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MARTES 7

de julio de 2020

COSTUMBRES

Danza de tijeras, baile de resistencia

En noviembre de 2010, la Danza de tijeras fue considerada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, importantísimo reconocimiento para el Perú que nos obliga a conocer la verdadera importancia histórica de esta danza, que todavía tiene mucho de misterio y de escondidos secretos, como su relación con el Yarqa Aspiy o Fiesta del Agua, ensayo ceremonial que se realiza en Semana Santa.

13/3/2016


Antonio Muñoz Monge PERIODISTA



Se sostiene que a la muerte de Jesucristo, se inicia una etapa de vacío de poder religioso, situación que aprovechan los danzantes de tijeras para ‘recuperar’ sus lugares sagrados, sus cementerios, waqas y que el ensayo ceremonial se realiza justamente en esta época, en esos lugares ‘símbolos’, donde los maestros, danzantes de mayor edad, ofrecen junto con sus discípulos una revisión, un balance, un examen de la danza, para cuidar y defender la tradición, la pureza de sus costumbres.



La antropóloga Lucy Núñez Rebaza escribe: “Para el mundo andino de la región Chanka, esta celebración marca el inicio del calendario anual de las fiestas tradicionales, donde participan los ejecutantes de la Danza de tijeras. Para explicar mejor el ensayo ceremonial, los danzantes dicen en quechua yachaqmanta yachacuq (aprendiendo del que sabe). Los sacerdotes católicos, por estas y otras manifestaciones de los danzantes de tijeras, les endilgaron la culpa, que tenían pacto con el diablo, prohibiendo y persiguiendo esta hermosa manifestación artística”.



Parte de este milenario arte tiene su antecedente histórico en el taki onqoy (canto y baile de la enfermedad), uno de los movimientos de mayor magnitud en la América colonial, que vinculado con el más poderoso pronunciamiento de reconquista –los incas de Vilcabamba– se inicia en Soras, Lucanas, Parinacochas (Ayacucho), para luego extenderse por el Cusco, según el historiador Luis Millones Santa Gadea.



Ese movimiento alcanzó una duración de más de diez años a partir de 1565. Sus sacerdotes predicaban un mensaje de rechazo al invasor. Además, instruían a sus seguidores en los detalles de un ceremonial que incluía cantos y bailes de éxtasis. En este entendimiento, la Danza de tijeras sigue siendo un baile de resistencia porque afirma lo nuestro como cultura e identidad y rechaza lo foráneo como dominación y dependencia cultural.



“Entonces las huacas prehispánicas se rebelaron contra España encarnándose en algunas personas, las que poseídas por los dioses, cantaron y bailaron, en un éxtasis profundo, proponiendo el regreso al antiguo orden y exigiendo a los hombres y mujeres de los ayllus no mezclarse con los españoles” (del prólogo de Rodrigo Montoya al libro Los danzaq, de Lucy Núñez Rebaza).



Este permanente contacto con las fuentes de origen ayuda aquí en Lima al valiosísimo encuentro en grandes festivales donde se afianza nuestra cultura andina, como la del jueves 24 de marzo, que se celebrará en el local Así es mi Perú, entrada de Villa El Salvador.