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Año del diálogo y la reconciliación nacional
DOMINGO 22

de julio de 2018

LITERATURA PERUANA

Una señora escritora

Las experiencias que enfrentamos pueden tener como resultado emociones perturbadoras o convertirse en el bagaje para crear una narrativa diferente y fascinante como en los libros de la peruana Irma del Águila.

7/1/2018


Luz María Crevoisier

Periodista

Pocas veces tomamos un libro y nos subyuga  de principio a fin. Esto me sucedió con Mínima Señal, un conjunto de narraciones pertenecientes a la escritora y socióloga Irma del Águila (Lima, 1966).

La edición, que contiene siete relatos con la misma estructura y como colofón otro que pareciera de ciencia ficción, ha sido editado por el Fondo de Cultura Económica el año que pasó y fue presentado como parte del conversatorio “Lo familiar que nos perturba” en la Feria del Libro Ricardo Palma.

Como escritora, Irma del Águila ganó en el 2005 el II Concurso Internacional de Cuentos de Lan.com y el diario La Tercera de Chile con Primera Travesía y el III Premio de Novela Breve de la Cámara Peruana del Libro con El Hombre que hablaba del cielo (Editorial Planeta, 2011).

Observar y escribir

Su especialización de socióloga por la Pontificia Universidad Católica le ha permitido acercarse a situaciones y poblaciones no siempre accesibles para cualquier escritor y tomar de esas experiencias los recursos que le han servido para enriquecer una narrativa poco común y que ella maneja con verdadera maestría.

El Diario Oficial El Peruano conversó con esta experimentada narradora, que nos brindó argumentos de su trabajo. Entre los alcances que nos brindó estuvieron algunas pistas para entender a recurrentes personajes suyos como la misteriosa periodista Cristina, protagonista en varios de sus relatos.

“Es en efecto un personaje que presento en dos novelas y algunos relatos. Apareció por vez primera en “El último capítulo” ambientado en Haití de 1994 –vísperas de la intervención militar de los Estados Unidos bajo el auspicio de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), para derrocar al régimen de facto del general Cedras–. Se justificaba la presencia de una mujer extranjera en aquella etapa de violencia. Yo era observadora de Derechos Humanos, entonces solamente quedaba el ser periodista (risas)”.

Uno de los destinos donde recaló en busca de inspiración fue Cusco. En la Ciudad Imperial recogió la historia que cuenta cómo la espadaña de la torre del templo de San Blas fue derribada por un rayo al impactar con la cruz que la coronaba.

“Este hecho se mimetiza con el conflicto interno de una mujer que busca refugio bajo un dintel de piedra en aquel recinto, produciéndose así un trasvase; la mujer que somatiza al mundo”, nos explica la autora.

Selva cercana

Su amor por la Amazonía le viene de la infancia, pues la abuela paterna no quiso vivir en Lima y prefirió Moyobamba, y fue allí donde la futura escritora se impacta con sus habitantes.

“Tomé contacto con los primeros awajún, que llegaban a comerciar a Moyobamba”, contó al Diario Oficial El Peruano. “Más tarde, siendo directora del programa “Pueblos Indígenas y Globalización” visité varias comunidades de la Selva buscando un intercambio de educación intercultural bilingüe, con ellos”, recordó.

Entre otras experiencias nos relata su entrevista con el curandero y otros líderes de Santa Rosa de Huacaria, cerca del Parque Nacional del Manu, que le permitieron recoger relatos sobre el árbol mágico en lengua huachiperi. Dicho idioma enfrenta el riesgo de extinguirse.

Como resultado de estos encuentros, el Instituto Bartolomé de las Casas editó su libro, complementado con dibujos de los niños de esa comunidad. “El regocijo de ellos fue muy grande cuando lo vieron”, contó.