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En defensa del patrimonio

Hace unas semanas, el Perú fue elegido uno de los vicepresidentes del buró del Comité Subsidiario de la Convención de la Unesco de 1970. Nuestro país es el representante de América Latina para este ente, en el que se aborda medidas que prohíben y previenen la importación, exportación y transferencia ilícitas de bienes culturales. El encargo no es menor porque el Estado peruano es uno de los países más activos en materia de recuperación de bienes culturales extraídos ilícitamente de su territorio.

16/6/2019


Cada cierto tiempo se lee en las noticias sobre la repatriación de lotes de piezas pertenecientes a nuestro legado histórico. Gracias a un trabajo coordinado entre la Cancillería y el Ministerio de Cultura se hace seguimiento a numerosos objetos de épocas preincaicas, incaica, colonial y de los primeros años de la República. El Estado peruano se apoya en herramientas jurídicas como la Convención de la Unesco de 1970, para conseguir repatriarlos.

Este acuerdo se adoptó en un contexto en el que el expolio cultural a los países pobres se encontraba en aumento. El Perú, cuna de civilizaciones tan importantes como Caral –considerada la más antigua de América– o la incaica –forjadora de un imperio de grandes escalas–, ha sufrido constantemente la pérdida del patrimonio originario.

Un caso emblemático fue el de Machu Picchu, que duró más de 90 años. En esa oportunidad, la Universidad de Yale retuvo lo hallado por Hiram Bingham en sus expediciones al santuario incaico. La devolución se produjo después de un largo proceso que terminó con un acuerdo entre ambas partes.

Sin embargo, el mercado informal de material patrimonial es sumamente versátil. Coleccionistas con poca ética no dudan en pagar por tejidos paracas, huacos retratos mochicas o piezas de orfebrería chimú. Incluso se ha encontrado en el Perú a viajeros que transportan objetos de otros continentes, usando nuestro territorio como puente. Grandes sumas de dinero se mueven en este ilegal negocio.

El daño que produce este comercio es la pérdida de la memoria de la historia. Una cerámica desenterrada subrepticiamente y extraída del país deja un vacío imposible de reparar. Con esta práctica se pierde, además del bien físico, valiosa información. Nunca más se conocerán datos como el lugar en el que se encontró tal pieza o el contexto que la rodeaba.

Por eso, es fundamental que el Perú ingrese a formar parte del buró del Comité Subsidiario de la Convención de Unesco de 1970. Desde el cargo de vicepresidente, el país puede hacer saber las necesidades particulares con las que nos enfrentamos y buscarle una solución de manera institucionalizada, así como de la región. Son varias las naciones que han suscrito este acuerdo. El marco legal para conseguir mayor control en el tráfico internacional de bienes culturales y las eventuales repatriaciones proviene mayormente de allí.

Con este trascendental compromiso, el Perú ratifica su intención de combatir el tráfico ilícito de bienes culturales en el mundo.

El Perú, desde la vicepresidencia del buró del Comité Subsidiario de la Convención de la Unesco de 1970, podrá velar por los intereses del país. Nuestra nación combate activamente el tráfico del patrimonio cultural.