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Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
JUEVES 5

de diciembre de 2019

TECNOLOGÍA SUMA AL MANEJO DE RECURSOS FORESTALES

Vigilantes del bosque

La deforestación es una de las mayores amenazas del patrimonio natural del país. Frente a ello, dos comunidades shipibo-conibo de Ucayali utilizan las nuevas tecnologías para conservar sus bosques en pie.

2/12/2019


Cuando oyeron el zumbido, nada pudo hacer la profesora para mantener la atención de los niños. “¡Néno!, ¡dron!, ¡oincanhue!” (“¡Aquí, el dron, miren!”), gritaban y señalaban el artefacto que volaba sobre sus cabezas.

Aunque no aparezca entre las más de 5,000 palabras que recoge el diccionario shipibo del Instituto Lingüístico de Verano de Ucayali, el término “dron” está de moda en las comunidades nativas de Nuevo Saposoa y Patria Nueva, en la provincia de Coronel Portillo, región Ucayali.

“Nuestros hijos entienden que la tecnología también sirve para proteger los bosques”, comenta Larry Cairuna, presidente del subcomité de monitoreo y vigilancia de bosques de Nuevo Saposoa.

Este grupo fue creado hace siete años, cuando la fundación norteamericana Rainforest trajo esta propuesta, basada en la tecnología para conservar los bosques tropicales. Hasta entonces, en ambas comunidades shipibas apenas habían escuchado conceptos como “deforestación”, “cambio climático” o “conservación”.

“Al principio, rechazábamos todo lo relacionado con conservación. Pensábamos que era una treta del Estado para quedarse con nuestras tierras”, recuerda Deivis Reá-tegui, vigilante del bosque.

Aprender a mirar

Más de la mitad del territorio peruano está cubierto por bosques. Pero desde el inicio de este siglo, el país ha perdido un promedio de 125,000 hectáreas al año, equiparable al 65% del territorio de Lima Metropolitana. Los más de dos millones de hectáreas deforestadas demuestran que la relación sociedad peruana-bosques ha sido de desconocimiento e indiferencia.

Roberto Guerra, al igual que el resto de sus vecinos en Patria Nueva, talaba los árboles sin preguntarse para qué más podían servir. “De los técnicos aprendimos que los bosques son más rentables cuando los conservábamos en pie”, admite. “El bosque, que antes consideraba como un simple objeto, ahora se ha convertido en mi mundo”, agrega el líder shipibo Teddy Cairuna.

A sus 32 años, Teddy recién descubrió cómo era realmente el bosque que lo rodeaba. Durante décadas, las motosierras formaban parte del paisaje sonoro del bosque. Teddy lamenta que, cuando niño, no recibiera una formación sobre las propiedades curativas de las plantas y reconoce que le tomó mucho tiempo encontrar el camino para conectarse con su hábitat.

En pocos años, las temperaturas cambiaron demasiado los bosques; los períodos de lluvia se han acortado y, cuando llegan las tormentas, arrasan los cultivos de maíz y yuca, provocando un serio problema de alimentación a la comunidad. El descampado, donde se asientan las cincuenta familias, se convierte en una laguna que les llega hasta la altura de los hombros. El resto del año, el nivel del río disminuye tanto que apenas pueden navegar en bote para sacar sus productos hacia los mercados que se montan en la orilla del río Ucayali.



“Cuando los primeros técnicos mencionaban la captura de carbono, nosotros pensábamos que se referían a la quema de madera cuando hacíamos carbón”, recuerda Larry Cairuna.

En países forestales como el Perú, la deforestación es la principal fuente de emisiones de gases de efecto invernadero. Por eso, si el país implementa con éxito todas las medidas de mitigación previstas logrará cumplir con más de la mitad de las reducciones de GEI acordadas para el 2030.

“Ave” que vigila todo

A Deivis Reátegui todavía le duele recordar cuando su hijo de 5 años le dijo muy serio: “Papá, ya no quiero que seas un depredador”. Ese mismo día, Deivis colgó la motosierra y se apuntó como vigilante del bosque.

La conformación de estos grupos es la evidencia más tangible del cambio de mentalidad. Hace menos de una década los nativos desconocían los límites de su territorio y les resultaba muy difícil expulsar a los taladores ilegales. Tampoco recibían apoyo de las instituciones. Se sentían solos. Cuando empezaron a tomar conciencia se enfrentaron a colonos, especuladores de tierras y a narcotraficantes. Las permanentes amenazas de muerte convirtieron al monte en un lugar muy peligroso.

Larry Cayruna muestra en su celular la magnitud del desastre del 2015. La imagen evidencia más de 250 alertas registradas dentro de su delimitación. Era una imagen llena de puntos rojos que contrasta con la imagen registrada dos años después, donde “la enfermedad” está erradicada. Este año, Larry puede asegurar que la tecnología ha mejorado la vida de toda la comunidad. Ahora sienten el respaldo cercano de las autoridades ambientales y sus actividades de vigilancia son más seguras.

Una identidad natural

Las nuevas oportunidades han hecho que muchos jóvenes no viajen a la costa como lo hicieron sus padres para trabajar en empresas agroexportadoras.

En Patria Nueva, el aprovechamiento de la madera da trabajo a veinte personas. La trabajan bajo un plan de manejo comunitario y con la supervisión de un ingeniero forestal contratado. Este año su declaración de manejo (DEMA) contempla la extracción de 220 árboles ‘maduros’ que, una vez talados y trozados, venderán con todos los permisos y guías reglamentarias a un aserradero de Pucallpa.



Pero no todos los árboles del bosque shipibo tendrán el mismo final. En la vecina Nuevo Saposoa, un gigantesco shihuahuaco (Dipteryx micrantha) aún se mantiene en pie después de 700 años. Sus raíces profundas, su tronco grueso y robusto, y sus ramas, que crecen buscando la luz sobre los cincuenta metros, lo han convertido en el símbolo de la comunidad.

“Antes incluso de cuidar los bosques deberíamos hacerlo con las costumbres ancestrales, porque si estas desaparecen, los bosques también lo harán”, sostiene César del Castillo, técnico local del programa Bosques.

Alerta con dron

El sistema de alerta temprana es sencillo: la plataforma informática del Programa Nacional de Conservación de Bosques para la Mitigación del Cambio Climático (Programa Bosques) detecta el problema y envía una alerta que reciben los miembros del subcomité. Localizan el punto con exactitud a través de un GPS. Después, se reúnen, fijan una fecha y determinan cómo llegar. Son expediciones que toman varios días por el tamaño de los territorios de las comunidades –Nuevo Saposoa es diez veces más grande que el distrito limeño de Miraflores– y en las que participan hasta ocho personas. El dron cumple dos roles fundamentales: 1) registra las evidencias con claridad, y 2) reduce el riesgo de enfrentamientos entre nativos e invasores. Cuando el equipo regresa a la comunidad, se convoca a una asamblea general en la que, entre todos, deciden las acciones que tomarán.

Cifra

69  Millones DE HA DE BOSQUES POSEE EL PERÚ. ESTÁN AMENAZADAS POR LA DEGRADACIÓN Y LA DEFORESTACIÓN (MINAM, 2015).