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EXPOSICIÓN

Vías del recuerdo

Una muestra gráfica en el Centro de Lima resume la historia del Ferrocarril Central y la estación de Desamparados.

25/1/2017


José Vadillo Vila

jvadillo@editoraperu.com.pe

Fotos (cortesía): Casa de la Literatura Peruana

Los poemas de Juan Parra del Riego, Laura Riesco, Arturo Corcuera, Enrique Verástegui, Jorge Teillier parecen bonsáis tijereteados al lado de los rieles. A su vez, estos dibujan fechas, fotos y datos de una larga infografía que resume, en dos paredes, la historia de la Estación Central y la del Ferrocarril Central Trasandino.

La muestra se llama Ojo, pare, cruce, tren. Historia y literatura del Ferrocarril Central, y ocupa una sala especial en la Casa de la Literatura Peruana (Caslit), a tiro de piedra del Palacio de Gobierno.

Línea de tiempo

En este génesis de durmientes y vagones encontramos el tren de Lima y Callao, que empezó a conectar estos dos puntos en 1851. Era un centro neurálgico de la urbe. Para graficarlo, Manuel Atanasio Fuentes (1867) escribe: “La biscochera más popular, en el día, es la que se coloca en la estación del ferrocarril de Lima para el Callao”.

Faltarían 19 años para la inauguración del Ferrocarril Central, cuyo corazón capitalino era la Estación de Desamparados (adyacente a la colonial iglesia y convento de Nuestra Señora de los Desamparados, que se demolió en 1938 por las obras de ampliación de Palacio de Gobierno; la iglesia se trasladó al distrito de Breña). Tardaría otro puñado de años (1893) para que la locomotora ‘La Favorita’ surcara los Andes y llegara hasta la ciudad de La Oroya.

El cambio del puente Verrugas a puente Carrión no fue gratuito; el mártir de la Medicina Peruana investigó hacia 1885 los estragos que causaba la ‘fiebre de La Oroya’ o verruga entre los trabajadores del Ferrocarril Central.

Recién en 1908 llegó a La Incontrastable, Huancayo. Tendrían que esperarse otras dos décadas (1926) para que se inaugurara el ‘Tren Macho’ (Huancayo-Huancavelica), que es otra historia.

Pero la estación que ahora vemos y es hogar de la Caslit desde 2009 es la segunda. La primera fue destruida por un incendio hacia 1908. El 22 de setiembre de 1912, se inauguró el edificio actual, trabajo del arquitecto Rafael Marquina y el ingeniero polaco Ernesto Malinowski.

Terminología

La muestra incluye diversos documentos relacionados con la historia de nuestro ferrocarril (reglamentos, tiques, sellos), además de algunas de las investigaciones sobre Desamparados, el ferrocarril y su constructor, Malinowski.

Repasar las hojas de un breve “diccionario ferroviario” ayuda al visitante a familiarizarse con este mundo habitado por maquinistas, carrilanos, brequeros, estaciones, en el cual el lenguaje coloquial se refería a rieles, zigzags, túneles, tornamesas, y durmientes.

Los testimonios

“Me fascinaban las actividades de la estación del ferrocarril al Callao y la Sierra –el espectáculo de las maniobras de los largos convoyes–, la llegada al atardecer del resoplante fatigado y piteante tren de Huancayo que desbordaba por ventanales y portezuelas un gentío colorido y vocinglero cargado de maletas, canastas y paquetes”, escribió el poeta Emilio Adolfo Westphalen hacia 1995.

El mecánico Tomás Martínez pinta canas y nostalgias. Trabajó por cuatro años en los trenes. Conoce de memoria las estaciones de la Empresa Nacional de Ferrocarriles (Enafer). Se le hace un nudo en la garganta cuando recuerda aquel 1995. Entonces, Enafer fue liquidada por orden del gobierno de Fujimori; eran tiempos de la privatización del Estado.

El ferrocarril no solo servía para transportar minerales de la Sierra a la Costa. Y eso lo hacía más valioso en términos sentimentales: unía el país.

María Eugenia Cerrón recuerda cuando viajar en tren desde Huancayo era la gran aventura para todos los niños de la década del 60 (hagamos memoria: la pavimentación y ensanchamiento de la carretera Central es reciente, de la década de los 80, durante el segundo gobierno de Fernando Belaunde). Viajar era una aventura bulliciosa por medio de un mundo de vagones de primera, segunda y tercera clase; de los viandantes, de bultos que se tenían que poner con cuidado, del boletero con su gorrita negra, que pasaba pidiendo los tiques.

El ferrocarril es un símbolo republicano. Debe haber demasiadas razones de por qué la modernización implicó el sacrificio de varias de las líneas de tren; una de ellas, claro, es que quedaron atrás los tiempos del guano y el salitre, y otra, la llegada de los camiones.

Teresa Morán hace memoria: se iba a Ancón y Lurín por tren. Dice que en la plaza Miguel Grau del Callao se tomaba el tren para venir a la Estación de Desamparados y visitar la gran Lima. Hoy, la Caslit recuerda la esencia de este espacio ya tradicional y síntesis de la historia de dos siglos, del empuje de un país.

Datos

Exposición Ojo, pare, cruce, tren. Historia y literatura del Ferrocarril Central irá hasta marzo.

Se puede visitar gratuitamente, de martes a domingo, en la Casa de la Literatura Peruana, jirón Áncash 207, Centro de Lima.

65 túneles y 61 puentes atraviesa el Ferrocarril Central en su recorrido.