Tipo de cambio:

Compra: 3.315

Venta: 3.318


Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
DOMINGO 15

de setiembre de 2019

EXPERIENCIA COLOMBIANA

Ciudad de libros

¿Se puede crear un país de lectores? Colombia lo está logrando con una red de 1,400 bibliotecas en todo el país y una dinámica de compra de libros que impulsan el sector.

30/6/2016


José Vadillo Vila

TEXTO Y FOTOS

Alejandría, la chica. La Biblioteca Pública Virgilio Barco de Bogotá tiene forma de espiral. Su maqueta asemeja, en parte, al Halcón Milenario de Star Wars. Y queda en medio de un paraíso breve: la estructura, concebida por el arquitecto Rogelio Salmona, se inauguró hace 15 años en medio del parque Virgilio Barco, un par de veces más grande que el Campo de Marte de Lima, a donde se llega a pie o en bicicleta. Y estamos en plena ciudad de Bogotá, tan caótica y sacudida por el tráfico vehicular como Lima.

Un falso río se puede ver desde sus ventanales. “¡Y la sección Literatura tiene la mejor vista!”, asegura el guía Arnulfo Ariza. El piso dedicado a las finas Letras es el mejor iluminado –gracias Salmona–: se puede leer poesía, novela, teatro y cuento, y descansar la vista viendo los Cerros Occidentales de Bogotá.

Pequeña Babel

La Virgilio Barco es una de las cinco bibliotecas mayores del sistema BiblioRed, la Red Capital de Bibliotecas Públicas de Bogotá, que incluye a un total de 19 centros, entre ellas las bibliotecas locales y de barrio.

Tiene más de 93,000 títulos y cada mes se prestan alrededor de 10,000 a los residentes en la ciudad (un lector se puede llevar hasta cuatro libros a casa; textos de consulta o informativos por 8 días; y los de literatura, por 15). La gente lee y a buen ritmo.

Aquí se toma en serio eso de que la lectura empieza desde el vientre: un ala del edificio está dedicada a los niños. Incluye la “bebeteca” y cuatro promotores dan charlas a los padres para motivar la lectura antes de empezar a caminar. “La idea es leer desde que se sabe que el niño está en gestación”, cuenta el guía.

Además, en la biblioteca Virgilio Barco se ofrecen audiolibros, películas; se prestan tabletas y kindles para leer aquí su colección digital. El boom es el servicio de literatura gráfica, con cómics y juegos de roles, inaugurado hace dos meses. Es una de las áreas más dinámicas y consultadas, tanto que se analiza inyectarle más ejemplares a su colección.

Lectura, una obsesión

A diferencia del Perú, el que ve en Colombia las políticas de lectura es el Ministerio de Cultura, con una red de 1,400 bibliotecas públicas y el programa paraguas Leer es mi Cuento.

El sector Educación, por su parte, tiene las bibliotecas escolares y se preocupa por la lectura en el aula.

“En todo el territorio nacional, en cada municipio, hay una biblioteca pública y es la política prioritaria del Ministerio de Cultura en estos cerca de seis años del gobierno del presidente Juan Manuel Santos. Convertir a Colombia en un país lector no es una estrategia, es una obsesión, y a eso le dedicamos gran parte de nuestros esfuerzos y del presupuesto”, explica a El Peruano la ministra Mariana Garcés Córdoba.

Desde 2010, el Gobierno colombiano ha levantado 158 bibliotecas. Su meta es superar en 2018 las 200, “llevando el libro al hogar de todos los colombianos”.

Así, el Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio desarrolla el programa 100,000 Casas Gratis, en el que se concibe como vivienda digna a aquella que cuente con una biblioteca. Cultura trabaja con Vivienda para que estos nuevos hogares tengan una biblioteca básica de 9 libros.

Fomentar un país lector e implementar bibliotecas públicas de primera es una política en la que concuerdan el Ejecutivo y el Legislativo colombiano, lo que garantiza los recursos que permiten “importantes y significativas compras estatales para la industria editorial y la construcción de bibliotecas públicas”, dice la ministra.

Recuerda que el 37% del presupuesto de inversión de Cultura va a las bibliotecas públicas. Y una fuente importante es el impuesto al consumo que proviene de los teléfonos celulares. “Cada vez que un colombiano hace una llamada al celular, 16% va al IVA –equivalente al impuesto selectivo al consumo– y el 4% se reparte entre deporte y cultura; el 10% de ese 4% se destina a las bibliotecas”.

1.5% no es suficiente

La industria del libro representa el 1.5 % del producto bruto interno (PBI) de Colombia.

El presidente de la Cámara Colombiana del Libro (CCL), Enrique González, sostiene que “no es suficiente”. “Quisiéramos una sociedad más lectora, con una presencia del libro más viva, que se ha ido construyendo”.

Y un termómetro es la Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo), considerada la primera de su tipo en América Latina. Se realizó del 19 de abril al 2 de mayo, y su patrocinador principal fue la comuna bogotana. La realización de la Filbo es posible gracias al apoyo que los gobiernos nacional y municipal le brindan a la CCL. “Sin el apoyo del Estado, del Gobierno central, mediante el Ministerio de Cultura, y del gobierno de la ciudad, no podríamos hacer la feria, que tiene un gran costo”.

Porque hay un correlato, enfatiza González: las ediciones recientes de la Filbo “han permitido el crecimiento de lectores en niños y jóvenes”. Se ve en presencia, en la venta de libros para este nicho de mercado. “Lo que quiere decir que se hace un buen trabajo, con la dotación de libros a las bibliotecas porque por ahí se fomenta la lectura”.

Por su parte, el director de la Comisión de Ferias de la Cámara Peruana del Libro, José Carlos Alvariño, opina que el proceso colombiano de fomento de la lectura es “muy interesante” porque incluye a los sectores público y privado. Pone como ejemplo la implementación de bibliotecas públicas y las compras vitales para el sector.

“Colombia hace campañas estatales de promoción del libro y la lectura, cuyo sustento es un sistema nacional de bibliotecas, una industria editorial fuerte y un sistema de distribución mucho más potente que el peruano. El sector del libro no crece sin esas condiciones. En Lima no hay ni 100 librerías y 40 están en Miraflores; prácticamente no hay bibliotecas públicas ni políticas reales de promoción de la lectura y solo se esperan iniciativas individuales de bancos y otras instituciones. Ese es el problema”, opina.

Para la Filbo, la ciudad de Bogotá compró miles de entradas, las que regaló a los niños y jóvenes de las zonas populares para que visiten la feria. Sería una de las buenas políticas por adaptar en Lima, recalca Alvariño.

Aumento de librerías

Las librerías son una industria dinámica en Colombia. El empresario Camilo de Mendoza acaba de abrir la segunda librería Tornamesa en Bogotá. “El libro digital causó un fuerte impacto, pero en los últimos tres años el libro de papel ha empezado a repuntar en las ventas”, puntualiza. Recuerda que en Colombia los libros no pagan impuesto selectivo, pero “solo pensar en ponerles impuestos sería fatal porque los libros llegan muy costosos, y si les aplicamos el IVA, sería un golpe”.

160

librerías, entre generales, universitarias, jurídicas, esotéricas y religiosas, existen solo en Bogotá (Fuente: CCL).

La Filbo es posible gracias al apoyo del Ministerio de Cultura y la ciudad de Bogotá.