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ENTRE LA CRÍTICA Y LA POESÍA

Yo tengo la resaca

Ricardo González Vigil, conocido por su faceta de crítico literario, también ha cultivado la poesía desde muy joven. Su último libro, Poemas de amor, reúne varios versos inspirados en la relación con su esposa.

10/2/2019


Luz María Crevoisier

Periodista

“De todo lo leído y de todo lo vivido”, manifiesta al Diario Oficial El Peruano el Dr. Ricardo González Vigil, respondiendo a una pregunta nuestra –y con un pensamiento vallejiano– en relación con su última entrega, Poemas de amor (editorial Mascaypacha).

El libro, prologado por el filósofo Leopoldo Chiappo, recientemente desaparecido, bien podría denominarse también Poemas para ella, pues su esposa es la musa motivadora del más puro encuentro con el verso.

Canto a la vida

“Son dos etapas que uní. La segunda parte es una recopilación de otras ediciones en las que fluctúo entre el encuentro, el desencanto, la eterna búsqueda del objeto de mi amor”.

Como confiesa en el preludio, “casi todos mis primeros poemas fueron de amor. Desde entonces son las notas más puras, más sanguíneas de mi corazón”.

Poemas de amor nos muestra tanto el misticismo de San Juan de la Cruz o de San Francisco, el poverello de Asís, como la voz andina de César Vallejo y a ratos el encantamiento de Pablo Neruda.

Ricardo González Vigil (Lima, 1949) es miembro de número de la Academia Peruana de la Lengua y por sus trabajos literarios ha merecido el premio Peruanidad del Congreso de la República. Destacado crítico y comentarista de libros como lo fue de cine, ejerció varios años como profesor principal en la Pontificia Universidad Católica, su alma mater.

Universidad y poesía

El docente, que confiesa haberse descubierto poeta en la pubertad, fue coordinador del grupo literario CIRLE, a fines de la década de 1960, en la Facultad de Letras, en el que participaron Nicolás Yerovi, Luis La Hoz, Antonio Gonzales Martínez, Eduardo Huáraq y otros.

Aquella era una época de paralelismos y confluencias literarias como nunca se produjo antes.

“Fueron quince años de gran intensidad”, manifiesta el Dr. González Vigil. “En San Marcos actuaba Estación Reunida con José Rozas Ribeyro, en la Villarreal nacía Hora Zero. En provincias esta efervescencia se halló con los movimientos Carlos Oquendo de Amat en Puno (Omar Aramayo, José Luis Ayala, Gloria Mendoza Borda), en Iquitos nacía el grupo Bubinzana liderado por Róger Rumrrill y en la Universidad Nacional San Antonio del Cusco se encontraba la Ajeac, que fusionó las letras con las artes plásticas”.

Repasando letras

No es gratuita la influencia de poetas como los persas Omar Kayán y especialmente Hafiz en la poética de González Vigil. Su exquisita selección de lecturas literarias y poéticas confluye en su producción.

Admirador especialmente de Cervantes, seguido de Fray Luis de León, Góngora o San Juan de la Cruz, similar en sus versos a los arrobamientos terezianos cuando se desplaza por América, nos habla de la mexicana Sor Juana Inés de la Cruz.

“Para mí, de mayor calidad que Blanca Varela y Gabriela Mistral. Sin embargo, la chilena se vuelve inmortal cuando se expresa en prosa porque trasunta su alma andina”, asevera.

Después de César Vallejo, “el más grande de todos los poetas peruanos, que no tiene nada de ornamental como a veces Chocano y muchas otras Neruda”, nombra también –entre muchos– a reconocidos poetas como Germán Belli, Martín Adán, Leoncio Bueno, Enrique Verástegui”. De este último manifiesta que “ninguno de su generación ha logrado superar los Extramuros”.