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EXPERIENCIAS

#Ines no corre sola

Esto es un claro mensaje para el cine: somos peruanos y queremos ver productos peruanos.

16/6/2019


Sergio Salas

Abogado, Músico criollo

Hace un año tuve la oportunidad de ver en el Festival de Cine de Lima el documental Prueba de fondo y salí tan emocionado que inmediatamente escribí un artículo para este diario. Luego solo quedaba rezar para que la cinta pudiera ver la luz en el cine comercial y con eso darles la oportunidad a más personas de conocer lo difícil, sacrificada y rigurosa que es la vida de una atleta de élite en el Perú. 

La protagonista del documental es Inés Melchor y para ello los directores Christian Acuña y Óscar Bermeo, junto con el resto del equipo de producción, la acompañaron durante más de tres años en la etapa en la que se preparaba para participar en los Juegos Olímpicos de Río 2016. Incluso viajaron con ella a esas olimpiadas, con el fin de registrarlo todo en video.

Es parte de la carrera de un deportista lidiar con las lesiones y en esos juegos Inés tuvo que enfrentar una que la obligó a salir de la competencia. Yo estaba en la tribuna del Sambódromo de Río cuando Christian, amigo mío desde la universidad, me dio la noticia, y fue un baldazo de agua fría. Sin embargo, la atleta de élite está preparada no solo física, sino también mentalmente; así, Inés se sobrepuso paulatinamente y pronto la tuvimos otra vez en las pistas, representando al Perú, ese Perú que no siempre es grato con sus atletas.

El documental, con una fotografía de primer nivel, nos lleva a Huancayo y nos permite conocer lugares que a veces pensamos lejanos y que en realidad son parte de nuestro país. La niñez peruana tiene un ejemplo en atletas locales como Inés y la participación de dos jóvenes promesas del deporte, como lo son las hermanas Lucero y Deysi Chocca, es esperanzadora para un futuro muy próximo.

Igual de destacable es la participación del atleta olímpico Miguel Mallqui, quien llevó los colores del Perú en la Olimpiada de Atlanta 1996 y que nos cuenta cómo el deporte le cambió la vida y lo hizo superarse como persona. Todas estas vivencias verdaderamente emocionantes merecían ser disfrutadas por el público.

El 6 de junio se estrenó el documental en Lima y solo le dieron dos salas. Solo dos. Los estrenos salen los jueves, y si en la primera semana no tiene asistentes, el cine lo saca de cartelera. Por eso es tan importante ir ese primer fin de semana. En este caso, el horario que le dieron a la película fue suicida. Era prácticamente imposible que las personas pudiéramos ir en esos horarios de matiné un jueves o viernes. Parecía que habían programado la cinta en ese horario a propósito. Esto no solo incomodó a los involucrados, sino que también despertó, entre los que amamos el deporte peruano y apoyamos incondicionalmente a nuestros deportistas, una impotencia por decirle a las cadenas de cines: ¡Oigan, no todo es plata!

Hace unos meses escribí en esta columna sobre la responsabilidad social de los medios de comunicación, y es que toda empresa debería estar comprometida no solo con sus dividendos, sino también con hacer algo por la sociedad, para mejorarla, para hacerla más humana. Los cines tenían en esta cinta la oportunidad de acercar a su público con algo netamente peruano y a la vez entretenido y cultural; y la desperdiciaron.

Sin embargo, la voz del pueblo es la voz de Dios, y lo sucedido hizo que el sábado (yo estuve presente) la sala se llenara por completo, y tal como sucedió en el Festival de Cine de Lima el año pasado, al terminar la cinta el público aplaudió, como si se tratara de una obra de teatro. El domingo jugaba la selección de fútbol, pero la sala nuevamente se llenó. Esto fue un claro mensaje para el cine: “Somos peruanos y queremos ver productos peruanos y conocer a quienes nos representan. Dennos esa oportunidad”.

Hay muchos peruanos que se sienten representados por Inés (entre ellos yo), y quisiéramos tener al menos el 10% de la disciplina que ella ha tenido durante su dilatada carrera profesional. Su historia es inspiradora, motiva a superarse, toca las fibras del sentimiento y lo deja a uno orgulloso de ser peruano.

El camino en el deporte, al igual que en el arte, no es fácil. Es cuesta arriba, y cuando las puertas se cierran, uno mismo tiene que buscar cómo abrir otras. Ese es el verdadero espíritu de superación. Me quedo con una frase del soundtrack cantado por el excelente dúo Alejandro y María Laura que me dejó pensando: “Sé que cuando gane el oro todos me van a querer, y cuando llegue segunda voy a desaparecer”. Gracias, Inés, por los logros y por inspirarnos a ser mejores peruanos.