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El abrazo de la solidaridad

De la teoría a la práctica, esa vocación de servicio se tradujo recientemente en apoyo directo para comunidades afectadas por El Niño Costero, en el norte del Perú, y para las familias expuestas a las heladas.

27/4/2019


En la historia universal, la guerra ha tenido siempre el misterioso don de convocar las facetas más perversas del hombre. Y, sin embargo, ha generado también la oportunidad para que afloren la compasión, la solidaridad, la esperanza.

El 24 de junio de 1859 se libró en Solferino, norte de Italia, una de las batallas más cruentas de Europa previa a la segunda revolución industrial. Tras nueve horas de combate entre tropas austríacas y ejércitos de Francia y el reino de Cerdeña, 6,000 cadáveres yacían en el campo de batalla y 23,000 heridos clamaban lastimosamente por ayuda. Uno de los testigos de esa masacre fue Henry Dunant, el comerciante suizo que organizó con lo que pudo a la población local para socorrer a los sobrevivientes y mutilados, sin importar la bandera que los había llevado hasta ese trance lamentable.

El esfuerzo de Dunant y todos los voluntarios que participaron en esa cruzada de urgencia y humanidad, principalmente mujeres jóvenes, marcó el nacimiento de la Cruz Roja.

En el caso del Perú, el comité local de la Cruz Roja surge también en el contexto de un conflicto –la Guerra del Pacífico–, vinculado con personajes con un lugar especial en los libros de historia y en la memoria urbana, que ha bautizado con sus nombres a una serie de calles, instituciones y locales públicos: Daniel Alcides Carrión, José Casimiro Ulloa y José Antonio Roca y Boloña.

Desde aquel abril de 1879, cuando médicos y voluntarios organizaron las ambulancias civiles de la Cruz Roja para ayudar a los heridos sin distinción de bando, han transcurrido ya 140 años de una labor encomiable que se distingue también por su carácter silencioso. En el fondo, el abrazo de la solidaridad no necesita de anuncios publicitarios, pero sí recibe con beneplácito el apoyo de quienes desean sumarse a la causa.

Hoy, por su inspiración humanitaria, la Cruz Roja no limita su labor a los escenarios de conflicto armado, sino que proyecta la acción de sus voluntarios a todo lugar donde exista una población en situación vulnerable. “La Cruz Roja Peruana, como parte del Movimiento Internacional de Cruz Roja y Media Luna Roja, se dedica a auxiliar a víctimas de guerras o conflictos, a las personas afectadas por grandes desastres naturales y a las víctimas en situaciones de emergencia masiva, en nuestro país y en el mundo entero”, explica la institución.

De la teoría a la práctica, esa vocación de servicio se tradujo recientemente en apoyo directo para comunidades afectadas por el Fenómeno El Niño Costero, en el norte del Perú, y para las familias expuestas a las heladas en las zonas altoandinas, complementando así la atención de emergencia y reconstrucción que impulsó el Estado.

Con neutralidad e independencia, los voluntarios del movimiento han hecho del principio de humanidad un credo propio que bien podría motivar y movilizar al resto de la población para superar los dramas elementales de la gente y aliviar el sufrimiento en todas las circunstancias. Las causas del hombre no tienen color político y, en consecuencia, son prioridad de la Cruz Roja. Enhorabuena.