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Año de la Universalización de la Salud
LUNES 30

de marzo de 2020

YMA SUMAC

Peruana universal

Fue la diva peruana que a mediados del siglo XX asombró al mundo con un rango vocal de cinco octavas que, a decir de los entendidos, solo se ve en un ser humano una vez cada 100 años. Su nombre, Yma Sumac –transliteración del quechua ¡Qué linda!– unido a su voz y belleza, transita hoy por los territorios de la leyenda y el mito.

11/9/2016


Domingo Tamariz Lúcar Periodista



La diva nació en Cajamarca, según sus biógrafos e incluso su página web oficial, pero no hay documento que lo certifique. En cambio, en 2006 el periodista Abel Yataco mostró su partida de nacimiento hallada en el Registro Civil de la Municipalidad del Callao y, para evitar cualquier duda, estampó en internet una copia del acta; además, ese mismo año confirmó su hallazgo personalmente en una entrevista con ella, en la que confirmó que había nacido en el puerto.



Zoila Augusta Emperatriz Chávarri del Castillo –su verdadero nombre– vio la primera luz en el Callao el 13 de setiembre de 1922 en la calle Lord Cochrane número 91. Fueron sus padres Sixto Chávarri y Emilia del Castillo Atahualpa, oriundos, ellos sí, de Cajamarca.



Debido acaso a la confusión del lugar de su nacimiento, poco se sabe de su infancia. Al parecer, vivió en el Callao hasta los 5 años, edad en la que se trasladaría a Magdalena y, luego, a Cajamarca, donde cuentan que de niña trataba de imitar el canto de los pájaros. Habría sido así como inició su pasión por el canto.



Y en ese devenir, cuando tenía 13 años de edad fue descubierta –según el diario La Crónica– por un funcionario del gobierno que al escucharla en un festival realizado en Cajamarca quedó tan impresionado con su voz que no demoró en informarle al ministro de Educación de su asombro. El ministro mandó a traer a Augusta y su familia a Lima, donde se instalaron, y la niña fue matriculada en el Instituto Santa Teresa y cantó eventualmente en conciertos.



Fue en una de esas presentaciones que la escuchó Moisés Vivanco, compositor ayacuchano. Deslumbrado por su voz y belleza, le propuso incorporarse a su grupo (Compañía Peruana del Arte) con el nombre artístico de Yma Sumac y guiarla en su carrera, como mánager y compositor.



En 1942, Yma hizo su primer viaje internacional. En Buenos Aires debutó en Radio Belgrano, con una espectacular acogida del público. Entusiasmados por el éxito, ese mismo año el mánager y la cantante decidieron casarse.



Luego viajaron a Chile, Brasil y México, donde se disolvió la compañía y los esposos partieron en busca de la gloria artística a Estados Unidos. En Nueva York, con la prima de Vivanco, Cholita Rivero, formaron el Trío Inka Taki y se presentaron en night clubs, radios y programas de televisión, pero sin el éxito esperado. La situación se tornó difícil; Yma quedó embarazada y para subsistir decidieron dedicarse por un tiempo al comercio del atún.



Luego del nacimiento de su primer y único hijo, Papuchka, en 1949, la suerte empezó a favorecerlos. Yma logró un contrato personal con la discográfica Capitol Records. El trío se disolvió y la pareja viajó a Hollywood, donde alcanzó un éxito que rayó en lo apoteósico. Los discos de Yma invadieron el mercado y batieron todos los récords de venta.



Fue la etapa en que se tejieron fantásticas historias sobre su origen –“nací hace dos mil años, pero aún estoy joven”– que dejaban maravillados a los gringos. En esa década trabajó para el cine estadounidense –llegó incluso a actuar al lado de Charlton Heston, una de sus grandes celebridades–. En 1957 se divorció de Vivanco, pero dos años después se volvieron a casar.



En 1961, cuando su fama empezó a declinar, viajó a la URSS invitada por el mismísimo Nikita Kruschev. En Moscú alcanzó gran popularidad; incluso grabó un disco, secundada por la Orquesta Sinfónica del Teatro Bolshói. Recorrió Europa, Asia y América, y al retornar a Los Ángeles se separó definitivamente de Vivanco, quien viajó a España.



A mediados de la década de 1970 volvió al Perú, y en los 80 retomó su actividad artística, presentándose en teatros e incluso en la televisión. En los 90, resentida ya por el peso de los años, sus apariciones se hicieron cada vez más esporádicas.



En 2006, por iniciativa del crítico Miguel Molinari, retornó al Perú para recibir el reconocimiento de su país –que, inexplicablemente, le dio las espaldas en su hora de gloria–. Fue entonces condecorada con la Orden El Sol del Perú, además de otras distinciones.



Su luz se apagó dos años después, el 1 de noviembre de 2008, en Los Ángeles. Una estrella con su nombre en el Paseo de la Fama de Hollywood perpetúa su memoria.



Se tejieron fantásticas historias sobre su origen que dejaban maravillados a los gringos.