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ENFOQUE

Valentino, el primer divo de un Hollywood mudo

Tenía nombre de aristócrata pero nació en cuna humilde.

11/8/2019


Javier Alejandro Ramos

Periodista

Tenía nombre de aristócrata pero nació en cuna humilde. Rodolfo Valentino, el primer galán del celuloide, vio la luz en Castellaneta, ubicada en la región italiana de Apulia, en mayo de 1895, y falleció a los 31 años, el 23 de agosto de 1926, dejando tras de sí un halo de misterio, y convirtiéndose en un mito del cine, como Marilyn Monroe, James Dean, Greta Garbo y Humphrey Bogart, similar a lo logrado en la música por Elvis Presley, John Lennon, Carlos Gardel y Michael Jackson.

Rodolfo Alfonzo Raffaello Pierre Filibert Guglielmi di Valentina d’Antonguolla llegó al mundo al mismo tiempo que el cinematógrafo. Desde muy joven destacó como un atleta apolíneo, de porte alto y varonil, capaz de danzar tango como de azotar caballos, y con una mirada que las mujeres veían como seductoramente soñadora, pero que era producto de una avanzada miopía.

En Nueva York, a donde llegó en 1913, sin dinero, hizo de jardinero, bailarín, mesero y hasta gigoló. Hizo amistades en la alta sociedad, estuvo involucrado en el escandaloso asesinato de un millonario a manos de su esposa y se trasladó a Hollywood. Ahí, bajo la batuta del director irlandés Rex Ingram, americanizó su nombre por el de Rodolfo Valentino, y se convirtió en el delirante galán con miles de enfervorizadas fanáticas, solteras, casadas, viudas o divorciadas, que soñaban con un apasionado beso suyo.

Su carrera no fue muy larga. Intervino como extra y figurante en algunas cintas, y su apostura de latin lover le valió comentarios positivos pese a que no pronunciaba una palabra. Luego llegaron Los cuatro jinetes del Apocalipsis, El Sheik, Camille, y Sangre y arena.

Estuvo casado un mes, en 1919, con la actriz Jean Acker, para luego sostener una tórrida relación matrimonial con la directora artística, diseñadora de modas y productora Natacha Rambova, quien le dio un giro a su carrera.

Tras divorciarse también de ella, quien manejaba sus finanzas, se le atribuyó varios romances, entre ellos con la intérprete polaca Pola Negri.

Poco después del suceso de su último filme, El hijo del Sheik, falleció de peritonitis. Miles de versiones se tejieron sobre esto. Que había sido baleado por un marido celoso, que lo fulminó la sífilis, que fue envenenado por una amante despechada, y muchas más.

Negri hizo un famoso viaje en tren para asistir al funeral de su amado. Ante el féretro sollozaba histéricamente y aparentaba estar presa de una crisis nerviosa inigualable.

Durante décadas, miles de seguidoras ataviadas con distinguidos vestidos negros han visitado su tumba para soltar ante ella lágrimas y ramilletes de flores lánguidamente. E incluso para suicidarse, tanto ahí como en habitaciones de hotel con la cama repleta de fotos del inalcanzable actor.