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Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
JUEVES 14

de noviembre de 2019

MAURICIO FERNANDINI. CONDUCTOR

“Qué pena aquel que no rompe su rutina”

Mauricio reflexiona sobre sus nuevas pasiones en la vida y se declara un comprometido con el rescate de nuestras tradiciones; además, conversa sobre su regreso a los micrófonos.

10/2/2019


Cecilia Fernández Siivori

mfernandez@editoraperu.com.pe

Luego de una pausa de dos años, Mauricio Fernandini volvió a tener contacto con el público, pero no para desafiar a los cocineros peruanos a preparar platos con “20 lucas”, sino con el formato radial del espacio Encendidos de RPP, de lunes a viernes, desde las diez de la mañana.

Este retorno nos trae a un Mauricio en una etapa diferente y con intereses diversos que lo alejan de la pantalla chica para batirse en el dial.

–¿Regresas después de cuánto tiempo?

–Después de dos años. Lo último que hice fue 20 lucas, que duró diez años en pantalla. Aunque muchos me recuerdan al frente de un programa gastronómico, lo cierto es que la fuerza la ponían las crónicas urbanas. Ahí descubrí estos personajes maravillosos que estaban en la calle, conversé con ellos y dejé que me sorprendieran con sus historias. Para mí fue una suerte de complicidad entre la gastronomía y la crónica urbana.

–¿A qué se debió esa para, te embarcaste en otro proyecto?

–La para se debió a que ese formato lo diseñé e inventé para que tuviera un máximo de vida de dos años para exponer a un cocinero por semana. Fue prolongándose porque gustó. Es una etapa que recuerdo con inmensa alegría y que no terminaba nunca porque surgían nuevos cocineros como la vida misma. Entonces decidí cortarlo porque quería hacer otros proyectos en mi vida.

–¿Vinculados a otros espacios como la danza?

–Hacer el programa me demandaba todo el tiempo que tenía. No me quedaba espacio literalmente para nada más. Entonces, me propuse ofrecer un festival en el que se bailara y se integrara a todos, pero por medio de nuestras tradiciones; así nació el Imperio de los Pañuelos. Era un poco celebrar el orgullo de los peruanos mediante nuestro folclor. Soy un cultor de marinera, pero también hay mucha gente que hace estupendas presentaciones de morenadas, caporales, tuntuna y tantas otras danzas… aunque estamos todos dispersos en la ciudad, cada quien en sus micromundos.

–¿Vas a seguir impulsando eso?

–Claro. La primera edición fue en octubre del año pasado, y este año la repito. Lo he asumido como un compromiso. Creo que lo más pleno que tienes es tu voluntad y con ella vas venciendo barreras por más alta que sea la valla. Este amor por la marinera se lo agradezco a mis padres, que tuvieron la sabiduría de incentivarme. Lo dejé cuando entré a la TV, pero luego lo retomé y esa pasión comenzó a desplazar todo. Se volvió un trabajo. Ahora los conciertos que hago con Eva, donde bailo marinera, son los más felices; y lo mejor de todo, es remunerado.

–¿Es tu pasión?

–Cuando hay concierto creo que duermo una noche antes en el teatro con mi poncho planchado. Cuando uno se entrega a las cosas con pasión, sin ese cálculo de si son o no rentables, termina dándote una retribución especial. Todo es perfecto. Nunca quiero salir del escenario. Tienen que traer un caterpillar y sacarme.

–Y ahora regresas a la conducción, vuelves en un momento digital.

–Que favorece a la radio en su esencia. Siento que la radio demanda de una sensibilidad adicional. Estás desprovisto del lenguaje corporal. Si bien me siento orgulloso de haber pasado por una TV rigurosa, no como ahora que estamos en la era del morbo primario, creo que mi deseo de volver al periodismo se ha dado con una sincronización maravillosa mediante la radio. Presentaremos un programa de valor agregado, que empodere a los oyentes, que haga entender al público que conocer lo que sucede a diario lo hará capaz de tomar buenas decisiones.

–¿El objetivo es ser feliz?

–Y no vivir todo tan literalmente porque morimos. Qué pena aquel que no rompe su rutina a veces, que no se da licencias, que no vence miedos. No puedo ir por la vida tan programado. Soy responsable, pero tiene siempre que asomar la alegría, reírte de ti mismo, de tus errores, de tus defectos.