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INSPIRACIONES

El festival de Vivanco

Cuando tenía aproximadamente 20 años, por invitación de mi gran amigo Fred Rohner, asistí por primera vez a una pequeña casa en Miraflores (en la parte antigua del distrito), donde los viernes se hacía música, pero a la usanza de los antiguos centros musicales, no se permitía el ingreso a desconocidos.

12/5/2019


Sergio Salas

Abogado, Músico criollo

Solo se podía entrar con invitación de alguno de los concurrentes habituales. Como fui con Fred no hubo problema. En ese momento conocí al dueño de casa, Oswaldo Andrade, y también el nombre que le habían dado a la misma: La Capilla.

Yo ya tocaba algo de guitarra y me gustaban los valses antiguos y las marineras de Lima, por lo que rápidamente hice amistad con varios señores que me llevaban por lo menos 40 años de diferencia. De repente “caían” más y más personas. Parecía que todos sabían de este lugar, menos yo.

Una de esas noches llegó don César Vivanco. Todos lo abrazaban y le decían “maestro”. No soy partidario de que le digan “maestro” a personas que aún no logran tener esa categoría, pero en el caso de don César tiene ganada justa y perfectamente esta denominación. Esa noche, después de conversar un poco, y ya con la alegría que da el estar con buenos amigos, más aún si son musicales, don César abrió el pequeño maletín que había llevado consigo y sacó de él una flauta traversa. Ahí me enteré de que fue durante muchos años la primera flauta en la Orquesta Sinfónica Nacional.

¡Qué les puedo contar! Lo que siguió fue algo impresionante, con una facilidad única interpretó en ese pequeño espacio valses tradicionales como “Idolatría” y “Rosa Elvira”. Fue un jaranón. Yo solamente veía, no me atrevía a intervenir. Siempre he sido muy respetuoso de lo que los mayores hacían y consideraba que viendo y escuchando, aprendía. Recuerdo con cariño la guitarra de los señores Emilio Romero (a quien le pesqué una forma de terminar los valses), el cajón de Antonio Perazzo, a quien le decíamos Pichín, la voz de Carlos Villalta y a don César, acompañando con su flauta.

Con el correr de los años tuve la fortuna de compartir con él varias reuniones ya en otros ambientes y gozar de su caballerosidad y su maestría en la ejecución del instrumento. César Vivanco vive de y por la flauta traversa y es tanta su pasión por ella y por la música peruana que su convicción lo ha llevado a triunfar con esta.

Quiero hacer aquí un paréntesis. Muchas veces he dicho que los músicos criollos nos parecemos a los deportistas, porque en este país si no es el fútbol, rara vez se hace caso a los demás deportes. Igual somos los criollos. Ahora imagínense un criollo cuyo instrumento no es el cajón ni la guitarra sino la flauta. ¿Suena más difícil, no? Pero don César es una prueba viviente que quien cree firmemente en algo y trabaja seria y profesionalmente logra los objetivos propuestos.

Tanto es así que desde hace muchos años organiza anualmente el Festival Internacional de Flautistas que convoca a los mejores, los clásicos y los populares, aquí en Lima. Así como lo leen, los mejores flautistas del mundo vienen cada año por gestión de don César para que los afortunados que conocen de este movimiento puedan verlos y escucharlos.

Es una oportunidad única que no nos podemos perder. ¿Y adivinen qué? El festival de este año (que es el número 34) irá del lunes 20 al viernes 24 de mayo. ¿Se acuerdan de que en una columna anterior proponía hacer espectáculos en lugares turísticos? Bueno, la presentación del lunes 20 a las 8 p. m. será en la iglesia San Francisco de Asís en Barranco; la del martes, miércoles y jueves a las 7 de la noche en la Universidad Nacional de Música en el jirón Carabaya 421 en Lima; y la del viernes a las 7 p.m. en el salón general de la Universidad de San Marcos en la casona del Parque Universitario. Vienen artistas de Taiwán, Suiza, Argentina, Estados Unidos, Chile, Brasil, Japón, Puerto Rico, y por supuesto Perú. La entrada es libre y la capacidad limitada.

¿Han escuchado alguna vez la expresión del amor al arte? He aquí una prueba indiscutible de ello y queda a los que tenemos la posibilidad de llegar a un público como ustedes, queridos lectores, darles a conocer estos espectáculos a los que vale la pena asistir.

Después de escuchar la flauta de César Vivanco, estoy seguro de que más de un niño querrá aprender a tocar el instrumento y ahí se habrá sembrado la semilla de la continuidad. Desde esta columna le deseamos muchos éxitos para la realización de este festival y para los que vendrán en los próximos años.