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EXPERIENCIAS

Criollazo... de vuelta a Chile

El año pasado me llegó una invitación de la embajada peruana en Santiago de Chile para viajar al vecino país y participar en una conferencia musical a la que se denominó Criollazo.

7/7/2019


Sergio Salas

Abogado, Músico criollo

La embajada peruana en Chile, por medio de su embajador y su agregado cultural, buscaba llevar la música peruana y demostrar al pueblo chileno las enormes semejanzas que existen en el folclor de ambos países. La idea desde el principio me cautivó y acepté participar, más aún cuando supe que los otros invitados eran el profesor y gran amigo mío Fred Rohner, hoy por hoy uno de los más dedicados estudiosos de nuestra canción popular, y el profesor Juan Pablo González, uno de los musicólogos más reconocidos e importantes en América Latina.

El evento se desarrolló en la Universidad de Santiago de Chile, y pese a que fue un día de semana, el auditorio estuvo bastante concurrido. Durante la hora que estuvimos en el escenario pudimos acercar al público por medio de las semejanzas que existían entre la música de ambos países. Recordemos que antiguamente la música viajaba de ida y vuelta a lo largo de los territorios, por eso no es raro escuchar en otras partes de América Latina canciones que nosotros conocemos en otro género o con alguna ligera variación en la letra.

Encuentro que entre Chile y el Perú hay una marcada semejanza en un ritmo en particular: la cueca. Si uno se detiene a escuchar una cueca, inmediatamente percibirá lo parecido que es a la marinera de Lima. Anteriormente les he contado que aquí mismo en el Perú, a la zamacueca (nombre anterior de la marinera de Lima) se le llamó chilena durante un período hasta que finalmente adoptó el nombre de marinera en honor a la Marina de Guerra del Perú. Sin embargo, hay algunas diferencias que se insertaron en cada uno de los territorios y es justamente lo que nos permite dilucidar cuándo es marinera y cuándo es una cueca.

Regresando al día del evento, puedo dar fe de que en Chile hay un movimiento enorme de gente que quiere aprender la música criolla del Perú, y este está integrado por jóvenes con un entusiasmo que pocas veces he visto. Buscan los valses no comerciales, aquellos que son más rebuscados, esos valses con los que jaraneamos los criollos cuando estamos entre amigos.

La recepción que tuvimos no pudo ser mejor, y el cariño de la gente de Chile por nosotros y por nuestro trabajo lo sentimos sincero, lo que hizo que dejáramos todo en el escenario. Al terminar el evento y regresar a Lima, a mis obligaciones diarias, me quedé pensando en que era la primera vez que salía del país para tocar música criolla, esa música que tanto quiero y por la que trabajo todos los días. Pensé también en el tesón que puso la Embajada del Perú en Santiago para tomarse el trabajo de ubicarme y organizar el traslado internacional solo con el fin de dar a conocer más de nuestra música en ese país. No sé a ciencia cierta si las demás embajadas peruanas en el mundo hacen esto también, pero es un trabajo digno de imitarse porque nuestra música (nuestra cultura en general) merece conocerse, pues el que la conoce queda enamorado de ella.

Creo que las oportunidades se presentan una sola vez en la vida; por eso pensé que esa linda experiencia no volvería a repetirse. Pero me equivoqué porque este año volvieron a contactarme, lo que fue una gran sorpresa que me llenó de alegría y satisfacción.

Cuando tengo la oportunidad de estar fuera del país siento que represento a mi patria y debo dejarla siempre en alto. Así que acepté de inmediato. El 17 de julio, organizado por la embajada del Perú en nuestro país vecino, se realizará la segunda edición de Criollazo en las instalaciones de la Universidad de Chile. Y si la vez anterior nos centramos en mostrar los valses y marineras de Lima, esta vez nos abocaremos a mostrar el repertorio criollo y los distintos ritmos que se cultivan en todo el país, como el tondero, la danza, la marinera norteña, la polca, el festejo, las décimas, entre otros.

El Perú es tan rico en música que este tipo de eventos culturales debería reproducirse en nuestras embajadas en todo el mundo. Mientras tanto, mi voz y mi guitarra se escucharán en Santiago de Chile y como orgulloso representante de mi país diré: Tengo el orgullo de ser peruano y soy feliz. Muy feliz.