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PUNTOS DE VISTA

Las damas de la linterna

El 12 de mayo de cada año se celebra el Día Internacional de la Enfermería, oportunidad en la que se recuerda el importante papel que desarrollan estos profesionales en favor de la sociedad, y para rendir homenaje a Florence Nightingale, considerada madre de la enfermería moderna, quien dedicó su vida a atender a los abandonados de la Tierra, a los ancianos y enfermos, como si se tratara de una madre.

11/5/2019


José Vargas Sifuentes

Periodista

La fecha fue establecida en 1965 y recuerda el aniversario del nacimiento de la enfermera inglesa el 12 de mayo de 1820 en Florencia –de ahí su nombre– y cuya labor en la Guerra de Crimea (1853-1856) es reconocida en todo el mundo, pues con su accionar salvó miles de vidas (la Guerra de Crimea enfrentó al Imperio ruso con el Imperio otomano respaldado por Francia e Inglaterra).

Florence, hija de una familia de la nobleza inglesa, se había dedicado a la enfermería a pesar de la oposición de su familia y de la sociedad de entonces. Al enterarse de las terribles condiciones de los heridos en el conflicto, decidió organizar un equipo de 38 enfermeras voluntarias, al que entrenó personalmente.

El 21 de octubre de 1854, las enfermeras, las primeras mujeres en ser aceptadas en el Ejército inglés, partieron hacia Scutari, en Turquía, base de operaciones británica.

Allí encontraron que los soldados heridos recibían tratamientos inadecuados y en pésimas condiciones higiénicas. Hasta antes de su llegada, fallecían diez veces más soldados de enfermedades infecciosas que de heridas adquiridas en el campo de batalla. Ellas se encargaron de limpiar el lugar, atender a los heridos y dirigir la preparación de los alimentos. Así redujeron de 42% a 2% el número de muertos.

Florence realizaba rondas nocturnas con una lámpara para atender a sus pacientes en la base hospitalaria inglesa, por lo que el diario Times, en su edición del 8 de febrero de 1855, la llamó el Ángel Guardián de los heridos; sin embargo, el mundo empezó a conocerla como la Dama de la Linterna.

Florence Nightingale dedicó su vida a asistir a los enfermos, creando algunas de las prácticas y técnicas que se utilizan hasta hoy y que facilitaron el avance de esta disciplina, haciendo incontables aportes a la educación de los futuros enfermeros mediante la creación de instituciones formativas y el establecimiento de políticas de asistencia sanitaria que permitieron reformar el sistema sanitario en todo el mundo.

Su trabajo inspiró a Henri Dunant para fundar la Cruz Roja, y le mereció recibir la Real Cruz Roja que le otorgó la reina Victoria en 1883. En 1907 se convirtió en la primera mujer en recibir la Orden de Mérito del Reino Unido y recibir las Llaves de la Ciudad de Londres en 1908. Dos años después, el 13 de agosto de 1910, falleció a los 90 años.

Ella dejó sentadas las bases de la profesionalización de la enfermería al establecer, en 1860, su escuela de enfermería en el hospital Saint Thomas de Londres, actual integrante del King’s College de Londres y del Servicio Nacional de Salud (NHS).

Por (feliz) coincidencia, este año la conmemoración recae en la misma fecha en la que se celebra el Día de la Madre, en el que rendimos homenaje a la mujer que nos trajo al mundo y que en todo momento vela por nosotros, como lo hacen las enfermeras.

Quienes alguna vez estuvimos internados en un centro asistencial, sabemos que se trata de una experiencia angustiante si no fuera porque tenemos al lado a una persona que alivia nuestros temores, nos reconforta, y cuando creemos que todo está perdido, nos da fuerzas para salir adelante.

Una enfermera es, de hecho, una persona especial, capacitada para atender y cuidar de los enfermos en todo momento y con la que establecemos un lazo casi familiar por el tiempo que pasa a nuestro lado.

Pocos reparan en su capacidad para atender a pacientes con males diversos, brindarles atención diferenciada y darles esa cuota de fe y esperanza que los ayude a enfrentar la enfermedad que los aqueja.

El trabajo que asumen es fatigante, nunca bien compensado y muchas veces no reconocido, pese a que sin ellas el sistema de salud simplemente no funcionaría. Son las heroínas anónimas, a las que debemos tanto, y cuya labor pasa desapercibida a menudo.

La próxima vez que conozcamos a una enfermera, reconozcamos en ella el legado de Florence Nightingale y la abnegación que ponen en nosotros cuando las necesitamos. Quizás ellas no lo esperen, pero nos lo agradecerán.