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Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
JUEVES 5

de diciembre de 2019

PSICOLOGÍA SOCIAL

Valores para un Perú diferente

Con miras al bicentenario, el psicólogo Jorge Yamamoto propone un urgente (y necesario) Plan Nacional de Valores, enfocado en la lealtad, el manejo de la envidia y el trabajo meritocrático. La cruzada por una sociedad diferente solo funcionará si involucra a todos. ¿Usted se apunta?

29/11/2019


José Vadillo Vila

jvadillo@editoraperu.com.pe

No es “chauchilla”. La violencia, la corrupción, la coima picotean el futuro del Perú como zopilotes famélicos. El disco duro de (muchos) peruanos de distintos niveles socioeconómicos está infestado de un virus: aplauden cuando se comete una fechoría. “La sabe hacer”. “Campeonó”. Necesitan, con urgencia, “resetearse” en masa.

Jorge Yamamoto, el psicólogo que nos tentó a mudarnos a Huancayo cuando reveló –data en mano– que los peruanos más trabajadores y felices vivían en el valle del Mantaro, lleva 30 años investigando las mentalidades de las pequeñas comunidades tradicionales y de grandes ciudades urbanas. Le pregunto cuál sería el mejor regalo para el cumpleaños 200 del Perú. Y que no sea caro.



El regalo de un PNV

El investigador no habla de construir bustos para nuevos ni consagrados héroes ni de inaugurar emblemáticos colegios, hospitales ni avenidas bicentenarias. Propone encaminar un Plan Nacional de Valores (PNV), pero nos mojamos todos, advierte, empresariado, medios de comunicación, iglesias, Estado. Todos y todas. “Sería el mejor regalo para el Perú, nuestros hijos y nuestros nietos”, dice.

Solo debemos trabajar sobre “tres o cinco” valores fundamentales; con alto impacto mediático y que involucren a toda la ciudadanía. Yamamoto apuesta por el PNV, que resulta más económico que la lucha anticorrupción, que supone millones de soles.

La propuesta no es arbitraria, parte del análisis que se ha efectuado en otros países cercados por la corrupción y que salieron adelante gracias a “sólidos valores”. Aquí la propuesta para un PNV:

1) Seamos leales, pero no solo a nuestra “argolla” (familiar, amical). Propone Yamamoto: seamos leales a las instituciones y al país. 2) Cambiar la “envidia machetera” por una “envidia progresista”. Es decir, dejar en la exclusa de la papelera de reciclaje el clásico verbatum peruviano, “tu envidia es mi progreso”. 3) Seamos chamba, sí, pero “chamba meritocrática y eficiente”.

El psicólogo y docente de la PUCP explica que la ejecución del PNV tomaría 15 años de trabajo, mirando a la próxima generación de peruanos. Porque no hay varitas mágicas ni decretos de urgencia para cambiar esos valores de una sociedad. Solo así, “los peruanos se volverán más progresistas y más dados a la felicidad”, dice. Tu felicidad es mi progreso.

Al cortar el mal ejemplo, se puede hacer el giro de persona “chamba” a persona de “chamba meritocrática”. En 13 años, pronostica, la siguiente generación tendrá valores más limpios. Quien lo demostró es Corea: trabajó 3 valores por varias décadas y logró cambios profundos.

Sin embargo, acota, lo más importante es que debe ser un compromiso de todos los agentes de socialización. Un ejemplo que se da de arriba hacia abajo; de los que se habla desde el nido-jardín hasta la universidad, y siempre, “protagonizando conductas”.



Explica que son contraproducentes las medidas de ciertas iniciativas –empresariales, distritales, etcétera–, que apuestan por enormes y variopintos valores. Lo mejor, ser concretos, repite. El otro defecto es cuando un grupo quiere liderar una campaña, pero solo comparte su idea con su “argolla”.

Mano dura

Esta propuesta debe ir de la mano con un Plan de Castigos y Refuerzos que ayudará al cambio de conductas y un Plan Nacional de Recursos Humanos, enfocado en inducir valores en el ámbito empresarial.

Yamamoto, quien conoce al dedillo ese terror tan peruano hacia los planes al mediano y largo plazo, dice que hay técnicas que permitirían ver resultados de un PNV en distintas fases, y basadas en metas simples.

Respetar la luz roja

Ojo, el plan debe castigar, por ejemplo, al que se pasa la luz roja, pero el castigo tiene que ser “justo, bien administrado, sin coimas y de la mano con una campaña de honestidad”.

Mostrar al país los resultados de esas medidas y aumentar las metas cada mes, por ejemplo, reducir los índices de gente que se pasa la luz roja hasta llegar al 5% o menos, es un reto país.

Al lograr a nivel de la conciencia de que las normas son buenas y quitar las normas absurdas, “la gente se daría cuenta de que eso es superior al caos vehicular y se volvería un hábito entre peruanos”, finaliza.



Cuidado con los jóvenes

El psicólogo advierte sobre el horizonte con los jóvenes, que solo buscan el placer hedonista y, entre universitarios, ya se ve que son malos estudiantes e irresponsables. Además, hay “un entorno es paupérrimo, sin meritocracia, justicia, con violencia familiar que ha subido 1.8 veces en los últimos años; con delincuencia y corrupción. Si no hacemos algo central, radical, tendremos una generación de locos, de Jockers, si es que ya no la tenemos, en algún sentido”.



También advierte del neorracismo: que ha obligado, desde hace una década, a que los provincianos se despojen rápidamente de sus acentos regionales para no ser “choleados o chuncheados” en la capital. Dice que si no tomamos el reto de cambiar, en tres generaciones tendremos una sociedad más discriminatoria.