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Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
SÁBADO 19

de octubre de 2019

APROXIMACIONES

Los cien años de la OIT

20/5/2019


Carmen Meza Ingar

Abogada, periodista y catedrática

En 1919, terminada la primera Guerra Mundial, se firmó el Tratado de Paz de Versalles, entre cuyos acuerdos figuró el de instalar la Organización Internacional de Trabajo (OIT) tripartita, es decir, con representación del Estado, los trabajadores y la patronal, como había propuesto León XIII, en su encíclica Rerum Novarum, de la cuestión social, en 1891.

Y es verdad que, en toda sociedad, el “trabajo” ocupa el centro de la cuestión social. La Constitución Peruana de 1993, en su artículo 22º, dice que el trabajo es un deber y un derecho. La Carta Política Peruana reconoce que el trabajo es la base del bienestar social y un medio de realización plena de la persona. Es verdad que el trabajo humano, en esta época de modernidad, presenta muchas formas con la ayuda de la cibernética y que, a veces, hay trabajadores que no se desplazan a los centros laborales. También se ha dado gran difusión a los trabajadores a domicilio, como modistas, diseñadores, bordadores, que en el Perú han existido hace varios siglos si recordamos que Santa Rosa, su madre y sus hermanas, bordaban en su casa mantelería y ropa fina.

Pero en nuestros días la producción multinacional nos ha mostrado cómo en los países desarrollados planifican, por ejemplo, automóviles o pianos, los fabrican o unen las piezas, según el caso, en otras latitudes, según el costo de la mano de obra; y las empresas, generalmente, comercializan los productos con la banca internacional.

La historia nos ha mostrado trabajos inhumanos que, sensiblemente continúan desarrollándose en muchos lugares. Por eso se estudia la calidad del trabajo, recordando en estos días los extremos a los que llegaban las reclamaciones, por ejemplo con el episodio de los mártires de Chicago, en cuyo honor se celebra en el mundo el Día del Trabajo.

Desde los días iniciales de la OIT, el Perú ha ratificado todos sus convenios y, en consecuencia, desde la década de 1920 legalmente se reconocen los horarios del trabajo de la mujer y de los menores de edad que cuenten con permiso oficial.

Todos sabemos que los objetivos de las normas son siempre favorables a la población, sin embargo, el problema es saber si es factible o no el debido cumplimiento de la ley. Si revisamos cuántos inspectores de trabajo laboran en el ministerio del ramo, pensaríamos que el horario normal no les alcanzará para llegar a todos los centros de trabajo. Y, profundizando algo, tendríamos que estudiar nuestra geografía y reflexionar sobre la posibilidad de que las leyes sobre los derechos laborales sean conocidas, estudiadas y difundidas con propiedad.

Las nuevas generaciones del mundo entero se encuentran con una seria preocupación, la referida a la incorporación de los jóvenes al mundo del trabajo.