social como económicamente”, precisa.

Por su parte, Lázaro Chunga, representante de la fundación comunal, asegura que este proyecto representa un cambio para la calidad de vida del agricultor. “Con este proyecto buscamos cambiar la agricultura, pese a que aún hay desconocimiento y temor, ya que muchos agricultores no quieren arriesgar, pero estamos trabajando en eso”, enfatiza.



Condiciones de vida

La incorporación de nuevos agricultores que decidan dar el paso hacia los cultivos alternativos podría marcar un hito en la historia de este pequeño pueblo que se levanta sobre el inminente desierto sechurano, y es bañado por el “eterno calor” del norte.

Marco Tume y otros agricultores ahora saben que aún en condiciones adversas, con poco capital y con el temor a cuestas pueden labrarse un futuro mejor y elevar la calidad de vida de sus familias.

“Se trabaja menos, y se gana más”, comenta Tume, acomodándose el característico sombrero de paja toquilla. “Sácame bonito”, nos dice con su inconfundible acento piurano. Aprovecha para pedir al Gobierno para que les preste más apoyo. Mientras tanto, este hombre de campo ya disfruta, finalmente, de los “frutos” de su trabajo. (Texto y fotos: Jahel Yovera Cobeñas)