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PALABRAS CONTRA EL DESASOSIEGO

Y los sordos escucharon

Cuando la poesía habla, todos los presentes oyen lo que las letras dicen. Y esto lo sabe muy bien la poeta arequipeña Patricia del Valle Cárdenas, quien ha sabido construir versos para despertarnos del letargo.

4/3/2018


Luz María Crevoisier

Periodista

Como una mujer de tres regiones se podría definir a la poeta y arquitecta Patricia del Valle, pues nació en Arequipa, desarrolló su niñez en Piura y, al concluir la adolescencia, se trasladó junto con su familia a Lima.

Por ello, algunas veces está catalogada como arequipeña; otras, piurana de pura cepa; y finalmente, una hija más de esta variopinta Lima. Pero ella confiesa sentirse como una provinciana más y habita en la ciudad del Rímac.

“Mi padre era ingeniero civil y no le pareció práctica mi decisión de estudiar artes plásticas, por eso me decidí por la arquitectura, afín con esa disciplina”, confiesa la poeta Del Valle al Diario Oficial El Peruano.

“Pero como seguía este empeño por el arte, decidí tomar cursos libres en la escuela de Bellas Artes”.

Era la década de 1980, los jóvenes hallaron una nueva forma de expresión por medio del rock en español, con los míticos Gustavo Cerati, Charly García, Arena Hash, Los Prisioneros; y la poesía, hermana predilecta de la música, encontró en aquella etapa un nuevo derrotero, más intimista y provocador.

Patricia se dejaba seducir por estas expresiones desde el silencio de su propia voz. “Anduve con varios grupos, como los poetas de Hora Zero –movimiento surgido una década antes para romper los cánones literarios establecidos–, pero no me atrevía a mostrar lo mío, era muy reservada”.

El encuentro con los poetas de 1980, especialmente con la Sagrada Familia –cuyos representantes son Róger Santiváñez, Juan Carlos Lázaro, Freddy Roncalla– y con los controversiales Kloaca, la fue marcando con fuegos extrasensoriales. Y sucumbió a la poesía.

Recuerda especialmente dos nombres como cómplices de sus primeras aventuras editoriales: Juan Carlos Lázaro y Max Castillo Rodríguez. Así, su palabra fue recogida en las antologías Mujer y poesía (Carpe Diem, 1997), Antología poética 51 poetas (2003-2005), La serenidad de los días (Ángeles de Papel) y La Poesía nos une-50 poetas del Perú (Carpe Diem) en el 2017.

Además, tiene sus títulos personales: Yokasta yo (Arteidea Editores, 2005); Soy otra (Sol&Niebla, 2010); Hielo Negro, un librito artesanal con ilustraciones de su hermano, el artista plástico Aldo del Valle (2014); y Músika para sordos (Fondo Editorial de Cultura Peruana), que fue presentado en la última Feria del Libro en Cusco.

Consolidación

El último libro de Patricia del Valle es Músika para sordos, que fue lanzado hace pocas semanas en el Cusco. Sin embargo, la presentación oficial en la capital se llevará a cabo la el 22 de marzo en el Instituto Peruano Norteamericano de Miraflores.

El poeta Max Castillo Rodríguez, compañero de varias correrías, estará presente en la mesa.

En Músika para sordos hallamos a una poeta profundamente sensible que se hace presente por medio de construcciones verbales embebidas de nostalgia.

Las experiencias son su fuerte y las recoge como parte de una vida que se puede expresar a la manera de los versos de Amado Nervo o de un Octavio Paz, pero sin caer jamás en la desesperanza de Sylvia Plath o Alejandra Pizarnik.