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Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
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ENFOQUE

Violencia contra la mujer e impunidad

De acuerdo con las últimas estadísticas, el 68% de mujeres ha sufrido violencia durante su vida, ya sea psicológica, física o sexual, de parte de sus parejas (ENDES,2016).

20/6/2017


Liz Meléndez

Socióloga-Directora de Flora Tristán

Los feminicidios, 45 en lo que va del año, así como las tentativas de este crimen, evidencian no solo la consecuencia fatal de la prevalencia de la violencia, sino además la crueldad que subyace en las agresiones y el odio que llega a inscribirse en el cuerpo de las víctimas; cuando sus agresores buscan asesinarlas y les causan profundos sufrimientos físicos.

Podemos –dolorosamente– contar casos de mujeres quemadas, mutiladas o agredidas con una brutalidad que solo puede entenderse en la misoginia que se plasma en estos crímenes, que, por supuesto, no son aislados, son el resultado de una cadena de violencias y de la impunidad que prevalece en el país.

La impunidad, este vergonzoso mal, es un denominador común en la mayoría de casos de violencia de género. En el 2016, el 46% de víctimas de feminicidio o tentativa acudió previamente a una instancia estatal a reportar hechos de violencia.

Es debido a la impunidad, ampliamente extendida y difícil de combatir, que muchas mujeres no acceden a la justicia, pero además han dejado de creer en la misma, resignándose a no denunciar o renunciando a procesos judiciales adversos en los que son ellas las que terminan siendo juzgadas, maltratadas y estigmatizadas.

Uno de los casos más emblemáticos de impunidad es el caso de Adriano Pozo, quien agredió brutalmente a Arlette Contreras en el 2015. Deberíamos recordar el nombre de este individuo como un agresor, quien aún campea en las calles sin sanción adecuada, en un país sin justicia para las mujeres.

¿Acaso puede alguien negar que Adriano Pozo es un agresor?

La agresión –casi de muerte– que sufrió Arlette tuvo un fuerte impacto en su vida, pero más aún lo tiene la frustración que genera la impunidad. Tan doloroso como un hecho de violencia es la revictimización a la que se expone a las mujeres violentadas al negarles el derecho a acceder a la justicia. Así como Arlette, muchas otras mujeres se ven expuestas a una serie de obstáculos en el sistema, que no solo desaniman, sino que también reafirman las percepciones de inseguridad en las víctimas.

El caso de Arlette es un ejemplo lamentable de impunidad, un caso emblemático que ha contado con pruebas contundentes, con la perseverancia y decisión infranqueable de la víctima; aun así, no ha avanzado de forma favorable. Ella sigue en la búsqueda de justicia.

El problema no son las pruebas, tampoco la decisión de las mujeres para dar continuidad a una denuncia, es cómo se ejerce justicia en el país, cómo se interpretan los derechos de las mujeres y se aplican las normas que tenemos. De nada nos sirve seguir avanzando en la generación de buenos marcos jurídicos para enfrentar la violencia, si estos no se aplican adecuadamente, sin corrupción, libres de estereotipos y discriminación.