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Año de la Universalización de la Salud
VIERNES 7

de agosto de 2020

ANÁLISIS

Una agenda para después del bicentenario

30/7/2020


Ricardo L. Falla Carrillo

Director del Programa de Humanidades de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya

Reconocer los procesos y sucesos más relevantes de nuestra historia republicana es una labor necesaria para determinar, con serenidad, qué es lo que hicimos bien o mal como colectividad en estos doscientos años de condición independiente. De ahí que este ejercicio intelectual será provechoso para identificar las causas y efectos de nuestros eventos nacionales y, también, para formar interpretaciones amplias y enriquecedoras sobre los mismos. Sin este saber será imposible plantear la dirección de lo que queremos como país en el futuro.

El reconocimiento de nuestra historia nos lleva a descubrir que uno de nuestros mayores errores fue ignorar el lugar que tiene el conocimiento teórico, científico y tecnológico en su relación con el ejercicio del poder. Tal descuido no nos permitió construir un sistema del conocimiento: una red que articule los centros de formación del saber de nuestra sociedad (universidades, academias de investigación, entidades públicas y privadas, entre otros) con las instituciones que toman decisiones de diverso impacto. Sin el saber organizado y metódico, el poder institucionalizado careció de visión para identificar las potencialidades de la nación.

Peruanos que nos antecedieron, como Francisco de Paula Gonzales Vigil, González Prada, Francisco García Calderón, Riva Agüero, V. A. Belaunde, Haya de la Torre, Mariátegui, Basadre, Mariano Ibérico, Carlos Cueto, Francisco Miró Quesada C., Eudocio Ravines, Augusto Salazar Bondy, entre otros, nos alertaron, desde sus contextos, sobre este problema cardinal, es decir, que nuestro país no vinculaba el conocimiento al ejercicio del poder.

Dar la espalda a quienes nos pensaron fue un grave error. Porque desoímos a los que elaboraron una reflexión profunda de lo que somos como realidad social y cultural diferenciada. La teorización problematizadora de nuestros autores era la manera cómo el país se pensaba a sí mismo. Y pudo haber sido la base intelectual de las políticas de estado de largo aliento. Lamentablemente, desconocimos aquel legado, asumimos percepciones externas de lo que somos e hicimos nuestras interpretaciones que no tenían relación con nuestro devenir.

Tenemos una enorme responsabilidad con los peruanos y peruanas que nos sucederán. El Perú no terminará con nosotros, seguirá existiendo por un tiempo indefinido. Pero el modo cómo será esa existencia está condicionado a lo que nosotros decidamos. Si optamos por actuar sin el pensar crítico, organizado y metódico habrá una evidente repercusión negativa sobre nuestros herederos.

Aún estamos a tiempo para construir las relaciones entre conocimiento, ciencia y poder. Lo que hagamos en adelante, en una dimensión amplia de la temporalidad, dependerá de esta vinculación real. Ser independientes es proceder con autonomía. Y sin conocimiento, esta acción es imposible. Depende de nosotros si los próximos doscientos años empiezan hoy.




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