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Un mural para la chicha

Por una propuesta política en que se incluyera la tradición y la cultura, en Cusco recientemente se pintó un mural, que refleja el mundo onírico de las famosas chicherías y, a la vez, es un homenaje a la chicha, aquella bebida milenaria del antiguo Perú.

26/11/2018


Luz María Crevoisier

Periodista




“Fue en setiembre y estando reunidos en la Vilma, una de las tantas picanterías cusqueñas, decidimos hacer un mural con la emblemática chicha como símbolo de nuestra cultura, y gracias al artista Edwin Chávez Farfán conseguimos la pared que nos faltaba”, relata  a El Peruano el artista plástico Mario Curasi, coartífice de esta obra de arte. La obra se realizó al mes siguiente.


“Edwin nos regaló la pared delantera de su casa ubicada en Tres Cruces de Oro, camino obligado para medio Cusco para hacer las compras en el mercado de San Pedro y Ccascaparo. Así, con mis cincuenta años a cuestas, subí a los andamios e hice mi parte, el Qori-sara o maíz de oro y un kero, Edwin un tumi inca y Julián Zacarías, (un artista argentino que reside en el valle sagrado de los Incas) una mujer andina echando de una pequeña chomba el sagrado líquido y hacia la izquierda un varayoc y un ukuku bebiendo el alimento del Incario”.

Voces chicheras

Para conocer las chicherías, esos rincones tan tradicionales en Cusco y en donde se crearon historias y quién sabe qué leyendas, conversamos con dos de sus habitúes: el ilustrador Fernando Bolívar Mendoza y el artista plástico y profesor Mario Curasi

Bolívar nos dice que han sido desalojadas del centro histórico de ese Cusco que crece de manera desproporcionada. “Si antes eran frecuentadas por obreros y artesanos, ahora lo son por estudiantes, artistas, periodistas y también turistas, pero muchas han perdido sus costumbres y las rocolas sustituyeron a los músicos populares”.

Mario Curasi Rodríguez nos dictó cátedra sobre la preparación de la chicha y su consumo en diferentes espacios. “La chicha fue, es y será siempre parte de mi vida, pues desde niño he visto y saboreado sus diferentes tipos. Mi abuela hacía la cosecha y el deshoje del maíz besando aquellos granos amarillos, denominándolos qori sara (maíz de oro). Además, me pasé noches enteras junto al fogón viendo cómo hervía el wiñapo (maíz molido en batán mezclado con agua), después se filtraba sobre paja y guardaba en el raki (vasija o tomín de barro), apartando el maíz cernido, denominado sutuche, para alimento de los cuyes, que pululaban en las chicherías antañonas”.

El artista, especializado en dibujo y pintura, manifiesta: “Las chicherías se extendieron y se acostumbra beber a las 4 de la tarde en vasos de vidrio llamados catedral, acompañados del picante (comida en plato pequeño de mote, el nabo, solterito, mondonguito, estofado y otros) junto al uchucuta o el yatán, esos preparados tradicionales a base de rocoto”. Una flor roja colgando de una vara, es la señal de que ya la chicha está “fermentando”.

“Su sabor varía desde la más dulce a la más amarga, de acuerdo a la clase de maíz como el amarillo o qori sara, el kulli, de diferentes colores. A veces escuchaba que estaba curada, cuando se le agregaba licor o la arreglaban cuando era chicha upi o sea no madura”.

Dato

En la casona del muro, signada con el número 380 de la calle Tres Cruces de Oro, funcionará el centro cultural K’ancharina, antiguo nombre de aquel barrio.